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Carlos Figueroa Ibarra

El  4 de julio se instaló la  Convención Constituyente de Chile  y uno de sus primeros actos tiene un enorme poderío simbólico. Eligió Presidente de dicha Convención a la indígena mapuche Elisa Loncón Antileo  con 96 de los 155 escaños que conforman a dicha Convención.  Puede conjeturarse que Elisa  contó con los 48 votos independientes, los 28 de Apruebo Dignidad (Partido Comunista y Frente Amplio) además de los 17  representantes de  10 pueblos originarios de Chile  y algunos más. Resume Elisa Loncón Antileo una robusta historia de lucha del pueblo Mapuche y una sólida preparación intelectual.

Uno de sus ancestros fue parte de la resistencia mapuche derrotada en 1882.  Después del golpe militar de 1973, sus padres y abuelo,  militantes agrarios y políticos, fueron perseguidos y su abuelo encarcelado. No es de extrañar que desde su infancia, Elisa haya participado en diversas organizaciones sociales mapuches  en especial el Consejo de Todas las Tierra quienes crearon la Bandera Mapuche y lucharon por la recuperación de las tierras de dicho pueblo. También participó en su época universitaria en las luchas contra la dictadura pinochetista.

La hoy presidente de la Convención Constituyente  ha dado vuelo académico a  la lucha mapuche.  Es linguista experta en el idioma mapuche, el mapudungun. Con una licenciatura en inglés,  obtuvo una maestría en lingüística en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM-México)  y dos doctorados. Uno en Humanidades   en la Universidad de Leiden (Holanda) y el otro en Literatura en la Pontificia Universidad Católica de Chile, además de estudios de posdoctorado en el Instituto de Estudios Sociales de la Haya (Holanda y en la Universidad de Regina (Canadá). En el momento de ser electa diputada constituyente era académica en la Universidad de Santiago de Chile y en la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Su discurso inaugural resume los nuevos vientos que corren en Chile, alguna vez la joya neoliberal: auguró que la Convención Constituyente transformará a Chile en un país plurinacional, intercultural, respetuoso de los derechos de las mujeres,  la diversidad sexual,  la Madre Tierra y del agua. El nuevo Chile deberá responder al sueño de la Nación Mapuche y de todas las regiones y organizaciones. El arribo de Elisa Locón Antileo a la presidencia del organismo que refundará a Chile, también es simbólica por la propia historia del pueblo Mapuche. Indómitos ante la conquista y la colonización,  durante siglos  las resistieron. Se apropiaron de los caballos traídos por los europeos y los convirtieron en armas de resistencia. El arribo neoliberal  con la dictadura pinochetista profundizó la embestida contra el pueblo Mapuche, sus tierras y territorios, que durante la colonia y el siglo XIX le fueron despojados a sangre y fuego.

Al asumir su cargo, Elisa Locón Antileano pidió un minuto de silencio. Por los muertos durante 500 años, las naciones originarias y los luchadores sociales, los de la ocupación militar de Wallmapu (genocidio mapuche 1860-1883), los asesinados por la dictadura, las mujeres víctimas del feminicidio, los muertos del 18 de octubre de 2019. Con esa evocación fúnebre, un nuevo Chile está naciendo.

Su discurso inaugural resume los nuevos vientos que corren en Chile, alguna vez la joya neoliberal: auguró que la Convención Constituyente transformará a Chile en un país plurinacional, intercultural, respetuoso de los derechos de las mujeres,  la diversidad sexual,  la Madre Tierra y del agua.

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Carlos Figueroa Ibarra
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