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Todas esas ideologías,
que vienen como si fuesen una panacea,
Infectarán con cariño a tu mente,
sin darle inicio a la guerra.
Cuando te tomen será por sorpresa,
Te engañaran y te penetraran,
como cuando en la cama
con una doncella.

Serás un incauto al que se le cautiva;
Y con solamente una falacia atrevida,
que únicamente te explica,
pero que nunca especifica
mientras toma su ventaja,
ocultándose, sepultándote, se te clavará,
portando dolores, recuerdos,
placeres y deseos.

Poniéndole uniformes a tu cara;
y luego por tu propia gana
penetrarás en una tienda,
como hecha toda de manta
igual a la de un circo,
con ausencia de payasos.
Tomarás asiento en una función,
que nunca comienza;
Y luego jamás, nunca jamás,
podrás volver; a observar el exterior,
Y menos tarde que pronto
desaparecerás,
junto a tu propia opinión.

Posiblemente hasta te sirvan un trago,
poco a poco. Te irás acomodando
y entonces aparecerá disfrazado, el tiempo
para que haga su silencioso efecto,
su hechizo de mortal veneno,
que no podrá de nuevo romperse,
con ningún azul príncipe,
ni con ninguno de sus besos.

Te habrás hecho su prisionero.
Sólo restará llamar a un sepulturero
que es un monitor, perfecto de tu sabor,
Y tomará gustoso tu pulso y medida.
Finalmente te habrás de hacer uno de ellos,
Entregarás voluntariamente tu vida,
Y difundirás desde ahora tú también;
¡toda esa infecciosa mentira!

 

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