Justicia avanza con el caso de Sepur Zarco

Editorial Siglo21

Durante las últimas cuatro semanas, incluida la que concluye hoy, la sociedad guatemalteca estuvo pendiente del desarrollo del juicio seguido al ex subteniente del Ejército Esteelmer Reyes Girón, y al ex comisionado militar Heriberto Valdez Asij, acusados de incurrir en delitos contra deberes de humanidad, desaparición forzada y asesinato, cometidos durante los años 1982 y 1983 en el destacamento militar de Sepur Zarco, en el municipio de El Estor, Izabal.

El juicio alcanzó un alto grado de simbolismo debido a que, por primera vez en la historia de Guatemala y del continente americano, mujeres víctimas (entre otros agravios) de esclavitud sexual y doméstica exigieron justicia.

Ayer por la tarde, el Tribunal de Mayor Riesgo A, encabezado por la jueza Yasmín Barrios, declaró culpables a Reyes Girón y Valdez Asij, a quienes se impuso largas penas de privación de libertad.

Rodeado de una intensa cobertura por los medios de comunicación social y seguido atentamente por la sociedad civil y por la comunidad internacional, el resultado de este proceso judicial tiene múltiples significados.

En primer lugar, es un acto de justicia que el Estado guatemalteco estaba debiendo a las víctimas, en quienes se encarna el derecho de toda mujer residente en este país, sin distinción de etnia, credo o condición socioeconómica, a no ser tratada como objeto de goce insano, arbitrario e impune de quienes están impregnados de una oprobiosa cultura patriarcal y machista.

Desde este punto de vista, la reivindicación de las mujeres q’eqchís victimizadas en Sepur Zarco, es la reivindicación de todas las mujeres guatemaltecas.

Por otra parte, el juicio culminado ayer constituye un gran paso adelante en la justicia transicional y, por consiguiente, está llamado a convertirse en un hito histórico en la ruptura de Guatemala con un bochornoso estigma de impunidad, fuertemente permeado de prejuicios racistas.

La impunidad del presente, que tanto lastima a nuestra sociedad, nace de la impunidad del pasado. Eso debe quedar muy claro.

Por eso, trivializar casos como este, bajo el falso argumento de que “debemos pasar la página y seguir adelante”, solamente puede mantenernos en el pantano de la criminalidad cobijada, precisamente, por la vergonzosa cultura de mirar hacia otro lado cuando las víctimas son “otras”.

No debemos resistirnos a ver en el espejo de un pasado bochornoso. Reconocer que aquí hubo atrocidades, y llevar ante la justicia a los responsables de ellas, es el camino necesario para sanar heridas aún abiertas de un conflicto fratricida, que no debió ocurrir.

SepurZarco

No habrá verdadera paz ni auténtica reconciliación, sin justicia. Esta es otra de las lecciones del caso Sepur Zarco. Se equivocan quienes, anclados en ideologías de odio, alientan artificialmente la polarización. Si algo puede y debe unir a este país es, precisamente, la lucha por la justicia, para todas y todos.

La impunidad del presente, que tanto lastima a nuestra sociedad, nace de la impunidad del pasado. Eso debe quedar muy claro.

Fuente: Siglo21 [http://www.s21.com.gt/editorial/2016/02/27/justicia-avanza-caso-sepur-zarco]