Así operaba el crimen político organizado

Manuel Villacorta
manuelvillacorta@yahoo.com

El fracaso del actual sistema político-institucional guatemalteco ha quedado lapidariamente demostrado. Desde 1986 a la fecha, cuando se inició la transición a la democracia —que creíamos nos habría de trasladar hacia una Guatemala políticamente estable, económicamente próspera y socialmente equitativa— han surgido y desaparecido más de 80 partidos políticos. Esa inaudita eclosión de partidos electoreros y oportunistas, sometidos a la ley de la oferta y la demanda de cualquier financista desvergonzado, es la causa directa del fracaso recurrente de cada gobierno. En tan corto tiempo han dejado abruptamente la presidencia Jorge Serrano y Otto Pérez Molina. Todo apunta a que el presidente Morales se orienta hacia el mismo destino. Los nefastos efectos de esa inestabilidad política los han pagado y los seguirán pagando esas mayorías silenciosas desesperadas, condenadas a la pobreza y a una sobrevivencia que ya se torna cruel e inhumana.

La dinámica macabra de la operación es fácil de explicar: 1. Los politiqueros corruptos formaban un partido político. 2. Entraban en negociaciones con financistas de todo tipo, desde grandes empresarios locales hasta miembros del crimen organizado. 3. Los politiqueros lograban la obtención de millonarias sumas de dinero las cuales se dividían así: A) Una parte (la menor) para propaganda. B) Otra parte (la mayor) de la cual se apropiaban los principales miembros del partido. 4. Al ganar puestos públicos los politiqueros corruptos cedían determinados ministerios a los financistas ilícitos, además de garantizarles la obra pública mediante licitaciones manipuladas, en donde los primeros también cobraban “comisión”, tanto para otorgar los contratos como para emitir los cheques de pago. 5. Los politiqueros corruptos también se beneficiaban de miles de plazas fantasma, distribuyéndose además millones de quetzales ilícitamente adquiridos provenientes de personas a las cuales se les hacía pagar montos ilegales. Las aduanas son el mejor medio para ejemplificarlo. Así durante 50 años, los grandes empresarios crearon megaempresas, el crimen organizado pudo consolidar el narcotráfico, migraciones ilegales y el contrabando. Una asociación ilícita criminal y aberrante que destruyó el sentido de las instituciones y degradó los servicios públicos a extremos jamás imaginados.

Los politiqueros corruptos adquirieron lujosas propiedades con dinero público que no llegó a los hospitales, cientos de miles de niños, mujeres, hombres y ancianos murieron por la falta de medicamentos o equipo médico. Adquirieron soberbios vehículos exclusivos con dinero público, que tampoco llegó a los millones de niños y jóvenes que no tuvieron la escuela ni los recursos para superarse en su vida. Los politiqueros viajaron como jeques por el mundo con dinero público, el cual jamás se invirtió en mejores carreteras o equipo básico para las fuerzas de seguridad, cientos de miles de ciudadanos murieron ante el delincuente porque no había policía o era ésta incapaz materialmente para enfrentarlos. Sin dejar de mencionar al politiquero corrupto que privatizó los bienes del Estado, quedándose con beneficios ocultos, agravando desde entonces y para siempre nuestro déficit fiscal.

Pienso en Dante Alighieri y sus nueve círculos del infierno: Limbo, Lujuria, Gula, Avaricia, Ira y Pereza, Herejía, Violencia, Fraude y Traición. Qué difícil le será a Satanás encontrar el justo círculo adecuado para estos politiqueros corruptos. El daño que nos hicieron es descomunal, como descomunal fue su miserable existencia en este bello país que a pesar de todo ese dolor, volverá a resurgir.

Fuente: [http://www.prensalibre.com/opinion/opinion/asi-operaba-el-crimen-politico-organizado]

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Manuel R. Villacorta O.

Manuel R. Villacorta O.

Doctor en Sociología Política. Universidad Pontificia de Salamanca, Summa Cum Laude. España. Licenciado en Ciencia Política. Universidad de San Carlos de Guatemala, Guatemala. Es autor de varios libros y publica una columna semanal en Siglo 21.
Manuel R. Villacorta O.