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* Sobre el realismo mágico y las etiquetas que se imponen al arte literario, recordemos que en su aplicación hay más pereza que afán epistemológico o exegético. Se cae en el absurdo de creer que toda la literatura hecha en América Latina es realismo mágico. A ese punto se degradó el término, casi a lugar común. El concepto fue utilizado por primera vez en 1923 por el alemán Franz Roh para referirse a la pintura europea vanguardista; de Pablo Picasso, Marc Chagall, Paul Klee, Max Ernst, Otto Dix, entre otros. Su libro Realismo mágico se publicó en Revista de Occidente, España, en 1925. El venezolano Arturo Uslar Pietri fue el primero en utilizar dicho vocablo en América Latina, en 1948, para referirse a la obra de Miguel Ángel Asturias: «Lo que vino a predominar en el cuento y a marcar su huella de una manera perdurable fue la consideración del hombre como misterio en medio de los datos realistas. Una adivinación poética o una negación poética de la realidad. Lo que a falta de otra palabra podría llamarse realismo mágico». Asturias lo definió como el resultado de la abstracción de dos conceptos opuestos: «Entre lo “real” y lo “irreal” hay una tercera categoría de realidad. Es una fusión de lo visible y lo tangible, la alucinación y el ensueño. Se asemeja a lo que deseaban los surrealistas en torno a Breton, y es lo que puede llamarse “realismo mágico”». Para oponerse a este membrete, Alejo Carpentier escribió un prólogo en El reino de este mundo donde expone su tesis sobre lo real maravilloso.

Admin Narrativa