El clavel rojo: atributo del mártir revolucionario en Guatemala

Erika González León y Juan Carlos Vázquez Medeles

Atrevernos a llamarnos revolucionarios
Es atrevernos a empuñar un fusil,
A organizar a las masas,
A politizar y politizarnos,
A leer y escribir,
A pensar y a discutir
A proponer y a sentir.
Si lo hacemos
Ya no será un atrevimiento.
¡Seremos Revolucionarios!
Robín García, Poemario

RESUMEN: El asesinato del estudiante Robin García durante el conflicto interno en Guatemala, generó el descontento de la población por lo que el día de su sepelio, realizaron una procesión fúnebre conocida como la marcha de los claveles rojos. El fotógrafo Mauro Calanchina capturó un momento que ha perdurado en la historia y el imaginario guatemalteco, aquél donde los presentes izan un clavel rojo. En este trabajo abordaremos el proceso que suscitó la marcha, exponiendo las interpretaciones, acepciones y usos que se han dado a la fotografía de Calanchina y que la han vinculado a la construcción del ideario revolucionario, y la instrumentalización del martirio como parte de un proyecto ideológico.

PALABRAS CLAVE: Mauro Calanchina, Claveles rojos, Robín García, Guatemala, Revista Alero, Fotografía.

ABSTRACT: The murder of student Robin Garcia during the internal conflict in Guatemala, generated the discontent of the population so the day of his burial, held a funeral procession known as la marcha de los claveles rojos. The photographer Mauro Calanchina captured this moment that has endured in guatemalan history and imaginary, where demonstrators hoisted a red carnation. In this reseach we will approach the process that gave raise to the march, exposing interpretations, meanings and uses that had given Calanchina´s photography and have been linked to the construction of revolutionary ideology, and the instrumentalization of martyrdom as part of an ideological project .

KEY WORDS: Mauro Calanchina, Claveles rojos, Robín García, Guatemala, Alero Review, Photography.

UNIVERSIDAD Y REVOLUCIÓN

Durante la década de los setenta la lucha política en Guatemala develaba el trabajo realizado por las organizaciones revolucionarias a partir de la línea ideológica a la que se ceñían, la participación estudiantil dentro de éstas se aceleró tras la conmoción que causó el terremoto del 4 de febrero de 1976, se crearon nuevas asociaciones o las ya existentes intensificaron su participación. La Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac), estaba encabezada por la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU), que tenía su base en el grupo FRENTE, el cual había hegemonizado la disputa por la representación estudiantil.

El movimiento revolucionario fue golpeado en estos años, por lo que decidieron reorganizarse y desarrollar nuevas perspectivas y estrategias de lucha. La aparición de la Nueva Organización Revolucionaria de Combate-Ejército Guerrillero de los Pobres (NORC-EGP), el trabajo de la Organización del Pueblo en Armas (ORPA) y con menor presencia el Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos (PRTC), conllevó a nuevas disputas de cuadros en las organizaciones, siendo la Universidad el escenario de dichas luchas que se evidenciaron en los grupos estudiantiles interesados en la problemática nacional y universitaria.
El secretariado de la AEU, durante la administración de 1977 a 1978, fue encabezado por Luis Felipe Irías, miembro de FRENTE, grupo con una relación horizontal directa con la Juventud Patriótica del Trabajo (JPT) y el Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT), quien impulsó un escenario democrático para la Universidad y para el país, fortaleciendo su línea político revolucionaria, en tanto que diversos grupos opositores a FRENTE, pero dentro de la izquierda estudiantil, estaban más cercanos a la organización desarrollada por el EGP y algunos de ellos aglutinados en la Coordinadora de Estudiantes de Educación Media (CEEM).

LA DESAPARICIÓN DE LOS AQUECHISTAS

Las prácticas contrainsurgentes desatadas por el conflicto interno guatemalteco de la administración del general Kjell Eugenio Laugerud García (1974-1978), golpearon a diversos actores de la Usac. Ejemplo de ello fue el asesinato del abogado Mario López Larrave, suscitado el 8 de junio de 1977, miembro del Consejo Superior Universitario y representante legal de diversas organizaciones sindicales a través del Bufete Popular. Su muerte fue perpetrada por la organización paramilitar Ejército Secreto Anticomunista (ESA) , al mes de que iniciara la comandancia quien fuera el jefe de la policía guatemalteca, Germán Chupina Barahona , este acto llevó a la calle a más de cien mil personas que se reunieron para protestar ante tal hecho. A este acontecimiento se le agrega el suscitado al mes siguiente, el 28 de julio fueron secuestrados y detenidos por cargos de supuesto robo los estudiantes: Anibal Leonel Caballeros Ramírez, alumno del Instituto Rafael Aqueche, Robín Mayro García Dávila, matriculado en la carrera de Agronomía de la Usac; además de los dirigentes sindicalistas de la fábrica Cordelería La Rápida, Dionisio Pascual Ramírez, Rodrigo García y los hermanos Antonio y Eusebio Pérez Vásquez . A los dos días del secuestro apareció el cuerpo torturado de Leonel Caballeros, provocando la consternación del estudiantado guatemalteco que conllevó a una movilización durante su sepelio que se prolongó por varios días y en diversos departamentos del país, el número de asistentes reunido sorprendió a la sociedad, como narra un diario local:

Por primera vez, desde la creación de la Ciudad Universitaria, una marcha estudiantil recorre las calles de la ciudad y aproximándose al centro, realizaron un emotivo mitin en la Avenida Bolívar, insistiendo en la consigna ¡Queremos a Robín vivo!.
Aunque se exigió la aparición con vida del otro estudiante: Robín García, la amenaza que éste había recibido días atrás, junto con otros dieciocho estudiantes, por las críticas publicadas en la revista Pueblo y Estudiante, se cumplió y su cadáver fue encontrado el 4 de agosto, en el kilómetro 48 de la carretera rumbo a Palín, con muestras visibles de tortura y múltiples heridas de bala, además de una nota del ESA adjudicándose la autoría del asesinato.

