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Jaime Barrios Carrillo

Me adhiero al concepto de que al Bicentenario corresponde conmemorarlo de manera crítica. Conmemoración implica ejercicio de la memoria y crítica deviene del griego“kritikós”, que significa discernir. Se trata de un acontecimiento que contempla variados aspectos, entre ellos la lucha por las ideas y su reflejo en el periodismo, por lo tanto el tema de libertad de expresión.

El caso de Simón Bergaño y Villegas ilustra contradicciones del momento pre independentista. Se trata de un personaje estigmatizado en su tiempo vital y a pesar de su labor pionera en el continente por un periodismo crítico y su apoyo a las ideales de libertad e igualdad no fue reivindicado por los criollos guatemaltecos que entonces levantaron la divisa de la Patria. Una clase criolla reducida y excluyente cuyos representantes formaron el acta del 15 de setiembre de 1821.

¿Quién era aquel hombre bastante perdido en la oscuridad del olvido? Los datos son escasos y contradictorios. El escritor liberal Ramón Salazar afirma que le parece extraño que el nombre de Bergaño “haya pasado desapercibido entre nuestras gentes de letras…a mi me cabe la honra de desenterrar su memoria casi después de cien años de su muerte.» Una versión de su biógrafo Salomón Carrillo Ramírez en 1944 (“El poeta Villegas”) da el año de 1781 como del nacimiento de Bergaño y Villegas en Escuintla. Pero han aparecido datos que indican que nació en España, como aseguraba en 1934 el célebre archivista Joaquín Pardo. En un escrito encontrado del propio Bergaño éste afirma ser “oriundo de las montañas de Santander”, es decir asturiano. También se ha localizado información recogida de un pasaporte mostrado en Veracruz en 1798 de un tal Simón Carreño y que sería el mismo Bergaño y Villegas. Hay un hecho en que parece haber acuerdo: sufrió un grave accidente en Escuintla al caer de un árbol y quedó lisiado de por vida con la necesidad de usar muletas para caminar.

La académica francesa Catherine Poupeney Hart considera que pertenecía a las clases medias rurales de España. La investigadora argumenta la valiosa biblioteca que tuvo Bergaño en Guatemala, que indicaría cierto poder adquisitivo. En todo caso, fue el primer escritor y periodista profesional de Guatemala, comenzó trabajando como escribano para el gobierno colonial del Capitán General González Mollinedo y Saravia. Luego pasó a dirigir el periódico La Gazeta de Guatemala hacia 1804.

¿Cómo era la Guatemala de principios del siglo XIX?, la ciudad a donde llego el poeta Villegas. La capital del Reino tenía apenas un cuarto de siglo de fundada después del terremoto de Santa Marta en 1773 y contaba con 25 000 habitantes; no había alumbrado público más que rudimentarios faroles de mecha. Un viajero holandés, Jack Haekfnes, escribe que la ciudad era tan joven que todavía muchas calles carecían de nombre. Era una ciudad levítica y pacata, inmersa en una religiosidad exaltada que regía sobre la moral y el comportamiento de sus habitantes. El analfabetismo era mayúsculo aunque un poco menor en la capital donde había estratos con educación e incluso una élite, dentro de la élite criolla, que se puede considerar letrada y algunos lo llegarían a ser en alto grado (del Valle, Molina, Aycinena, Beteta, Beltranena, Larrazábal, Villaurritia y otros).

