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El precio del triunfo

La conspiración golpista y la respuesta del pueblo organizado.

La muerte de Hugo Chávez y su conversión en un mito movilizador de millones de jóvenes no es el hecho decisivo que explica la segura victorial del chavismo en las próximas elecciones venezolanas. La causa de esa victoria se encuentra en la organización popular que dejó Chávez y que sustenta al gobierno, el cual –es cosa sabida– está infiltrado por agentes de la oligarquía local y del capital corporativo transnacional. Éstos empero poco podrán hacer para revertir la victoria popular porque una vez las masas han pasado a ser sujeto de la democracia, tienen sobrados motivos para defender lo que les conviene, incluso a contrapelo de la eventual endeblez de algunos políticos que no se atreven a apoyarse en el pueblo para garantizar la prevalencia de sus conquistas.

Resulta obvio que la torpeza de Capriles, su oscilación entre invocar a Chávez como líder espiritual para disminuir a Maduro, e insultar al chavismo en histéricos simulacros de machismo le ha ganado el abandono del capital corporativo transnacional y sus agencias de inteligencia militar y civil. Este hecho despeja el camino de la victoria electoral de Maduro, tanto como el del peligro de que la Revolución Bolivariana sea derrocada por las armas, como lo fueron la guatemalteca y la chilena. ¿Por qué? Pues porque es un patrón de conducta de la ultraderecha continental el recurrir al derrocamiento militar de dirigentes progresistas electos por la vía de la democracia liberal, y porque aquél es el único recurso que le queda a la reacción para revertir el proceso venezolano, ya que la vía electoral la tiene perdida, sobre todo con candidatos tan livianos como Capriles, hoy inerme ante el asesinato por parte de sus financistas para culpar de ello al gobierno.

La Revolución Bolivariana está pues expuesta al golpe de Estado, un recurso cuya orquestación estará a cargo de agentes neoliberales clasemedieros de la oligarquía (como en la Guatemala de Colom), aliados con sobrevivientes jurásicos de la derecha ultramontana, militarista y setentera (como en la Guatemala de Rosemberg) que añoran el Estado militar porque el único oficio que aprendieron en la vida fue el de hacerle el trabajo sucio al amo oligarca.

Ante esto, la organización popular armada sobre la que descansa la Revolución Bolivariana responderá adecuadamente, a pesar de que ya los poderes fácticos mencionados se han dado a la tarea de cooptar posibles prospectos traidores a la revolución dentro del ejército y la burocracia estatal. El golpismo está entonces a la orden del día como alternativa neoliberal ante los gobiernos democráticamente electos de América Latina, tal como ocurrió en Guatemala y en Chile. Es obvio que el pueblo organizado se preparará para enfrentar esta nueva ola fascista que, como en el pasado, lo asolará en los próximos años. El mismo peligro enfrenta Evo Morales, Rafael Correa, Cristina Fernández. E incluso presidentes de derecha que, como el de Guatemala, se atrevan a asistir a actos protocolarios (el funeral de Chávez, por ejemplo) de regímenes considerados “comunistas” por el atraso oligárquico, la canalla militar y la comparsa neoliberal.

Venezuela se encuentra ya inmersa en la zozobra golpista. Luego de la victoria de Maduro vendrá la respuesta popular organizada. Y con ello se convertirá en el teatro de operaciones del enfrentamiento entre la caverna y los derechos de las mayorías.

La Revolución Bolivariana está pues expuesta al golpe de Estado, un recurso cuya orquestación estará a cargo de agentes neoliberales clasemedieros de la oligarquía (como en la Guatemala de Colom), aliados con sobrevivientes jurásicos de la derecha ultramontana, militarista y setentera (como en la Guatemala de Rosemberg) que añoran el Estado militar porque el único oficio que aprendieron en la vida fue el de hacerle el trabajo sucio al amo oligarca.

Mario Roberto Morales
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