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El país no es set de grabación

Virgilio Álvarez Aragón

Dos últimos hechos hacen pensar que quienes se han quedado dirigiendo el Gobierno creen, efectivamente, que se puede construir la realidad a partir de sus fantasías.

Para vergüenza de los oficiales honestos y dignos que integran el Ejército de Guatemala, el recién ascendido a general Érick Melgar dispuso escenificar una supuesta desaparición con el evidente apoyo y beneplácito de sus superiores: el ministro de la Defensa y el presidente de la república.

Ambos tenían la obligación de entregar al reo, pero, en lugar de ello, amañaron un nombramiento y el acusado resultó afirmando que goza de derecho de antejuicio por ser presidente de un supuesto tribunal militar. En la escenificación de la comedia bufa entró, como actriz de reparto, la jueza Claudette Domínguez, quien, en su papel de jueza-legisladora de este reino del revés, dispuso enmendarles la plana a todos los teóricos al afirmar que, si bien la ley que regula el derecho de antejuicio no incluye a los militares, ella, porque así se le antoja, otorga al militar ese derecho, ya que la ley respectiva, dice la jueza, no se lo niega.

Si bien cualquier estudiante de los primeros cursos de Derecho sabe que la ley es de aplicación taxativa y no admite interpretaciones antojadizas, la jueza, escenificando voluntariamente el papel de boba, aceptó el argumento y retiró la orden de captura que días antes había emitido. Todo lleva a suponer que la puesta en cartelera de esta comedia tiene como objetivo que, mientras se interpreta, el sindicado organice la fuga definitiva, que incluirá, claro está, el pago de sus sueldos como militar sin atender sus obligaciones, por lo que podrá pasear tranquilamente por los jardines de Casa Presidencial o por las soleadas playas nicaragüenses sin que nadie lo moleste o le preocupe, tal y como ya sucede con su colega, el exdiputado y prófugo Édgar Ovalle.

Y mientras esta es la comedia bufa de la matiné, en la matinal, para encanto y diversión de los niños, el gobierno del cómico presidente Morales dispuso poner en cartelera la parodia de la detención de un reo peligroso. Con todo y armas de grueso calibre verdaderas, los policías fueron obligados a ridiculizar, muy al estilo de Moralejas, las riesgosas tareas de las fuerzas de seguridad en el momento de efectuar una detención.

En el mundo de la fantasía en el que viven el presidente y su séquito, ahora con un ministro de Gobernación a todas luces interesado en producir comedia bufa de quinta categoría, hacer que la captura de un reo peligroso parezca una cuestión fácil y hasta jocosa no dignifica la labor policial, mucho menos la peligrosidad de estas acciones. Pero, completando la bufonada, el jefe de la Policía, como el ministro de la Defensa en el otro caso, hace como que no sabe nada, cuando es evidente que el equipo de grabación y edición de la PNC estuvo a disposición de la elaboración de tan bochornoso video.

El país no está para escenas bufas, así estemos en pleno desarrollo de los preparativos de la Huelga de Dolores. Ejército y Policía deben no solo ser tomados en serio, sino respetados por sus altos dirigentes. Los jueces no pueden prestarse a escenificar melodramas o comedias bufas, como tampoco la Policía puede obligar a los detenidos a hacerlas de Nito y Neto.

La Corte Suprema de Justicia debe hacer volver a la realidad cuanto antes a la jueza Domínguez y a su protegido recién adoptado. Si el militar no ha cometido ningún ilícito, debe reunir todas las pruebas y demostrar fehacientemente cuán equivocados están el MP y la Cicig. Su reciente función como responsable de la formación de los futuros oficiales se lo exige, pues estos ven aún en él el tipo de militar que podrían llegar a ser.

Esconderse y buscar subterfugios para evitar presentar su defensa solo lo hacen públicamente culpable de lo que se le acusa. Ni el presidente ni el ministro de la Defensa deben preocuparse por el amigo y compadre. Dada la función que desempeñan, deben entender, de una vez por todas, que están allí para cumplir la ley, y no para proteger a los amigos, mucho menos para ridiculizar a la judicatura y a los policías.

Guatemala, su Ejército, su Policía Nacional Civil y la labor judicial exigen total y absoluto respeto, y los primeros en respetarlos deben ser las altas autoridades, que hasta ahora solo se han servido de ellos y en los últimos días los han ridiculizado.

Fuente: [https://www.plazapublica.com.gt/content/el-pais-no-es-set-de-grabacion]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Virgilio Álvarez Aragón
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