Catherine Poupeney Hart en un ensayo luminoso sobre los precursores del periodismo en la América Latina colonial, presenta una triada de españoles que coinciden en la América Central: José Rossi y Rubí, Alejandro Ramírez y Simón Bergaño y Villegas. El primero pertenecía a la masonería y se traslada a Lima donde fundara el periódico “El Meteoro Peruano”. Alejandro Ramírez será el primer director/editor de La Gazeta de Guatemala que se refundará por iniciativa de Ignacio Beteta en 1794 con apoyo de la Sociedad económica de amigos de la Patria, inspirados en “El Meteoro Peruano”, equivalente peruano de la Sociedad de amigos del país. Bergaño y Villegas substituirá a Alejandro Ramírez cuando éste se muda a Puerto Rico con un cargo colonial importante.
Bergaño y Villegas había entrado en abierto choque con el Capitán General de Guatemala, debido a un romance frustrado con la hija de éste. Sus escritos levantan la indignación de los prelados y de las autoridades españolas. Comienza a ser espiado por los agentes de la curia y del gobierno que llevan noticias de las opiniones de Bergaño que consideran atentan contra la moral, en especial sus simpatías con Voltaire, un nombre prohibido por la Inquisición. Sus poemas eróticos también producen ronchas y ánimos de censura, por ejemplo las odas a “La Rosa de Elvira”. La rosa leyendo entre líneas es el universo erógeno y genital de su amada lirica que bautiza Elvira.

Bergaño y Villegas ha convertido La Gazeta en un medio que puede llamarse periódico, con noticias, textos de opinión, crónicas satíricas que tocan temas actuales y páginas literarias y de entretenimiento. Gran diferencia con La Gazeta original fundada por el gobierno colonial en 1723 y que duró solo uno pocos años y que era un simple impreso con información eclesiástica de fiestas y acontecimientos sociales como defunciones y matrimonios.

El acoso a Bergaño alcanza su clímax cuando publica el artículo paródico en La Gazeta que intitula “Hermafroditas”, la historia de Juana la Larga que es llevada a un médico famoso para que examine su condición genital. Bergaño comienza con la mención del hermafroditismo en la mitología griega y continúa con descripciones de la vagina. Lo que produce la explosión de la bomba es cuando escribe que “el clítoris tiene sus propios músculos internos y ligamentos, como el miembro viril, y esa circunstancia le hace capaz de erección como éste”. Bergaño concluye en que los seres humanos a pesar de los diferentes sexos tienen una igualdad biológica y la diferencia debe entenderse solo como complementaria. Fue demasiado. El arzobispo Luis Peñalver y Cárdenas denunció a Bergaño a la Inquisición y lo llamó “de origen desconocido”. Una interpretación válida para entender este desprecio de “desconocido” es analizar a la luz de las redes familiares que monopolizaban el poder en la Guatemala Colonial y que se reproducían con casamientos endogámicos como nítidamente ha señalado Marta Casaús en sus investigaciones sobre racismo y linaje. Por su parte, el Capitán General lo acusa de “díscolo, revoltoso, agitador de ideas perniciosas y sedicioso” por un escrito que le endilgaron la autoría y donde se trazaba una conspiración contra el capitán General. Sus libros fueron vendidos para pagar el viaje de deportación a Cuba y solo se le permitió llevarse la ropa que tenía puesta y sus muletas.

En Cuba debe permanecer preso en el Castillo del Morro y luego como paciente en un hospital debido a su estado de salud. Su amigo Alejandro Ramírez desde Puerto Rico interviene por él. En la isla funda varios periódicos, entre ellos “El correo de las damas” que es un embrión de publicación feminista, también “El patriota americano” con ideas de la Ilustración y “El diario cívico”. Publica el texto “Rasgo filosófico de Dorila” que analiza la situación de la mujer y con sutileza cuestiona el patriarcado pontificio. La reacción del obispo de La Habana Juan José Díaz de Espada llega de nuevo a la Inquisición. Se refugia en el campo pero es finalmente deportado a España. De nuevo se pierden las pistas. Hay fuentes que aseguran que murió en España en 1820 y otras que regresó a Cuba y falleció en 1828. Las preguntas nos siguen inquietando. ¿Por qué no regresó a Guatemala cuando se consumó la Independencia? ¿Por qué los criollos “próceres” y sus intelectuales e historiadores orgánicos no reivindicaron al poeta Villegas como precursor de la Independencia y el periodismo?

Sus poemas eróticos también producen ronchas y ánimos de censura, por ejemplo las odas a “La Rosa de Elvira”. La rosa leyendo entre líneas es el universo erógeno y genital de su amada lirica que bautiza Elvira.

Fuente: [elperiodico.com.gt]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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