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Manuel R. Villacorta O.

El gobierno de Giammattei estaba condenado al fracaso, incluso antes de que este se colocase la banda presidencial. Las razones eran obvias: 1. Fue impuesto a través de uno de los más aberrantes fraudes electorales en la historia de nuestro país. 2. Jamás presentó un plan de gobierno serio y sustentado para enfrentar los grandes problemas nacionales. 3. No tenía gabinete de gobierno, ni siquiera pudo presentarlo completo el día en que asumió el poder. 4. Llegó al gobierno mediante el fatídico financiamiento electoral ilícito, lo cual lo ligó para siempre al servicio de amos obscuros, verdaderos dueños de la obra pública, mediante una impresionante red de corrupción e impunidad.

Y la pandemia lo remató. Era evidente que Giammattei, dadas las particularidades ya descritas, iba a fracasar en la gestión de la pandemia y, con ello, propiciar una verdadera debacle para el país. Se evidenció la ofensiva situación del servicio público de salud y un modelo educativo obsoleto e infuncional, incapaz de adaptarse a la realidad vigente. Se sumó a ello su pésima gestión de la actividad económica nacional, en 2020 se perdieron más de 130 000 empleos formales y cientos de miles de empleos en la economía informal. Según datos de las cámaras privadas, ese mismo año se dejó de facturar aproximadamente 70 000 millones de quetzales en lo referente a la actividad económica nacional. Vivimos un verdadero proceso de descapitalización, de severas e implacables consecuencias, lo que generó un empobrecimiento aún mayor para la población guatemalteca. Y si esto aún fuese insuficiente, se remata la tragedia con ese ofensivo endeudamiento públcio que se aproximó a 35 000 millones de quetzales.

En ese contexto complejo y preocupante, se hace aún más evidente la corrupción dentro del aparato público. Lo último ocurrido, referente a la renuncia precipitada del secretario privado de la Presidencia, Giorgio Bruni, quien inmediatamente de ello se da a la fuga, termina de sellar con contundencia, hasta donde ha llegado la corrupción en el actual gobierno. Muchos otros casos de corrupción habían sido denunciados antes, los cuales, como es costumbre, no fueron sujetos a investigación y persecución penal por parte de un Ministerio Público que tiende a no cumplir con sus obligaciones constitucionales.

Si Giammattei antes de asumir la Presidencia era un fracaso anunciado, hoy llegó a constituirse como el verdadero promotor de un colapso nacional ya consumado y de insospechadas consecuencias. Las grandes demandas sociales potenciadas, históricamente abandonadas por todas las administraciones de gobierno anteriores, hoy están en un proceso de inminente explosión. No hay tierra para los campesinos, no hay empleo, la pobreza se agudizó con saña en contra de las mayorías, mientras el poder del Estado se diluye y atomiza frente a poderes locales, generalmente apuntalados por el narcotráfico y el crimen organizado. Guatemala ya es un Estado fallido, carente de un verdadero sistema de justicia y en donde, además, el 97 % de todos los delitos quedan en la impunidad.

Nuestro sistema político -perversamente establecido por el bloque de poder tradicional- no permite mecanismos para el cambio legal de autoridades cuando estas incumplen con sus obligaciones. Existe una especie de ley de hierro, que les permite a presidentes, alcaldes y diputados, gozar de un inmenso cheque en blanco para apropiarse de los fondos públicos a lo largo de 4 extensos años, flotando en medio de una repudiable piscina cuya matriz es la impunidad. Esto último explica con evidencia por qué estos sectores evaden cualquier posibilidad de llevar a las cortes, a jueces y magistrados independientes, experimentados y comprometidos con la justicia en el país.

¿Podremos soportar tres largos años más así? ¿Permitiremos que el país siga hundiéndose aún más en la impunidad, la corrupción, la pobreza y una desesperanza que se extiende por todas partes? Mucho se ha dicho sobre las élites, de su poder, de su responsabilidad en la conducción del país. Pero visto está, estas no tienen la menor idea de lo que ocurre en el país, esconden la cabeza como el avestruz, rehuyendo a enfrentar ese Frankenstein que construyeron desde hace muchos años y que hoy se les revierte con toda intensidad. Estoy convencido que la única solución deberá surgir dentro del seno del propio pueblo, con la conformación de un gran frente político social que no excluya a nadie, que tenga como centro el interés social, la justicia, la equidad y el progreso para todos en general. Titánica tarea, porque si antes esta era un desafío extraordinario, hoy se convierte en una acción nacional de vida o muerte.

Con Giammattei muere este putrefacto sistema político y económico tradicional, construir la alternativa será la tarea históricamente más compleja que se presenta para Guatemala y su pueblo. Pero no hay opciones, a prepararnos para ello, a enfrentar el desafío y luchar intensamente por ese objetivo. El momento del cambio es ahora, ya no hay alternativa.

¿Podremos soportar tres largos años más así? ¿Permitiremos que el país siga hundiéndose aún más en la impunidad, la corrupción, la pobreza y una desesperanza que se extiende por todas partes? Mucho se ha dicho sobre las élites, de su poder, de su responsabilidad en la conducción del país. Pero visto está, estas no tienen la menor idea de lo que ocurre en el país, esconden la cabeza como el avestruz…

Fuente: [El gobierno de Giammattei: el último eslabón de la tragedia | gAZeta]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Manuel R. Villacorta O.
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