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Sobre El tiempo principia en Xibalbá, Luis de Lion.

La importancia literaria y antropológica de su novela

El tiempo principia en Xibalbá es un libro primerizo en el género novelesco y no una obra de madurez ni mucho menos. Esto lo entendía Luis, y por eso nunca publicó la novela. No quería que fuera leída como una obra primitivista, al estilo de las pinturas decorativas que para turistas y antropólogos enamorados de su objeto de estudio hacen los masificados artistas “étnicos”. Él quería madurar su expresión y expandirla, tanto en hondura de contenido como en rigor formal. Pero en el camino dejó de interesarle la novela como género porque descubrió la poesía. La última vez que lo vi, a principios de 1982, así me lo dijo: “Todos queríamos ser novelistas porque soñábamos con ser como Asturias y como el Boom, y nos olvidamos de que con la poesía podemos expresarlo todo sin tener que contárselo a nadie”. Luis echaba así por la borda toda la preocupación técnica que implicaba la novela en aquellos años (cuando se recurría a la experimentación posvanguardista para expresar la diversidad cultural), y se entregaba a su propia subjetividad mediante versos que lo han inmortalizado como el hombre maduro que era cuando los asesinos le tocaron el hombro en 1984.

Las razones por las que su novela ha captado la atención de tanta gente, dentro y fuera de Guatemala, se debe a varias razones. Las menos importantes tienen que ver con la moda “maya” instaurada por la cooperación internacional y por lingüistas y antropólogos estadounidenses imbuidos de acción afirmativa, Identity Politics, ansias de intermediación y corrección política. Esta última es resultado de la mezcla del conductismo y el puritanismo que animan la cultura de la mayoría silenciosa de la que suele provenir gran parte del profesorado que culposamente se acerca al “subalterno” como objeto de estudio, a favor del cual se siente compelido a interceder para aplacar su insoportable mala conciencia.

Las razones importantes por las cuales El tiempo principia en Xibalbá interesa a tanta gente, tienen que ver con la definida posición identitaria de su autor a la hora de fijar su punto de vista para escribir una alegoría autodesconstructiva de la condición colonial del indio en la modernidad hispanoamericana. Me parece que éste es el núcleo crítico que ubica a esta novela como imprescindible en nuestra historia literaria, a pesar de su naturaleza primeriza y juvenil. Es un diamante insuficientemente pulido pero primorosamente cortado hasta el hueso, con todo el dolor que eso implicaba. Luis no idealiza al indio. Al contrario, lo ve como un sujeto insuficiente, estático en el tiempo e incluso involutivo. Y se rebela contra eso siendo duro con los suyos y consigo mismo; riéndose amargamente de la propia condición para despertar la conciencia colectiva, no para victimizarse ni provocar empatías paternalistas ni para escalar en un mundo que él puede ver claramente como lo que es: el mundo del poder que se le ofrece y a la vez se le niega (como la Virgen de Concepción, quien era una puta ladina parecida a una imagen criolla de la Madre de Dios, siempre coqueta, perturbando a la indiada desde un altar de la iglesia en la aldea).

Luis era demasiado digno como para incurrir en el victimismo o algo parecido. Doy plena fe de ello. Por eso es que resulta insufrible que se lo tilde de “maya” o que se diga que escribió en español porque no pudo escribir en cachiquel, y otras tonterías políticamente correctas por el estilo. Luis amaba el idioma castellano, lo estudiaba, lo pulía, se lo enseñaba a sus alumnos. Y conocía la tradición literaria escrita en ese idioma, que era el suyo porque no hablaba ni una palabra de cachiquel. “Mi mamá nunca me lo quiso enseñar”, me dijo una vez, “porque quería que yo me defendiera en el mundo ladino”. Y vaya si se defendió.

Lejos de intentar una interpretación exhaustiva de la novela y de su autor, este prólogo ha querido sólo enfatizar en puntos que resultan imprescindibles para comprenderlos a ambos. Puntos que a menudo se soslayan idealizando la condición étnica del autor y su obra como partes de una otredad esencial que él habría repudiado. Lejos de esto, El tiempo principia en Xibalbá es una interpretación del mestizaje guatemalteco desde la condición étnica de un indio ladinizado que desmitifica estereotipos de un lado y del otro, y que por ello se funda como una voz de autoridad crítica que les habla a los mestizos, no importa si son criollos, indios, negros, mulatos, “mayas” o ladinos.

Mario Roberto Morales
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