¿Puede un conflicto armado interno reducirse al conocimiento de los bandos en pugna y a las víctimas directas? ¿A los testimonios de unos y otros? Es obvio que no.

Mildred Hernández

Mostrar otro rostro del conflicto —el de quienes más que partícipes directos fueron espectadores— es el objetivo que en buena medida se plantea Mónica Albizúrez en su novela Ita, finalista del certamen BAM Letras 2017 y publicada por F&G editores en febrero de 2018.

Desde su perspectiva femenina, en breves instantáneas que se mueven entre el presente y el pasado, Ita narra momentos en los que una vida individual converge con la fragmentada historia guatemalteca. Así como la protagonista en cierta etapa, algunos de los personajes naturalizan la violencia de los años de la guerra interna y asumen una actitud defensiva de indiferencia, de manera que se sienten ajenos al conflicto, a sus causas y a sus consecuencias. No obstante, quienes, como el personaje central de la novela de Albizúrez, vivimos en esa Guatemala urbana de las décadas de los 70 y 80 siendo niñas y adolescentes percibimos que uno de los mayores logros del texto es la recreación de la atmósfera normalizada de miedo y de la desintegración de la vida cotidiana que se vivían entonces. Imbuirse en las páginas del libro es transitar por un ambiente de tonos grises densos, difíciles, disfuncionales, duros, de una sordidez que no acaba de consolidarse porque se queda a medias como la clase media que ejemplifica. Allí los hechos se desarrollan en una calma tensa, en solo decir lo políticamente correcto, en dejar de involucrarse en acciones que pudieran parecer, siquiera, objeto de sospecha. Los personajes renuncian a sus sueños, a lo que son. Dejan de expresarse incluso a través del arte, tal como sucede con la madre de la protagonista, quien, siendo pintora, en un extremo de pánico inconfesable censura su propia obra.

La clase media que nos presenta la autora es la que ve la realidad de soslayo, esa que en términos generales trata con desprecio a quienes no considera sus iguales, a quienes ignora y margina metiéndose a sí misma en una suerte de burbuja surrealista. En ese lugar todos comparten el mismo espacio y, sin embargo, no se ven ni se tocan salvo en inevitables ocasiones. Saben que los otros están allí, que tienen su propia historia: distinta, ajena, marcada por una serie de diferencias sociales, políticas y económicas. Estas, al final, se resquebrajan cuando los personajes, sin distinción de ningún tipo, convergen en la plaza central en 2015 para manifestar su repudio en contra de la corrupción. Pasada la euforia, poco después, cada uno retorna a ocupar su lugar como si nada hubiera pasado ni cambiado.

Otro recurso que utiliza Albizúrez para evidenciar las secuelas del dolor en la población es la enfermedad de Ita, la protagonista: fibromialgia. A Ita esta dolencia la incapacita para llevar una existencia acorde con sus capacidades intelectuales. Debe recluirse, limitarse para soportar el peso de su cuerpo, que se resiente al menor movimiento. Los demás no lo ven, no lo perciben, pero Ita siente el dolor que la quiebra por dentro, que le impide moverse, acercarse a lo que podría ser una vida plena. La enfermedad constituye, entonces, la metáfora de lo que sucedió con las generaciones que vivimos el conflicto armado interno. Es el dolor que no se ve, que se siente, que nos impide reconstruirnos y curar nuestras heridas, porque, aunque no podamos explicarlo, aunque ignoremos sus causas, aunque tratemos de autoengañarnos, nuestro presente es consecuencia de ese pasado que aún nos duele, nos oprime y nos reprime. En este sentido, la novela Ita es un acercamiento a esa otra Guatemala que, por no haberse involucrado directamente en el conflicto armado interno, ha sido invisibilizada y carga también con el horror a pesar de ello.

La novela destaca, además, por su estructura precisa y puntual, por el certero manejo del lenguaje, por la recreación de esa envolvente atmósfera gris que nos sitúa en un espacio y un tiempo determinados. Estos elementos, entre otros, la colocan sin duda como un referente insoslayable de nuestra literatura actual.

Fuente: [https://www.plazapublica.com.gt/content/ita-una-realidad-insoslayable]

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Mónica Albizúrez

Abogada. Doctora en Literatura. Imparte clases de literatura y español. Vive en Hamburgo, Alemania.
Mónica Albizúrez

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