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Sobre los lamentos neoliberales por una decisión patriótica.

El capital mayoritario de la transnacional petrolera Repsol no es español. Al contrario, los capitales españoles en Repsol son minoritarios. El 51 por ciento de las acciones son extranjeras, parte de las cuales las controla la mexicana Pemex, que a su vez está conformada por capitales corporativos transnacionales. Después de la nacionalización de Repsol en Argentina, esta compañía se halla ahora constituida por capital estatal mayoritario y participación importante de capitales privados. En otras palabras, no se convirtió en una empresa estatal sino mixta. Es más, puede decirse que es una empresa privada controlada por el Estado.

La razón de la medida tomada por el gobierno argentino tuvo que ver con que Repsol no reinvertía ni siquiera una parte reducida de sus ganancias en el país y, por lo tanto, no buscaba nuevos yacimientos ni explotaba los ya existentes que están inactivos. Esto hizo que Argentina tuviera que importar energéticos por una creciente cantidad de dinero, casi igual a su excedente comercial.

El grito estridente del ultraderechista Rajoy –quien tiene a España entera en su contra por sus antipopulares medidas neoliberales de recortes presupuestarios a la salud y la educación, y por su agresión a la clase trabajadora– es el mismo del capital corporativo transnacional; un grito multiplicado por los ladridos de esos escandalosos perros de presa clasemedieros en los que se constituyen los envaselinados burócratas de gerencia que se sueñan capitalistas, aunque jamás puedan dejar de ser empleadillos de confianza de sus amos oligarcas nacionales y transnacionales.

Es así como la patriótica decisión de Argentina es señalada de comunista por quienes se pliegan a los intereses corporativos transnacionales, en detrimento de la soberanía de sus pueblos, y se acusa a su presidenta de “chavista”, así como de todo lo que sataniza la obsoleta retórica anticomunista de guerra fría. Los gobiernos que se solidarizan con el insufrible aullido de Rajoy están encabezados por grupos fascistoides de rancias nostalgias franquistas. Es el caso del gobierno de México y del de Guatemala (para quedarnos en esta área tan castigada por el capital corporativo, el cual ha sustituido al Estado en sus funciones, sobre todo en las que tienen que ver con el bienestar público).

El caso de México se explica porque Felipe Calderón defiende a los funcionarios que compraron acciones de Repsol con dinero de Pemex, la cual ha pagado a aquélla grandes cantidades por contratos en suelo mexicano. El caso guatemalteco tiene que ver con la defensa de las condiciones de paraíso fiscal que rigen en el país para que las corporaciones extractivas hagan de las suyas en detrimento del ambiente y de la salud de la población rural; todo, a cambio de “muestras de cortesía” y accionariados minoritarios de esas transnacionales para funcionarios y oligarcas traidores al interés nacional.

Ya se sabe que para que el capital transnacional funcione en estos países, es necesario que cada oligarquía nacional se haga socia minoritaria de él, pues eso les garantiza a las corporaciones la lealtad de los gobiernos de derecha. Esta es la idea neoliberal de “libertad económica” y “reglas claras” para la inversión. Por eso, ante la decisión patriótica de Argentina frente a Repsol, el alarido de la bestia “libertaria” pasa de la porfía vociferante al silencio de la caducidad.

Mario Roberto Morales

Mario Roberto Morales es escritor académico y periodista. Autor de novela, ensayo, cuento y poesía. Es doctor por la Universidad de Pittsburgh y profesor en la Universidad de Northern Iowa. Es Premio Nacional de Literatura en Guatemala.
Mario Roberto Morales

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