LA MARCHA

El viernes 5 de agosto de 1977, fue llevado el cuerpo de Robín a la Rectoría de la Usac, de ahí en procesión se le trasladó al Instituto Rafael Aqueche, donde estudiaba Caballeros, para finalmente ser sepultado en el Cementerio General. El sepelio de Robín se convirtió en una masiva y pacífica manifestación de repudio a la violencia generalizada en el país.
La derrota política de la AEU y FRENTE devino de la oposición a dialogar con el presidente Laugerud, quien abrió las puertas del Palacio Nacional a los padres de Robín y a la propia AEU, como parte del juego político tras el asesinato despiadado de los estudiantes. Al encuentro asistió el secretario general y alumno de Medicina, Luis Felipe Irías, quien cerró su participación durante el sepelio de García como orador, sin embargo fue Mayra Alarcón:
[…] una joven estudiante, en representación de todas las organizaciones populares presentes, [quien] dio lectura “A MANERA DE ORACIÓN FÚNEBRE”; un canto proletario salpicado de lirismo y tinte popular que exaltó la vida y la lucha de ROBIN GARCÍA y le despidió como se despide a un hijo del pueblo.

Una nota periodística narra, sin ocultar la emotividad del autor, los acontecimientos durante la marcha y el entierro:
Una marea de jóvenes, hombres y mujeres, de difícil cuantificación pero que no era menor a 50,000 o 60,000, acompañó silenciosamente ayer el cadáver del estudiante de la Facultad de Agronomía de la Universidad de San Carlos y ex dirigente estudiantil de la Escuela de Comercio Mayro Robín García Dávila (sic), de 19 años de edad. En un orden admirable, las interminables columnas de estudiantes de educación media y universitarios, sin un grito, sin una voz destemplada, ocuparon 20 cuadras del centro de la ciudad, llevando en hombros durante buena parte del trayecto el féretro del joven asesinado por el Ejército Secreto Anticomunista. […]decenas de millares de adolescentes y jóvenes hombres y mujeres enarbolaron un clavel rojo […]a su ingreso al Cementerio General, unánimemente todos levantaron a punta de brazo su clavel en lo que parecía una consigna previamente establecida.

Este momento fue captado por la cámara del fotógrafo independiente de origen suizo Mauro Calanchina. . La serie de imágenes que compiló sobre la jornada de protestas generó un corpus de obra que presentó a la Revista Alero, que fueron publicadas en la misma y a partir de ello se convirtieron en el paradigma de lo que la composición fotográfica, en un contexto de violencia política y disparidad económica, debía señalar y exponer. La crítica artística circunscribió su trabajo dentro de la responsabilidad social y a él como la figura de un artista comprometido con la lucha revolucionaria, como lo señala Miguel Ángel Sagone:
Acusarán al fotógrafo de caer en el neorrealismo “ya superado” como dicen de todo aquello que no entienden o no les agrada, o lo acusarán de perder los matices a fuer (sic) de su técnica contrastada […] posiblemente supongan montajes en algunas fotos donde la causa y el efecto se sintetizan en una casa fabricada con los bidones desechados por la Gulf, o los embalajes de Frigidaire o decidan escribir algunas líneas sobre la vigencia de la fotografía de Mauro Calanchina, pero la intención del fotógrafo, al mostrar el grito de la realidad, no es fomentar elucubraciones estetizantes o justificaciones técnicas, pues tan sólo ofrece un testimonio e invita a la acción.

Para Calanchina, la situación guatemalteca de los años setenta debía de ser capturada, siendo, bajo esta premisa la conmoción social y las distintas manifestaciones de ésta, la principal temática que abordó, ante ello Sagone explicaba que:
La fotografía de Mauro Calanchina no permite sutilezas o disquisiciones intelectualizantes: nos presenta la realidad tal como se halla delante del objetivo de su cámara, realidad descarnada, acre, mordiente […].

El propio Calanchina concibe a su obra como un objeto vivo el cual está puesto a disposición de la lucha revolucionaria, para él la fotografía supera la mera representación de un hecho convirtiéndose en un instrumento que apoya el discurso político, como él lo expone:
Mi fotografía no es naturaleza muerta: son personas que viven una lucha o que sufren. Los dueños de esas fotos son ellos, pues les dan valor a las imágenes. Antes expuse mis materiales, pero eso ya no me interesa demasiado, pues esas actividades son muy elitistas. Yo prefiero un cartel que se pegue en las calles, ya que es más masivo.

Será entonces la fotografía la marcha de los claveles rojos la consolidación del objetivo estético de Calanchina.

