Ayúdanos a compartir
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

Esa tarde pensé tanto en ella
Que mi mente era ella y su esclavo yo.
Quería pensar solamente en el ahora,
Pues sólo el ahora me daba salvación.
¡Afuera el mañana! El mañana es triste,
En el mañana no se encontrará ella;
Tomara un vuelo a muy temprana hora,
Llegada la tarde lejos estará su amor…

Quería estar en soledad junto a ella,
Desee bailar un momento con su aroma:
Agitar sus cabellos, beber de sus labios;
Y sentir sus te quiero como hasta ahora.
Como sólo ella me los podía susurrar;
Pues esa tarde sólo pensaba en ella,
Pensé tanto en ella que mi mente era ella
Y su esclavo yo…

Ha terminado la sensible canción,
Aquella melodía que era nuestra favorita;
Quedó guardada en nuestras memorias,
El baile nos llevó al deseo y el deseo al amor.
Como podíamos evitar dejarnos seducir por él
Si nos sentíamos vivos en vivirlo en cada paso,
Se recostó sobre el lecho de aquella habitación
Y mi cuerpo se unió al llamado de sus ojos pardos…

Me dispuse a desnudar su tembloroso corazón,
Mi mano palpó agradecida aquellas dos piernas,
Las cuales ella dejaba acariciar con seducción:
Estas se deslizaron como agua entre arenas;
Toqué por un instante el suave edén de su razón,
Viaje moroso y sabio por su delicado vientre,
Su vientre blanco con aquel aroma a pasión.
Observé aquel lunar que en secreto ella esconde;
Adormecido en su pecho, ella descifraba mi tocar.
Mojaba su nombre en cada gesto, gota a gota,
Mis labios buscaban su largo cuello sin cesar,
Encontrando bruscamente el deseo en su boca…

Y por un momento fuera de aquel acto pensaba:
¿Qué hare cuando no esté ella conmigo?
¿Cómo arrancaré este recuerdo del sentimiento?
¿Cómo podré apartar lo vivido de mi memoria?
¿Cómo dejar pasar tus besos que sacuden mi juventud?
Pero eso no importaba porque sólo pensaba en ella;
Pensaba tanto en ella, que mi mente era ella
Y su esclavo yo…

Cubiertos en sedas dejamos pasar la corta tarde;
Complementándonos de afecto nos encontró la noche,
Lágrimas la abandonaban de aquellas sus miradas;
Daban tonalidad a las pigmentaciones de gestos.
No podía yo hacer nada por detener su recorrido:
Nuestro destino por la distancia había sido marcado.
Me negaba a creerlo pero esta vez era la última
Mi corazón en su maleta ella había acogido…

***

 

Adeleón…

Últimas entradas de Adeleón (ver todo)
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •