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Nací en una comunidad agraria, en la parte sur de Quetzaltenango o como dicen muchos Xela, en Colomba Costa Cuca. En  sus inicios se llamó «Finca Las Mercedes»… luego de varias políticas gubernamentales guiadas por el Instituto Nacional de Transformación Agraria, INTA ,se transformó en «Comunidad Agraria Las Mercedes»… en los tiempos de los cafetales… siempre jugué con ser explotado. Me gustaba recibir mi canasto nuevo para ir a la aventura de la tapisca del café. Lo más agradable era comer en los cafetales, siempre por las mañanas preparaban café, tortillas, huevos revueltos o duros, frijol y a veces platanitos fritos. Sentarse en el puro suelo, muchas veces mojado por la lluvia o el sereno, sentir lo fresco de la mañana, era una sensación tan agradable; la jornada de trabajo terminaba casi a la 1:00 de la tarde, ya que generalmente empezaba la lluvia y las veredas y los caminos dejaban de ser seguros, sobre todo para quienes llevaban los sacos de café en hombros, sacos totalmente llenos amarrados con un lazo al final para que no se cayera el café. Era increíble ver aquellos hombres caminar con el saco lleno de café y el machete entre los brazos, una hoja de plátano que le servía de paraguas, cruzar riachuelos donde de puente únicamente existían troncos resbalosos.

Canasto, lazo y mecapal eran nuestros instrumentos de trabajo. Al llegar al beneficio de café entregaban cada saco y les marcaban una tarjeta perforándoles de acuerdo al peso del saco. El día de pago todos hacían cola para recibir lo ganado en la tapisca de café… para esos tiempos, 1973, yo desconocía el valor del dinero, pero recibir los 25 centavos eran tan alegre. Mi abuelita, Laura Alvarado (Mama Laura), trabajó toda su vida y el tiempo que duró la producción de café con ella me iba a la tapisca, siempre me decía: no mijo ese trabajo es muy duro, usted tiene que estudiar… mire sus manos… son bien finitas…este no es trabajo para usted mijo. Pero yo iba porque se podía comprar muchos dulces, un refresco o agua en la comunidad costaba 8 centavos… imagínese para alguien que apenas tenía 8 años.

Mi papá, Roberto López (Beto López o simplemente Betio), trabajaba como chofer del administrador de la Finca y fue siempre visionario. Mientras trabajaba como chofer, también se dedicaba al comercio en una pequeña tienda que posteriormente en 1979 se llamó tienda «Las Mercedes», en una colonia de la zona 19 de la ciudad capital.
Recuerdo que con las ganancias de la tienda compro un carro Chevrolet celeste con el cual trasladaba mercaderías desde Coatepeque a la Comunidad y algunas veces el Chevrolet servía para transportar personas… puro taxi. Mi madre, Herminia Alvarado (Mama miña) (Doña Mercedes), siempre ayudó a mi papá, ella atendía la tienda y el negocio de la televisión. Para ese tiempo no existían televisores en mi comunidad. A la par de la tienda, en un cuartito techado se colocaron bancas hechas con madera y los patojos pagaban 1 centavo por ver televisión. Mi mama no perdía el tiempo: en lo que miraban tele les vendían aguas, dulces, y platanitos fritos.

Por aquella época nos visitaban algunas personalidades, de algunos no recuerdo sus nombres pero de otros sí porque luego figuraron en la vida política del país, tal es el caso de Donaldo Álvarez Ruiz, posteriormente famoso ministro de gobernación, pues en esa época aún joven llegaba a la comunidad y reunía  gente porque solía invitar a tomar aguas en la tienda de mi papá. A cualquier persona que estuviera o llegara a la tienda le decía “quiere tomarse una agüita pídala, yo la pago… usted también Betio…
Otro personaje muy querido era Ernesto Fingado, también le gustaba llegar a las fiestas patronales y ser el primero en bailar en el salón comunal, como decíamos “romper el Baile”, Fingado en la actualidad es periodista y fue diputado al congreso.

Otro personaje también muy querido era el Dr. Héctor Aragón Quiñonez, médico del IGSS de Colomba Costa Cuca y también poseía su clínica particular. El Dr. Aragón Quiñonez alivió a mucha gente como médico, yo soy uno de los que le debe la vida. Posteriormente el Dr. formó parte de la Derecha, diputado y médico particular o de cabecera del derechista Mario Sandoval Alarcón, más conocido como el “Mico”.

Otro de los personajes es Nery Samayoa, quien fue director del Instituto Nacional de Trasformación Agraria INTA. Como autoridad visitaba constantemente la comunidad, luego lo hacía por asuntos políticos ya que también fue y es diputado al congreso de la república.

Otro de los personajes es Salomón Ruano, tesorero o contador en la “Finca Las Mercedes”, trabajó mucho tiempo para ella. Parrandero y bebedor por excelencia, creo que el final de sus días fueron así.

Otro de los personajes es Efraín Oliva Muralles, fue administrador de la “Finca Las Mercedes” más conocido como Don Efraín,  enérgico, mantenía el orden y el desarrollo de las actividades normales, posteriormente también fue diputado.

Bueno, hay muchos personajes que llenan mis recuerdos, como mis profesores, la Seño Marta, mi maestra Tinita, el profesor Carlos Paz, el profesor David, y muchos más que no llegan a mi memoria.

Mi padre enfermó de algo raro… a mi corta edad yo no entendía pero era algo muy mal en el cerebro. Recuerdo que un señor, Don Miguelito, que trabajaba allí en la finca, le contó que en la capital había un doctor especialista en esas enfermedades, el doctor Vicfor (no sé si así se escribía, solo sé que era Alemán.). Creo que la clínica estaba por la Avenida Bolívar, pues mi papá viajó a consultarle a dicho doctor y efectivamente le confirmó que tenía unos tumores en el cerebro y además los huesos de la cara ya estaban podridos que tenía que trabajar extirpándoles los tumores y los huesos arreglarlos con platino.

En dos o tres oportunidades viajé con mi papá, creo que después de la operación. Él tenía que seguir en curaciones. Recuerdo bien a mi tía Antonia (tía toná), que vivía en Villa Canales, allí estuvo mi papá recuperándose después de la operación. Viajar era tan impresionante… me gustaba venir con mi papá, conocer otros lugares, en las tiendas aprovechaba para comprar cosas novedosas: frutas de plástico con azúcar adentro, habían fresas, limón, uvas y banano, y además unas pequeñas botellitas también llenas de azúcar. Cuando mi papa ya estuvo bien de salud, llevábamos para vender en la tienda todos esos productos novedosos.

El Chevrolet se volvió viejo y descompuesto, se vendieron sus partes como repuesto, solamente quedó el cascarón o chasís, jugábamos allí a manejar carro. En 1975 se decidió a comprar otro carro, allí por Mazatenango. Lo acompañé a comprar un jeep verde algo a lo militar pero muy bueno, ese fue nuestro carro hasta el mes de octubre de 1976, año en que decidió venderlo porque iba a comprar una casa en la ciudad capital porque mi padre había decidido migrar para que nosotros tuviéramos la oportunidad de seguir estudiando… para que en lugar de jugar a ser explotado no terminara siendo un explotado más.

 

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