Dicha imagen fue tomada en blanco y negro y plasma el instante justo donde un centenar de hombres y mujeres, reunidos frente al edificio de la Policía Nacional de Guatemala, de manera casi casual empuñan un clavel rojo. En ella se aprecian rostros de desconcierto, de introspección, de coraje; algunas miradas sombrías permanecen ajenas a lo que sucede a su alrededor, las menos observan la lente de la cámara. Pese a que la composición dirige nuestra atención al centro de la imagen, para observar a la figura femenina que fija su mirada impávida hacia nosotros, son dos los rostros que llaman la atención y que sobresalen del resto, en el primer plano, el de una mujer que alza su brazo sosteniendo un ramo de claveles ya marchitos envueltos en un papel blanco, y el de un joven, ubicado a nuestra izquierda, que indiferente a la presencia del fotógrafo mira a la lejanía, su ceño fruncido refleja molestia, sus ojos contrastan con la sutileza con la que porta el clavel rojo en su brazo levantado. Los presentes permanecen en silencio, el instante refleja una calma perenne. El conglomerado humano se diluye inacabadamente entre árboles, carteles publicitarios y edificios que circundan el tercer plano de la imagen. (Ver fotografía 1)

Esta fotografía fue publicada por primera vez en la revista cultural de la Usac: la Revista Alero. La portada mostró únicamente un detalle: los claveles que izaron el conglomerado de asistentes al sepelio como sinónimo de su molestia ante la represión y violencia que se vivía en el país.

ALERO ROJO

La Revista Alero resultó ser el mejor medio difusor de la fotografía, ya que desde la gestión del rector Rafael Cuevas del Cid, la Usac fomentó cambios institucionales favoreciendo un proyecto editorial que tenía el interés de vencer los límites académicos de una publicación universitaria, que suele condicionarse al espacio estudiantil con actitud pasiva y ajena a la realidad del país. En el aspecto artístico estuvo presente a través de la recién creada Dirección General de Extensión Universitaria, que pretendía la participación activa de los sectores que dirigían la Universidad y se concentraba en “[…]la promoción de los cambios sociales, para los críticos de izquierda esta participación debía ser con el compromiso directo y explícito con la revolución”.

Bajo esa idea se configuró el proyecto editorial de la Revista Alero, presidido por Lionel Méndez Dávila y Roberto Díaz del Castillo , desde donde buscaron responder a la difusión y al compromiso social que, concebían, era parte fundamental de la institución. Desde el primer número, en el prólogo denominado Ofrecimiento, la Editorial expresó la intención e intereses de la revista:
Queríamos ayudar a superar la barrera de lo academizante, en la que no veíamos simplemente una actitud estéril y falta de vitalidad y sentido de lo auténtico, sino formas más peligrosas, por cuanto propician y encubren la revelación de lo que puede ser legítimo. El formalismo, la falta de aspiraciones nacionalistas, las formas de colonialismo cultural, las actitudes academizantes, son dedos de una misma mano, de una misma usurpación que pugna por impedirnos el encuentro con lo nuestro, con nuestra auténtica cultura, con nuestra propia historia.

Esta aseveración puso de manifiesto la dinámica que pretendían seguir, con la cual buscaron materializar concepciones artísticas que delinearon el quehacer cultural de los colaboradores. El logro del Consejo Editorial fue conjugar a un grupo de intelectuales que paulatinamente contribuyeron en el quehacer literario e histórico de Guatemala, también, atrapó el interés de escritores y pensadores del continente americano, como lo menciona quién fuese Director Artístico de la primera época, Arnoldo Ramírez Amaya:
[…] logramos hacer una revista universitaria de Guatemala que trascendió en toda Latinoamérica, cuando sentimos, empezamos a recibir trabajos de Benedetti, de Cortázar […] y pagábamos 15 quetzales. Empezaron a mandarnos no por lo que iban a ganar, sino por la calidad de la revista que estaba haciendo[…].

La latinoamericanización de la revista convivió con los temas locales, así como con la realidad violenta que enfrentó el país centroamericano, por ello la dinámica alrededor de la muerte de los estudiantes García Dávila y Caballeros Ramírez ocupó el interés y rechazo del Consejo Editorial, tanto que decidieron ocupar un número de la publicación para hacer público su sentir:
Una vez más, nuestras páginas, hechas para hurgar los horizontes de la creación científica y artística se visten de negro para reiterar nuestra protesta por las manifestaciones inverosímiles que cobra la violencia institucionalizada en el país. […] ALERO, hecha para transmitir la vida de nuestro pueblo, de nuestra tierra, de nuestro continente, gasta la fuerza de su contenido en la protesta por la represión, el crimen y el exilio que hoy se abaten sobre casi toda Latinoamérica.

En agosto de 1977, salió con un costo de Q. 0.40, el número 25 de la Revista Alero, el sutil dramatismo de la portada color carmesí refería a los hechos recientes, la represión y el terror que enfrentaba la población guatemalteca. La publicación contó con un anexo que engrosó su tradicional formato a 210 páginas, mismas que mezclaron las reflexiones literarias, cartas de solidaridad, denuncias y posturas ante los asesinatos de los estudiantes García Dávila y Caballeros Ramírez.

