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María Aguilar

Una semana atrás, el partido político Valor proclamó a sus candidatos a presidente, vicepresidente y diputados para la contienda electoral de 2019. Leer algunos nombres integrando las filas de este partido fue observar cómo nuevamente, desde un proyecto político y a través de las urnas, se le apuesta a la desmemoria, la impunidad y se impulsa una apología del genocidio que, arrasó no solo con generaciones de personas sino con cientos de comunidades completas.

El conflicto armado destruyó Guatemala. Lo desgarró. Le quitó las vísceras, le cortó las orejas, le arrancó los ojos, le extirpó el corazón. Y la impunidad con la que se abordó el pasado se convirtió en una estrategia más de tortura para asegurar la no reconstrucción del tejido social. Y es que ¿cómo se vuelve a ser humano después de tanta barbarie? ¿Cómo se les demuestra a las nuevas generaciones que la muerte, la tortura, la violencia, no es, ni debería ser, la norma de comportamiento de quienes nos gobiernan?

Quizá por ser una sociedad herida, que aún no logra recuperar la vista, cuyo cerebro aún está aturdido por los golpes, es que no se sabe dónde está el corazón machucado que le fue arrancado, por eso, elección tras elección se acepta y se apoyan candidaturas de personajes directamente relacionados con las más horrendas violaciones a los derechos humanos y de oportunistas, mujeres y hombres, que luchan incansablemente por justificar la violencia o negarla, como si hubiese una alfombra suficientemente grande para esconder a tantos masacrados. Como si los nombres de los miles de desaparecidos no silbaran con el viento.

Es así que en esta contienda se verá participando a personajes de la talla de Antonio Arenales Forno, férreo negacionista del genocidio en Guatemala. A Luis Rosales, abogado defensor del general golpista Ríos Montt durante uno de los procesos por genocidio. A la hija del genocida, quien aspira a la presidencia, aunque según la Constitución no tiene la potestad legal para postularse. Y como en ocasiones, el diablo si paga bien a quien bien le sirve, está también Roberto Molina Barreto, como candidato a la vicepresidencia, exmagistrado de la Corte de Constitucionalidad, y operador del CACIF, uno de los que anuló la sentencia por genocidio contra Ríos Montt en 2013.
Quizá la parte más publicitada del evento fue ver a hombres y mujeres ixiles vistiendo a Zury Ríos y Molina Barreto con su indumentaria local. Ese fue uno de los mejores ejemplos del poder hegemónico de la derecha, militares y oligarquía guatemalteca. Esos que gracias a la impunidad que compran, son parte de la construcción de una modernidad cruel, que utiliza nuestro pasado, nuestra cultura para exterminarnos, denigrarnos y oprimirnos.

Fuente: [https://elperiodico.com.gt/opinion/2018/12/10/el-partido-de-la-desmemoria-la-impunidad-y-la-apologia-al-genocidio/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

María Aguilar Velásquez
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