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El miedo también se construye

Gerardo Guinea Diez
gguinea10@gmail.com

Doctor en filosofía y ciencias sociales por la Universidad Libre de Berlín y docente de la Universidad de Potsdam, Mackenbach compiló, junto con Günter Maihold, doctor de la Universidad de Regensburg, Alemania, el análisis de doce académicos sobre la violencia, en particular, en Centroamérica. Así, desde la sociología, como de los estudios culturales, el libro La transformación de la violencia en América Latina hace evidente la transformación de pandemia y su penetración en diversos espacios de la convivencia, hecho que lleva a las sociedades a padecer lo que los autores denominan “narcosis traumatizada”.

En el libro se califica a Guatemala, El Salvador y Honduras como un “centro blando”. ¿De dónde esa calificación?
En estudios recientes sobre la presencia del narco en Centroamérica se ha hablado de estos países como un “centro blando” que hasta ahora ha quedado desapercibido, comparado con la atención que el tema ha ganado en el caso de México y Colombia. Los tres países (que todavía padecen de las secuelas de su pasado traumático reciente) se caracterizan por la debilidad de sus instituciones públicas/estatales, y por eso tienen grandes dificultades para oponerse al avance del crimen organizado.

¿Cómo se prolonga esa violencia social difusa en los individuos?
Una de las consecuencias es el creciente miedo de los individuos de moverse libremente en el espacio público –las ciudades centroamericanas hoy en día parecen una aglomeración de casas blindadas hasta en los barrios más pobres–, otra la es la creciente desconfianza en las relaciones interpersonales más allá del núcleo familiar.

El miedo es una construcción social poco comprobable por medio de datos empíricos, se afirma en la obra, entonces; ¿dónde hallarlo, cómo caracterizarlo?
Un elemento –como ya mencioné– es el proceso acelerado de lo que podríamos llamar la “condominización” o el encarcelamiento de los hábitats, especialmente en las ciudades. Otro aspecto es la discrepancia entre la percepción de los ciudadanos en relación con la violencia (por ejemplo, en encuestas) y las estadísticas sobre actos violentos. El miedo se construye también por los discursos sobre la violencia, sea en el campo político, sea en los medios, sea en las familias.

Hace 18 años escribí para revista Crónica un reportaje que titulé: En el país del miedo. Según varios psiquiatras, los porcentajes de población con depresión eran altísimos y el síndrome de estrés postraumático no se diga. ¿Tienen ustedes alguna medición con datos recientes?
No dispongo de datos recientes sobre la situación en Centroamérica; en general, según un estudio reciente, en Costa Rica –que en algunas encuestas sale como el país más feliz del mundo, según la autopercepción de sus ciudadanos– el mayor número de incapacitados en el mundo laboral se debe a depresión y no a otras enfermedades. En países como El Salvador, Guatemala y Nicaragua donde las heridas del pasado traumático reciente todavía no han cicatrizado, el fenómeno debe de tener una dimensión aún más dramática.

Si bien pasamos de la violencia política a la social, ¿cuál es la próxima escala de esta?
Tal vez la penetración masiva de la violencia causada por el crimen organizado en las relaciones familiares y más íntimas, más allá de la violencia intrafamiliar tradicional-patriarcal, que siempre ha existido –especialmente contra las mujeres: esposas, madres, hijas– y mezclándose con ella.

¿Qué es la desterritorialización de la violencia?
Con este concepto se intenta describir y entender el proceso de transnacionalización de la violencia. Mientras la violencia política de la época anterior se desplazaba dentro de un territorio nacional –por un lado los movimientos guerrilleros, por el otro la contrainsurgencia estatal– el crimen organizado hoy en día opera a un nivel transnacional, sean el narcotráfico y la economía de drogas, sean el tráfico de órganos o la trata de personas, para solamente mencionar las formas más visibles. Igualmente, el fenómeno de la violencia de las maras transgrede las fronteras de los Estados nación.

¿Algo parecido sucede con la literatura centroamericana que abordó y aún aborda el tema?
Si esta pregunta se refiere a las representaciones literarias de la violencia en las literaturas centroamericanas, sí; podemos constatar que se refieren a la violencia y el crimen organizado más allá de las fronteras nacionales. También es notable que la violencia está muy presente, no solamente en las literaturas de los países que fueron escenario de los conflictos armados, sino también en Costa Rica y Belice –es un fenómeno literario regional y transregional–.

En los últimos 20 años, las sociedades centroamericanas pasaron de la pobreza a la marginalidad apocalíptica. En el libro aportan un dato: de los 9 millones de habitantes de Lima, Perú, el 75% vive en barriadas. Las cifras en Guatemala son igualmente aterradoras. ¿Son ellos los únicos actores de la violencia o coexisten con otros?
Claro que no, y muchas veces son al mismo tiempo las víctimas y los actores de la violencia ejercida por los organismos transnacionales del crimen organizado.

¿Cuáles son los elementos que caracterizan la “democratización de la violencia”?
Con este concepto, el científico social holandés Dirk Kruijt intentó entender la prolongación y transformación –e incluso el crecimiento– de la violencia en los Estados centroamericanos posconflicto armado, que no se desarrolla y explica bajo regímenes dictatoriales/militares y en las formas de violencia antidictatorial y represión estatal, un proceso en el que están actuando nuevos actores armados en las sociedades centroamericanas que se caracterizan por el establecimiento de gobiernos democráticamente electos, y al mismo tiempo por una creciente pobreza y la exclusión social.

Los niveles de saña y odio de los crímenes para nada son retóricos. ¿De dónde nace tanta sevicia?
Seguramente no hay una explicación monocausal, las explicaciones oscilan entre una constante antropológica, las relaciones sociales excluyentes, pero también el goce del mal.

¿A qué le llaman “informalización” del proceso democrático?
En términos económicos, se refiere al crecimiento de los sectores no formales, no establecidos y no “asegurados” del mundo laboral, sector sumamente importante para el funcionamiento de las economías de las sociedades centroamericanas; en términos políticos y sociales a la desarticulación del orden social y político; por ejemplo, a través de estructuras paralelas de corrupción, enriquecimiento y empoderamiento a las instituciones oficiales que resultan en una aún mayor vulnerabilidad y debilitamiento de esas instituciones. Un ejemplo muy significativo son los acontecimientos recientes en Guatemala, dos décadas después de la firma de los Acuerdos de Paz.

Todos sabemos de la debilidad de los Estados centroamericanos, particularmente en el caso de Guatemala. En ese sentido, el peso de la impunidad, el narcotráfico, la limpieza social, las maras, los linchamientos, entre otros, configuran un cuadro más que espeluznante. ¿Ve alguna salida a ello?
No tengo una receta. Es una problemática sumamente compleja que una política de “mano dura” no podrá resolver. Lo que me parece sumamente importante son iniciativas hacia la creación de relaciones de confianza y de formas de convivencia más allá del miedo, a nivel estatal, de comunidades y familiares o interpersonales, en condiciones de una mayor igualdad e inclusión social. Sin lugar a dudas, es un camino largo.

 

Gerardo Guinea Diez
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