La fotografía de Mauro Calanchina se imprimió en la portada y será este el momento en el que se inician las modificaciones a la imagen. El propio Calanchina editó la fotografía, la recortó, limitándose a presentar el ceño del joven que iza un clavel y varios brazos levantados que sostienen la flor. Tal recorte sugiere cierta similitud facial con la de Robín, quizá por ello Calanchina decidió presentar de esta forma la fotografía. Se invirtió en espejo el orden de los personajes y aunque el formato original fue una película en blanco y negro para la revista se publicó en negro sobre rojo, lo que dio más contraste y realce a los gestos faciales de los asistentes a la marcha y aportó cierto dramatismo que la fotografía original no contaba. Por lo que respecta al paisaje este se suprimió en su totalidad, le fueron retirados los edificios que circundaban a los manifestantes, así como los letreros con nombres de almacenes y el logotipo publicitario de Pepsi, sin embargo, estas alteraciones no modificaron el discurso de la fotografía sino que lo enriquecieron. (Ver fotografía 2)

Esta composición trascendió con una fuerte carga simbólica y resultó una de las imágenes más conocidas de Calanchina, considerado como un actor social e histórico durante el conflicto armado, ya que gracias a él se conservó el testimonio y la memoria de un tiempo, como lo menciona el editor de la revista:
Mauro se convirtió, yo creo, en el fotógrafo [Corresponsal de Guerra] […]dentro de la situación política tan alarmante en ese tiempo, Mauro andaba en todas partes tomando fotografías que ahora son testimonio de todo lo que pasó, quizá si no estuvieran las fotos de Mauro, no habrían esos testimonios .

Desde su publicación en Alero, la imagen se convirtió en una evocación a Robín, que si bien no se muestra su cuerpo inerte, se le identificó como una apología del movimiento estudiantil y del ideario revolucionario , a la par de reconocérsele como mártir, conceptos que se entretejieron con la fotografía y el contexto que permitieron construir el prototipo del mártir guatemalteco. El recurso discursivo de la palabra mártir, que sería usado por la revista, deposita en la víctima un halo religioso, “derivado de la teología cristiana y aumentado por los principios revolucionarios” , que se traduce en la glorificación del sacrificio. Los textos dentro de la Revista Alero fortalecen esta percepción:
[…] esta vez, se trata de la muerte de los estudiantes Robín Mayro García y Aníbal Leonel Caballeros, muertos salvajemente a golpes por haber vivido como corresponde a una juventud, con responsabilidad y con sentido entrañable por el futuro de nuestra sociedad […]. De nuevo reiteramos: la represión no podrá jamás acallar la inteligencia. Cada gota de sangre mártir derramada se multiplicará en la decisión del pueblo, que está dispuesto, pese a cualquier sacrificio, a construir su futuro luminoso. ¡No habrá claudicaciones!.

La fuerza de la imagen estudiada radica en que ésta responde a los paradigmas revolucionarios de la época, ya que incluye una alusión al joven mártir, Robín García, y a la lucha estudiantil. De tal suerte que el activismo militante de García Dávila, desempeñado como aprendiz intelectual en el periódico Pueblo y Estudiante, situación por la que recibió amenazas contra su vida, se manifiesta en los ejercicios poéticos del joven, donde se reafirma la pretensión de entregar la propia existencia en razón de la lucha revolucionaria. Estos versos fueron rescatados en el homenaje póstumo, La marcha de los Claveles Rojos. Poemario y Biografía de Robín Mayro García Dávila publicados en 2009. Uno de sus textos enfatiza lo antes señalado:
A lo mejor
Nos obligan
A dejar la vida,
Por haber editado
Un periódico
Con tanta verdad.
En fin, la muerte es tan natural,
Que no me da pena morir,
Por haber usado
Las palabras
Y las letras
Para lo que se hicieron:
Para decir la verdad
Sin tanto adorno.

El desdén a la muerte no se contrapone a la pasión por la vida, la utopía revolucionaria es sólida para alcanzarla. Sin embargo, es necesario enfocarnos en el martirio, como concepto de la santidad cristiana, que convive con la ideología marxista en la lucha por la transformación de la realidad, particularmente alrededor del tema abordado. Esa conciencia en el estudiante guatemalteco, politizado y organizado, tiene un sentido escatológico en la militancia y posee sus propios recursos rituales intelectualizados, como se percibe en la narración de Ruth del Valle, donde refiere que ante la posibilidad real de una desaparición forzada se contaba ya con la foto del afiche, que proyectaría la imagen de la victima durante el proceso de búsqueda y exigencia de su aparición, explica: “[…]en ese momento se nos acabaron las bromas, ‘la de la foto del afiche’, que consistía en que todos entregaban fotos, para cuando pasara algo ya se tenía la foto para el afiche”. (Ver fotografía 3)

Aunque este no es el caso de Robín, ya que la fotografía que lo identifica tras su muerte fue proporcionada por su familia y tomada de su cédula de identificación, sí encontramos en él la predisposición y la aceptación de una posible muerte. Su afiche empezó a circular en los diarios guatemaltecos , entre los estudiantes y se empleó para el diseño de los murales conmemorativos del joven aquechista en la Usac, donde se le representa junto con claveles rojos y con la siguiente leyenda:
No defiendo mis ideas, defiendo los derechos de tanta gente y
los defiendo con celo, aunque me cueste la vida.
Mi vida no alcanza para acallar el dolor de tanta gente. Robín García. (Ver fotografía 4)

Se empieza, entonces, a usar el clavel como un elemento independiente e individual de la foto de Calanchina., sin desarticularse por completo de la figura de Robín, ya que casi se convierte en un atributo religioso que estará presente en la mayoría de las imágenes donde se le represente, y se mantiene en el imaginario colectivo como parte del trinomio estudiante- mártir- revolucionario, como lo refuerza el testimonio de Julio Rodolfo García:
Fue durante el sepelio de Robín García donde aparecen los claveles por primera vez. Sorprendente porque no era una cuestión planificada, si bien, algún grupo los llevó con esa intención de hacer esa demostración, la gente los asumió como ese homenaje […] bueno, nosotros llevamos flores a los muertos, pero flores alegres, si querés para las festividades, pero de hecho, yo creo, que eso constituyó la simbología que se instaurará a la imagen del clavel como símbolo de lucha que era todo lo contrario. Yo creo que si es bien significativo pero fue un proceso, a partir que aparecen en un entierro, en un acto luctuoso, después aparecen en todas las manifestaciones, y de hecho, se siguen utilizando, cada vez que voy a una marcha, siempre hay algún clavel de por medio.

