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Irmalicia Velásquez Nimatuj

De cualquier lado del que se analice la realidad de Guatemala, el fracaso es uno de los elementos recurrentes, fracaso del gobierno y la administración pública, fracaso de las elites avorazadas que ahogan a la pequeña y mediana empresa, fracaso del sistema de salud, fracaso del esquema económico que concentra la riqueza y distribuye poco, fracaso en la construcción de una nación diversa. De hecho, la mayoría de los guatemaltecos que han sobresalido en cualquier campo, han tenido que dejar su tierra para avanzar y explotar su potencial, solo así son reconocidos y reclamados como hijas o hijos del país, de lo contrario, no formarían parte de la historia nacional.

El fracaso que arrastra Guatemala como país no es reciente, posee una larga historia en donde sobresale la generación de la riqueza a base de la imposición de un sistema que tiene su base en la expoliación de las mayorías.  De hecho el trabajo esclavo al que sometieron a las poblaciones originarias de la región y el despojo de sus territorios desde el siglo XVI permitieron la concentración de la riqueza de unos pocos, cuyos herederos en la actualidad se nutren ahora de la fuerza laboral que generan más de tres millones de mujeres y hombres que huyendo de las inequidades se abrieron camino en otros países, especialmente en los Estados Unidos, desde donde trabajan y envían los ingresos que ahora permiten que Guatemala respire económicamente y se mantenga a flote.

Tan importante es el trabajo de las y los migrantes que el Banco de Guatemala ha proyectado que, para fin de 2021, el total de las remesas que enviarán los más de 3 millones de migrantes alcanzará los 14 mil millones de dólares -superando por mucho los 11 mil 340 millones que ingresaron en 2020- lo que llevaría a que, por primera vez en la historia nacional, las exportaciones que produce el país pasarían a un segundo lugar.  El Banguat ha anunciado que la diferencia entre las remesas y las exportaciones podría oscilar entre 500 a 600 millones de dólares. 

Esta proyección da respuesta a por qué la migración no ha podido ser detenida, de hecho no podrán interrumpirla con programas en manos de los mismos sectores que son los responsables de la concentración de la riqueza, los generadores de la violencia, corrupción e impunidad. 

El análisis del Banguat es clave porque muestra, por un lado, el poder político y económico que está perdiendo el sector exportador y por el otro, que quienes dejan Guatemala tienen claro que es la única forma no violenta que hasta ahora les permite transformar sus vidas y modificar el futuro de su descendencia.   La migración es la única opción que le queda para romper los círculos de pobreza, exclusión y engaño en que han vivido.

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Fuente: [elperiodico.com.gt]

Irma Alicia Velásquez Nimatuj
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