Capital y trabajo: El pacto que nos urge

Manuel Villacorta
manuelvillacorta@yahoo.com

En mi último artículo expresé que el único camino que tenemos como país para superar la severa crisis que vivimos, es a través de una sólida organización social y una efectiva participación ciudadana. Apunté además mi intención de abordar temas precisos y fundamentales que llevados a la práctica, podrán influir en un mejor horizonte para todos los guatemaltecos. Inicio el aporte refiriéndome a la relación capital y trabajo. Para nadie es un secreto que el modelo económico guatemalteco creó un sistema político y jurídico como plataforma, para con ello, garantizar su reproducción a lo largo de muchos años. El modelo desde sus inicios se basó en una economía primaria orientada a la exportación. Esos mismos capitales se transformaron insertándose en áreas como el comercio, la banca y la industria. Sin duda alguna es el CACIF —surgido a finales de los años cincuenta— la instancia que llegó a representar la unidad política del empresariado más poderoso del país.

Ante la dinámica empresarial debió de surgir un contingente de trabajadores organizados en instituciones laborales fuertes, propositivas y comprometidas con la dinámica productiva, favorecidos por salarios justos, capacitación laboral constante y el pleno reconocimiento de sus derechos laborales. Lamentablemente ocurrió todo lo contario. El cierre de los espacios democráticos y el inicio de la confrontación militar interna, apartaron radicalmente a los empresarios de las organizaciones sindicales y campesinas. Se favoreció un clima de enfrentamiento que creó división y desconfianza. La posibilidad de encontrar una sana relación entre capital y trabajo se diluyó, lo que produjo un modelo basado en la alta concentración de riqueza para el sector empresarial y la generalización de la pobreza para la mayoría de los trabajadores. La realidad no puede negarse.

CACIF y una serie de organizaciones empresariales —por instancias propias y ajenas— se parapetaron en gobiernos autoritarios mientras las organizaciones sindicales y campesinas optaron por la denuncia y la confrontación. Con la finalización del conflicto armado interno la contradicción entre empresarios y trabajadores bajó de intensidad, pero algunos efectos negativos persistieron. Hoy CUC, CODECA, CONFREGUA, CONIC y CNOC, entre otras organizaciones religiosas, populares y sindicales, demandan ante CACIF y el Estado en general, un nuevo orden económico y social.

Conclusión: El CACIF debe perder el miedo a las organizaciones sociales, a las instituciones sindicales y campesinas, debe dar un salto cualitativo para iniciar acercamientos, diálogos y la pretensión de acuerdos sólidos, sustentables y democráticos. Las organizaciones campesinas y sindicales deben demostrar que ante sus demandas, también presentan propuestas y tolerancia. La relación entre capital y trabajo debe sustentarse en acuerdos y compromisos, la confrontación prolonga la crisis generando un gravísimo daño económico y social en general. Propongo que bajo la coordinación e intermediación del G-4, se instale de inmediato una mesa de negociaciones y acuerdos entre los sectores citados. Temas de agenda: 1. Acceso a la tierra para el campesinado nacional. 2. Una política pública para el desarrollo social. 3. Crédito y tecnificación para las Pymes. 4. Un programa nacional de Responsabilidad Social Empresarial. 5. Renuncia a las medidas de hecho y convergencia para eliminar la conflictividad social. En un clima de armonía y acuerdos, empresarios y trabajadores podrán fijar la ruta para un verdadero cambio nacional. El G4 tiene la palabra.

Fuente: [http://www.prensalibre.com/opinion/opinion/capital-y-trabajo-el-pacto-que-nos-urge]

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Manuel R. Villacorta O.

Manuel R. Villacorta O.

Doctor en Sociología Política. Universidad Pontificia de Salamanca, Summa Cum Laude. España. Licenciado en Ciencia Política. Universidad de San Carlos de Guatemala, Guatemala. Es autor de varios libros y publica una columna semanal en Siglo 21.
Manuel R. Villacorta O.