Además de los murales conmemorativos a la muerte del aquechista, existe otro que se basa en la fotografía del suizo y proviene de la tradición muralista de la Usac que inicio en 1973, por el escritor Marco Antonio Flores, el artista plástico Arnoldo Ramírez Amaya y el Secretario General de la AEU, Edgar Palma Lau. Este proceso en la Universidad forma parte de la configuración del martirologio guatemalteco, que va construyendo su historia entre ladrillos, símbolos alegóricos y atributos identitarios.

PINCELES REBELDES

Al cumplirse un año del asesinato de Robín García, el descontento de la población estaba en aumento y se había concentrado en la protesta por el incremento al precio del pasaje urbano. El movimiento estudiantil era escenario de la pugna ideológica entre las organizaciones revolucionarias y ello no pasó desapercibido al rememorar el nombre del estudiante. La AEU ponía énfasis en la movilización social y apoyaba las acciones para frenar el aumento del transporte. La simpatía de sus miembros, y en muchos casos militancia, con el PGT, delineó la estrategia que siguieron durante esos meses. El proceso de ruptura que aceleró la acción denominada Panzós Heroico , en junio de 1978, por parte de la Comisión Militar del Partido, se reflejó en los jóvenes organizados en los grupos estudiantiles:
[…] la proximidad FERG-FRENTE se vio duramente golpeada, pues mientras los primeros trataban de enfatizar que la verdadera izquierda eran ellos, pues asumían la lucha armada de cara, los de FRENTE intentaban que el conflicto entre comunistas no fuese un conflicto dentro de FRENTE. Pero si ese conflicto no produjo mayores escisiones o rompimientos dentro de la alianza, algunos dirigentes amplios comenzaron a sentirse perseguidos por cuestiones que muy poco entendían.

El asesinato de Mario Rolando Mújica Córdoba (Wiwi) , dirigente de la Central Nacional de Trabajadores (CNT), bajo la directriz del Comité Nacional de Unidad Sindical (CNUS), la cual se inclinaba y mantenía relaciones con el EGP , friccionó más la situación entre los grupos estudiantiles, además, el CNUS impulsó la idea de salir a las calles como forma de protesta. A partir de esta postura devino el debate ante la interrogante de solicitar permiso para manifestarse que impulsaba la AEU ya que:
Mientras los dirigentes de FRENTE y organizaciones afines creían en la necesidad de obtener autorización gubernamental para la marcha, los dirigentes del FERG y agrupaciones del movimiento popular de línea semejante eran de la opinión que había que romper el círculo vicioso de depender de las autorizaciones para desfilar, pues, se argumentaba, era necesario ganar la calle para la población.

A la par de la pugna se desarrollaron algunas actividades emprendidas por la AEU, ahora bajo el secretariado del estudiante de Economía, Oliverio Castañeda de León, que no neutralizaron la presencia de FRENTE en su organización, como puede observarse en el homenaje organizado en distinción al pueblo chileno:
En septiembre de 1978, para conmemorar los cinco años de la muerte del presidente Salvador Allende, la AEU organizó una mesa redonda en la que participaron René de León Shlötter de la DC, Manuel Colom Argueta del FUR, Virgilio Álvarez en representación de FRENTE y Martín Alvarado del CNUS.

O en el mural realizado en el Edificio C de la Ciudad Universitaria, por parte del grupo Tábano de la Facultad de Arquitectura, y que pertenecía en ese momento a la coalición universitaria. En dicho mural:
[…]se aprecia una imagen de tres manos con los puños cerrados en alto y custodiando a una cuarta mano que sostiene una bandera chilena. El dibujo tiene un fondo en tres colores, negro en lo alto que se va degradando en varios tonos de gris hacia abajo. Se lee un iconotexto en la parte superior derecha que dice: junto a Chile VENCEREMOS!. (Ver fotografía 5)

Éste se elaboró bajo el auspicio de la AEU y de las autoridades universitarias, quienes dieron su consentimiento para usar el muro, por lo que fue acompañado con una placa de mármol que da testimonio de este suceso . El grupo Tábano, identificado por su radicalismo dentro de la Universidad, había mantenido alianza con FRENTE, posteriormente con FERG, pero siempre luchó por mantener su autonomía ante estas dos agrupaciones. El grupo se fundó en 1972, “el cual combinó la crítica política con el arte y con una idea propulsora: El deber constante de crear”. Sin embargo, la escisión del PGT afectó a Tábano y éste se debilitó paulatinamente:
Al haber dentro del grupo algunos miembros que militaban en la JPT, la ruptura dentro de su organización se trasladó también al seno del grupo estudiantil; los que abogaban por la radicalización, no sólo rompieron con la dirección de su organización política, sino que consideraron imposible su permanencia en FRENTE, por lo que optaron por aproximarse al FERG.

