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El presidente encarcelado

Virgilio Álvarez Aragón

La intención del presidente Jimmy Morales de sacar por la fuerza al comisionado Iván Velázquez y de detener a altos magistrados y activistas sociales el 31 de agosto pasado resultó limitada a un acto público en el cual el contenido de lo se que anunciaba no tenía relación con la escenografía montada.

Para decir que la Cicig llegaría solo hasta noviembre de 2019, tal y como se había acordado con las Naciones Unidas dos años antes, no era necesario desplegar fuerzas policiales armadas hasta los dientes y pasearlas frente a la Cicig y frente a la embajada de Estados Unidos, mucho menos aparecer rodeado de altos mandos militares y policiales en una desactualizada imitación del estilo riosmonttista.

Tal fue el acobardamiento del presidente que en ningún momento mencionó que no se le prorrogaría la visa a Iván Velásquez, que vence este 18 de septiembre, y se dedicó a justificar con proclamas nacionalistas y ultraconservadoras la decisión de concluir las actividades de la Cicig en septiembre del año próximo.

Discurso e imágenes, en consecuencia, no se correspondieron.

Pero, como era la intención gubernamental, la población no dejó de percibir las imágenes y entendió que lo que se pretende desde el Ejecutivo es tensar la cuerda para imponer, a través de la amenaza y el miedo, soluciones judiciales y legislativas que recubran con un manto de impunidad al presidente y a los suyos. Fue por ello que, desde los mismos espacios represivos paraestatales, ese viernes por la mañana se diseminaron rumores de detención de magistrados, de diputados de oposición, de periodistas y de activistas de derechos humanos con la intención de, según se dijo, «friquear» a los opositores. En buena medida, la escenografía y los rumores cumplieron inicialmente su cometido. La sociedad y los distintos liderazgos, temerosos, encajaron el golpe y parecieron inmovilizados.

Velásquez debió salir del país, lo que cobardemente el Gobierno aprovechó para, con el apoyo de los proimpunidad estadounidenses, prohibirle la entrada. Sin materia que lo justifique, se le declara peligroso para la seguridad del país. Pero la sociedad ha salido del susto y avanza desde distintos sectores en procesos de movilización social que, masivos, arrinconan al régimen autoritario que Jimmy Morales quiere imponer.

Amante de la agresividad y el aspaviento, ha militarizado calles y avenidas en un amenazador desplante autoritario contra los críticos y opositores, que cada día son más. Los cuerpos policiales han sido vaciados de agentes para apostarlos masivamente en calles y avenidas próximas al Congreso de la República, en la Plaza de la Constitución y en Casa Presidencial, y efectivos del Ejército montan guardia armados hasta los dientes, creyendo que están a punto de combatir a un enemigo tan violento e irracional como ellos.

Sin embargo, el jueves 6 los distintos sectores de la sociedad civil de Quetzaltenango hicieron huir al presidente, quien no participó en la inauguración de la feria titular de la ciudad. Asimismo, a pesar del desacostumbrado despliegue policial, la movilización de la AEU consiguió impedir la realización del pleno de diputados el 11 de septiembre. Pobladores de Sololá y de Totonicapán se manifestaron masivamente en las carreteras el lunes 10 y el martes 11, respectivamente. El miércoles 12, el Codeca desplegó sus columnas en una impresionante movilización, a pesar de una desacostumbrada militarización de calles y avenidas en supuesta protección del presidente y de sus aliados ante una amenaza que solo él y los suyos imaginan.

La Plaza de la Constitución ha sido convertida en centro de detención donde abusivamente policías y miembros de la SAAS registran agresivamente a ciudadanos que desean participar en los tradiciones festejos populares del 15 de septiembre.

Jimmy Morales ha optado por encarcelarse a sí mismo, por esconderse tras una muralla de militares y policías que, oportunistas, lo asustan y estimulan a convertirse en el primer dictadorzuelo del siglo XXI. Cada vez más aislado política y socialmente, se parapeta tras metralletas de grueso calibre para imaginar que se impone y manda, en un desesperado y peligroso intento de ganar toda la impunidad posible.

Hasta hoy, los dirigentes de las distintas organizaciones sociales han logrado enfrentarlo con decencia e inteligencia, impidiendo que provocadores a sueldo permitan que sacie sus ansias de golpear y aporrear a quienes con base en los hechos lo critican y detestan.

Imaginándose carcelero y masacrador, día a día se esconde y aísla más, con lo cual evidencia que, al final de cuentas, el aterrado y asustado es él al ser rehén de sus propios actos ilegales. Su cárcel son las cuatro paredes de Casa Presidencial, extensivas a los cordones militares y policiales que lo hacen sentirse seguro, aunque evidentemente cada vez más solo e inmovilizado.

Fuente: [http://plazapublica.com.gt/content/el-presidente-encarcelado]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Virgilio Álvarez Aragón
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