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El regreso de Alfonso Portillo

Carlos Figueroa Ibarra

He leído en un  artículo de Juan Francisco Reyes, quien fuera  el vicepresidente de Alfonso Portillo y su leal amigo, que el ex presidente de Guatemala regresará a su patria el miércoles 25 de febrero. Terminará así el viacrucis del único mandatario que yo me acuerde (fuera de Manuel Estrada Cabrera) que ha sido encarcelado por motivos  relacionados con su gestión gubernamental. Regresará de Estados Unidos de América, lugar en el cual cumplió la última parte de su condena que en total lo tuvo en encierro cinco años y un mes. Ha pagado pues los delitos de corrupción, peculado y lavado de dinero de los que fue acusado.

No simpaticé nunca con el gobierno de Alfonso Portillo. Aunque  soy lo suficientemente avezado para advertir que en el mismo hubo antiguos militantes de la izquierda revolucionaria -algunos de ellos queridos amigos míos-, que eran portillistas y no necesariamente vinculados al partido de Efraín Ríos Montt, siempre consideré inaceptable participar en un gobierno surgido a la sombra del mayor genocida en la historia del país. Fue el gobierno de Portillo  uno que mantuvo una distancia con la parte más poderosa de la clase dominante en Guatemala. Portillo enarboló  un discurso antioligárquico,  verbalmente crítico  del neoliberalismo, aumentó salarios anualmente a los trabajadores (el salario mínimo subió un 40% en su período), concedió en usufructo a la Academia de Lenguas Mayas el Canal 5 de televisión, dejó de nombrar en los cargos del gabinete económico a representantes de la cúpula empresarial, permitió importaciones que afectaron a grandes productores del país (cemento, azúcar, pollo, cerveza), intentó una reforma fiscal que buscaba evadir la evasión pero castigaba al consumo también.  Por todas esas medidas se ganó el ataque frontal del gran capital. Justo es agregar que su gobierno fue corrupto. Que empoderó a la logia mafiosa de ex militares genocidas conocida como la Cofradía y que su gobierno fue descertificado por los Estados Unidos de América  por su ineficaz combate al narcotráfico. Pero el gobierno de Portillo no se diferencia mucho de  los que le antecedieron y los que le sucedieron.

He aquí pues las razones por las cuales el establishment guatemalteco impuso una guerra mediática y se convirtió en algo políticamente correcto atacar al presidente incluso después de terminar su mandato. Portillo se convirtió en la encarnación de la corrupción, vesanía, alcoholismo, concupiscencia. Su vicepresidente fue encarcelado e igualmente su ministro de finanzas. Y todo esto tiene un inconfundible tufillo oligárquico. Pero la cúspide empresarial que tanto lo ha atacado, al parecer dista mucho de haberse librado de él. Regresará a Guatemala  como  el ex presidente que goza mayor popularidad y por lo tanto en un año electoral gravitará significativamente en el escenario político guatemalteco. Dos de los partidos que encabezan las encuestas (Lider y Patriota) ha declarado solemnemente que no lo aceptarían en sus filas. Pero hay varios partidos que con gusto lo harían porque saben que aumentaría su potencial electoral.

Para bien o para mal, Alfonso Portillo regresa a Guatemala convertido en un Ave Fénix.

 

Carlos Figueroa Ibarra
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