Aunque se reconocía el trabajo artístico que desempeñaban como parte de su identidad, porque colaboraban en las actividades universitarias, varios de sus miembros realizaban el mural que homenajeaba al pueblo chileno al cumplirse cinco años del golpe militar encabezado por Augusto Pinochet, obra auspiciada por las autoridades universitarias. Uno de sus miembros, Ramiro García, con ayuda de Luis Felipe González, elaboraban de manera casi clandestina el mural en la Plaza Jornadas de Agosto, específicamente en el Edificio de Farmacia T13, que se concibió como protesta ante el asesinato de Robín García y parte de un movimiento más amplio, como lo enfatiza Julio González al referirse a la obra del estudiante de Arquitectura y miembro del grupo Tábano:
Era la ruptura entre la imagen gráfica del martirologio ¿Verdad? A la imagen gráfica de la lucha. Él hacía una figura estilizada, donde siempre aparecían unos campesinos con el machete en alto o los estudiantes con palos, garrotes y piedras, que no eran el contexto, siempre dentro de la gráfica política de ese momento sobre todo la izquierda era el mártir ya muerto ¿Verdad? Que se le hacía […]desde luego, su reconocimiento. Pero no reflejaba para nada, pues, la imagen de los que estaban detrás de esa imagen: La lucha popular. Y con Ramiro, nosotros tuvimos esa experiencia de que siempre llamamos a esa insurrección desde la gráfica. (Ver fotografía 6)

La imagen de Calanchina publicada en la revista Alero fue el esquema que se utilizó para éste y otros murales, completando la transferencia con la interpretación de los jóvenes desde su postura ideológica. Si bien, es un homenaje a Robín, contiene referencia a la lucha popular, como fue señalado anteriormente. La portada de Alero pintada en el muro fue alterada, se acentuó la gestualidad mostrando rostros de furia y encono, a la vez que se integraron y permutaron la posición de los agentes involucrados en la marcha. También, se enfatizó el contraste cromático, exaltando el carmesí tanto de los claveles como del lema: “¡No era tras la muerte a lo que fuimos! Era tras la vida”, que complementa el discurso ya legitimado del martirologio universitario. La inscripción del mural es una adaptación del poema Homenaje del escritor Enrique Noriega :
No fue la muerte tras lo que fuimos
era más que la vida:
la irrenunciable fe por una mejor vida
jóvenes robustos
labios abriéndose al amor
memoria
oh memoria!
maldita memoria.

Estos montajes corroboran una idea implícita y constante en la sociedad que construye un lenguaje dialéctico entre el inmolado y la comunidad, como lo afirma José Domingo Carrillo, para el revolucionario “significó dar la vida por el pueblo quien a su vez tendría bajo su responsabilidad recordar para siempre a los mártires”.

MARTIROLOGIO ESTUDIANTIL

En el conflicto armado en general y en el movimiento estudiantil inmerso en la lucha ideológica del conflicto armado interno, en lo particular, es posible vislumbrar la sobreestimación del sacrificio por parte del individuo que optó por el camino de la rebeldía, son diversos los ejemplos que se tienen, aunque poco estudiados, como el poeta Otto René Castillo, la reina de belleza y estudiante, Rogelia Cruz Martínez , y Oliverio Castañeda de León, estudiante y secretario general de la AEU, de quien se tiene una reciente publicación . Pero es destacable el texto: “Era tras la vida por lo que ibamos…” de la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala, que a la par del homenaje a Monseñor Juan José Gerardi Conedera, presenta una historia del movimiento estudiantil guatemalteco —destacando la presencia de Robín García y Oliverio Castañeda— y la semblanza de vida de 10 estudiantes asesinados. Es importante destacar que los relatos se dispusieron de manera casi bíblica, de la siguiente forma:

El contexto y antecedentes (personales y generales) correspondería al Génesis

La participación en el movimiento estudiantil sería la Revelación.

El momento trágico del secuestro, tortura y muerte, equivaldría a La Pasión / El Martirio

Finalmente, Consecuencias familiares y sociales devienen en la Resurrección y Apocalipsis.

En ello perdura el paradigma religioso del martirio y se configura al estudiante con las características que ideológicamente se han formado dentro de las tensiones de la misma lucha, como lo señala Enrique Camacho:
Una aproximación al imaginario que se construye desde la resistencia, desde la rebeldía, no sólo incluye la percepción que se tiene por parte de los detentadores del poder: también debe ponerse atención en la imagen que el propio rebelde ofrece de sí mismo. Su figura, antepuesta a la fuerza dominante, está ubicada a la cabeza de aquel imaginario con el que se pretende sustituir al imaginario “oficial” .

La conciencia de la muerte en el sujeto revolucionario convive en su andar cotidiano, es parte teleológica de la vida, no obstante, tiene un valor de inmediatez y axioma en la militancia política en un escenario de lucha ideológica armada. El valor que nos interesa destacar es la presencia de la muerte, asumida y presupuesta en la configuración de éste sujeto con los valores y condiciones éticas que configuran al hombre nuevo-revolucionario-santo, donde la muerte es el punto de partida para la trascendencia y el martirio la demostración material del amor por la lucha y la utopía. Como lo explica José Domingo Carrillo, “Esta idea de sacrificio, dio lugar al uso indiscriminado de la violencia como interlocutora entre proyectos de revolución social y población civil, lo que dio como resultado la consagración de la muerte como una actitud de protesta”.

