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En artículos que he leído en la prensa y en los comentarios a mi columna  que mandan algunos de los lectores, puedo percibir que existe en la derecha una soberbia sin fundamento. Un ánimo triunfalista recorre los argumentos más recurrentes en estas cuentas alegres del gran capitán: el comunismo ha muerto, ya no existen la derecha y la izquierda más que en la mente de trasnochados, la izquierda ha sido derrotada electoralmente, es evidente la superioridad de la economía de mercado sustentada en el pensamiento libertario (eufemismo vergonzante del neoliberalismo) etc., etc., vivimos el mejor de los mundos posibles nos recitan los derechistas ensoberbecidos. El argumento electoral  es blasonado sobre todo en Guatemala en donde la izquierda en efecto no pasa del 2 o 3% de las preferencias electorales. Pero la soberbia obnubila, y se olvida que han sido planteamientos de izquierda o centro izquierda los que han triunfado en México, El Salvador,  Nicaragua, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Perú, Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil. Se olvida que la derecha irritada por sus fracasos electorales  y su pérdida de control ha propiciado golpes de estado (Venezuela 2002, Honduras 2009 y Paraguay 2012), fraudes electorales (México 1988, 2006 y 2012), tentativas de golpe de estado (Bolivia 2008, Guatemala 2009 y Ecuador 2010).

Fracasos políticos y electorales aparte, lo que realmente habría que examinar es si la derecha ha sido capaz  de crear naciones prósperas y felices. Seguramente las habrá pero se cuentan con los dedos de una mano. La derecha neoliberal ha vuelto a Grecia, España, Portugal e Italia en naciones colindantes con el tercer mundo. Allí está España con 25% de desempleo abierto, 50% de jóvenes desempleados, 22% de pobres, y 10% de hogares en los cuales ninguno de sus integrantes tiene empleo. No nos vayamos tan lejos y revisemos la situación de Centroamérica, gobernada  a lo largo de su historia fundamentalmente por la derecha. Ciertamente el que en Nicaragua y El Salvador tengamos gobiernos que moderadamente no encajan en el perfil de la derecha, no implica que los grandes problemas sociales de la región  no sean responsabilidad del proyecto derechista: 51% de la población centroamericana es pobre o miserable  con cifras alucinantes de pobreza rural de 65-80% en Guatemala, Nicaragua y Honduras; solamente en Costa Rica el salario mínimo  rural cubre los gastos de la canasta básica; el promedio de vida de la población rural  (41% del total de población) es de 47 años y en 6 de cada 10 hogares rurales se vive en inseguridad alimentaria; los 6 países centroamericanos se encuentran entre los 40 más desiguales del mundo y entre  aproximadamente 150 países en materia de índice de desarrollo humano, Nicaragua se encuentra en el lugar 129 y Guatemala en el 131. En Guatemala el 22% de los adultos y casi el 50% de los niños están desnutridos. Cientos de miles de centroamericanos huyen de la miseria migrando. En materia de violencia, Guatemala, El Salvador y Honduras  tienen el triste honor de ser  la región más violenta del mundo con tasas de homicidios: en ciertas zonas  sobrepasan los 90 homicidios por cada 100 mil habitantes. La media mundial es de 8 por cada 100 mil y la media de América es de 15 por cada 100 mil.

He aquí el triste panorama que nos deja una derecha que actúa como clase dominante en vez de hacerlo como clase dirigente. Que actúa sin espíritu estatal porque no privilegia los intereses generales y nacionales, sino más bien mira sus propios intereses corporativos y particulares.
Por ello estimables señores de la derecha, cada vez que les entren accesos triunfalistas, recuerden el volcán de miseria y violencia que han construido. Y sobre el cual están sentados.

Carlos Figueroa Ibarra
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