Los homenajes a los mártires están presentes en las agendas de las organizaciones de izquierda, la muerte de García Dávila y Caballeros Ramírez permanece en la memoria y es parte de la lucha que enarbolan. La fuerte movilización de las Jornadas de Agosto y su momento apoteósico con el sepelio de Robín mantuvo en crisis al gobierno de Laugerud, al punto de abrir una mesa de diálogo como respuesta política, más que una acción judicial en contra de los responsables, no obstante, las organizaciones político-militares interpretaron los acontecimientos bajo su propia óptica y quizá, instrumentalizaron sus propios procesos con los recursos disponibles. El PGT perdió supremacía en el trabajo estudiantil ante las posturas de las organizaciones que lo representaban: AEU y FRENTE, pero proyectó a la par de la denuncia del asesinato de Robín y Leonel, su línea ideológica a través de las publicaciones donde injerían de manera legal como fue la Revista Alero y en la clandestinidad por Ediciones Verdad y Juventud. (Ver fotografía 7)

La reivindicación del mártir revolucionario

El proceso del EGP, dio lugar a consolidar un frente de estudiantes constituido bajo su línea política, trabajo continúo del estudiantado identificado con ello, en lo que respecta a la dirección de esta organización, carecemos de comunicados o publicaciones que muestren su interpretación teórica y política de los hechos, sólo poseemos un manuscrito dirigido a Marco y fechado el 10 de septiembre de 1977 por Anahí Campos. En él puede destacarse un distanciamiento entre la dirección y la militancia estudiantil, pero muestra que se estuvo al tanto de los acontecimientos así como de la ausencia de un reconocimiento público de la militancia de Robín en dicha organización, hecho que fue reconocido hasta el 2006 con la publicación: Memoria de los caídos en la lucha revolucionaria de Guatemala, editada por la fundación Guillermo Toriello bajo la coordinación de Enrique Corral. La ficha de Robín contiene la siguiente información:
GARCÍA DÁVILA, Robín Mayro
Seudónimo: Enrique
Organización: EGP
Etnia: Mestizo
Función: Dirigente y activista estudiantil
Lugar: GUATEMALA, GUA
Fecha: 27/7/77
Circunstancias: Fue secuestrado por fuerzas de seguridad después de una actividad de solidaridad con Cuba. Lo torturaron y asesinaron. Fue capturado junto con Leonel Caballeros. Sus restos están en el Cementerio General. Su entierro se convirtió en una manifestación popular. En su memoria, una organización estudiantil universitaria y de secundaria, que nutrió de valiosos cuatros (sic) las organizaciones revolucionarias y guerrilleras, asumió su nombre: Frente Estudiantil “Robín García” (FERG).
Sin embargo, la aparición del Frente Estudiantil Robín García (FERG) reivindicaba su nombre en la organización y hacía patente una vinculación, ya que él era responsable de la atención de las estructuras de secundaria del EGP; militó con el seudónimo de Enrique y realizaba trabajo político en el Instituto Miguel García Granados y después en la Escuela de Comercio. Para finales de julio de 1977 participó en las actividades conmemorativas de tres militantes guerrilleros , Julio Ricardo Áscoli Andreu , Félix Augusto Orozco Mendizábal y César Iván Alvarado Morales , además del XXIV aniversario del Asalto al Cuartel Moncada.
Al cumplirse 30 años de la movilización que se desarrolló tras el asesinato de los jóvenes estudiantes, la AEU y la Facultad de Economía de la Usac, reeditaron el libro Jornadas de Agosto de 1977, donde se recopilan notas periodísticas, afiches, campos pagados y fotografías que circularon durante esas fechas. La portada reproduce la imagen que hemos revisado, en un símil de colores del mural de Ramiro García, sustituyendo la leyenda del mural, por el título del documento, y en la contraportada destaca una mano izando un par de claveles rojos.

Dos años después de las Jornadas de Agosto, en 2009, la Secretaria de la Paz, a la orden de la campaña de resarcimiento llevada a cabo por la gestión presidencial de Álvaro Colom Caballeros, la Comisión Presidencial Coordinadora del Ejecutivo en Materia de Derechos Humanos (COPREDEH) y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos , publicó una reedición del texto antes citado junto con el cuadernillo La marcha de los Claveles Rojos. Poemario y Biografía de Robín Mayro García Dávila, a más de la exhibición de placas conmemorativas y el nombramiento de la calle Robín García (10ª Avenida, zona 1). El primer texto, de los arriba mencionados, reproduce nuevamente la idea original -la fotografía de Calanchina y la mano con los claveles-, en un diseño estilizado del fondo de la imagen, la contraportada añadió la frase que acompaña el mural: “¡No era tras la muerte a lo que fuimos!, es tras la vida.” El segundo libro, un poemario, monta la ya imagen icónica de Alero, junto con una foto de Robín y una manifestación de jóvenes, la portada retoma los tres colores del mural, negro y rojo sobre un fondo blanco. En ambos textos se agrega una viñeta a la portada en color carmesí con una insignia en color negro del slogan de la Secretaria de la Paz donde se lee: “Por la dignidad de nuestros mártires”. (Ver fotografía 8) Las contraportadas agregan los logotipos de las instituciones involucradas en la publicación de los textos impresos en materiales económicos.

Por otra parte, en abril de 2008, diversos colectivos y amigos de Mauro Calanchina realizaron una serie de exposiciones de su trabajo, bajo el título Hilando la memoria, Tejemos nuestra historia. Las imágenes corresponden al movimiento estudiantil de los años setenta y principios de los ochenta, en ello, se destaca el optimismo de la juventud universitaria inserta en la transformación del país centroamericano, si bien, un gran número de los personajes que alcanzó la lente de Mauro son víctimas de la represión, la alegría de la esperanza es el eje de su último homenaje en vida. Como era de esperarse destaca la presencia del clavel rojo que portan desde los colegiales hasta los sindicalistas guatemaltecos, donde el mismo autor los presenta como una distinción a quienes se comprometieron con la lucha social, tópico de sus fotografías. (Ver fotografía 9)

REFLEXIONES FINALES

En el proceso armado guatemalteco, diversos acontecimientos otorgaron identidad a las organizaciones revolucionarias y las dotaron de símbolos que cohesionaron la lucha revolucionaria. Tal fue el caso de la marcha de los claveles rojos, que movilizó a decenas de guatemaltecos inconformes por la violencia generada por el Estado. Los acontecimientos se conjugaron con distintos elementos que facilitaron la construcción de un imaginario alrededor del martirio que abrazaron, principalmente, los estudiantes universitarios como una de sus banderas de lucha e influencia de sus proyectos políticos.

El estudio de un símbolo, como lo es el clavel, permite entender los procesos que se desarrollaron alrededor de la muerte, en este caso la de Robín García, en la que el movimiento estudiantil y los grupos universitarios fueron la vanguardia en el camino de la revolución guatemalteca, como preámbulo de las campañas contrainsurgentes que desarticularon el naciente movimiento de masas y de la resistencia urbana. La masiva presencia en la protesta social llegaría a ser minada con el continúo asesinato y desaparición de lideres estudiantiles, principalmente de la Universidad de San Carlos de Guatemala. En los años siguientes, las estrategias contrainsurgentes golpearon a la sociedad en su conjunto, se criminalizó a los universitarios, que, encontraron en los vestigios de esa época, símbolos que permanecen vigentes, como es el clavel rojo, reproducido por los rollos que Mauro Calanchina legó a los universitarios.

Sin embargo, como se mostró el clavel se fue configurando como un elemento independiente, desvinculado de cualquier sujeto pero cargado de todo el simbolismo de una época, de un ideario y de un país, se erigió como un atributo a los mártires de la guerra, a los desaparecidos. Es el testimonio de Julio Rodolfo González el que engloba esta idea:
Yo pienso que el clavel debe significar un homenaje al mártir, sobre todo el color rojo, que es el color sangre, es herencia de la pictografía maya, pero la sangre también es vida, para los mayas el rojo era muerte pero también era vida, era una relación dialéctica, yo creo que era, para mí, el objetivo del clavel, y es rescatable, yo pienso que es una situación […] porque después de eso, en todas la marchas aparecían claveles, más de alguien los llevaba, ya fuera por la misma situación […] ya no le pertenecieron a nadie, le pertenece al movimiento, le pertenece a los mártires, le pertenece a la gente.

FUENTES DOCUMENTALES
Archivo General de la Nación, México. (AGN) Ramos.
Archivo Histórico del Policía Nacional, Guatemala (AHPN)

BIBLIOGRAFÍA
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HEMEROGRAFÍA
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—, “Se ignora a que facción pertenecen los 3 muertos”, en Periódico el Gráfico, Guatemala, 28 de julio de 1976, pp. 1-3.
—, “Una marea juvenil acompaña féretro de Robín García”, en Periódico el Gráfico, Guatemala, 6 de agosto de 1977, p. 3.
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ENTREVISTAS
Entrevista personal con Arnoldo Ramírez Amaya , Ciudad de Guatemala, 22 de julio 2010.
Entrevista personal con Roberto Díaz del Castillo, Ciudad de Antigua, Guatemala, 2 de junio de 2012.
Entrevista personal con Julio Rodolfo González, Ciudad de Guatemala, 8 de junio de 2012.

 

1. Mauro Calanchina, Cortejo fúnebre de Robín García, B/N, 5 de agosto de 1977.

2. Revista Alero, portada,1977.

3. Robín Mayro García, Fotografía empleada como afiche, Diario el Gráfico, 6 de agosto de 1977.

4. Asociación de Estudiantes de Agronomía, Mural conmemorativo a Robín García, Facultad de Agronomía, USAC, ca. 1989.
Fotografía de Juan Carlos Vázquez, junio 2012 (En adelante: JCV, 2012)

5. Grupo tábano, Junto a Chile venceremos, Edificio C de la Ciudad Universitaria, Facultad de Arquitectura, 1978.
Fotografía: JCV, enero 2007.

6. Ramiro García y Luis Felipe González, Las Jornadas de julio y agosto, 1978, Edificio de Farmacia T13, USAC.
Fotografía: JCV, enero 2007.

7. Jornadas de agosto de 1977, 2007, portada y contraportada.

8.Jornadas de Agosto de 1977, 2009, portada y contraportada

9. La marcha de los claveles Rojos, 2009, portada y contraportada.

[Fuente original del artículo: Latinoamérica. Revista de Estudios Latinoamericanos, núm. 58, México, CIALC-UNAM, 2014/1. ISSN-16665-8574, pp.145-179.]