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De Cantón a la chifurnia del oriente guatemalteco

Gerardo Guinea Diez

Julio Lau Pat llegó a Agua Blanca, luego de un largo viaje. La primera escala fue en San Francisco, California; después, arribó a Acajutla, El Salvador. Decidido, caminó 70 kilómetros hasta ese polvoriento pueblo, al que no lo ataba nada, “ni siquiera el rencor, la semilla más pródiga en ese páramo inhóspito”, escribe su autor. Este viernes, Pedro Pablo Palma Lau presenta el libro Julio Lau Pat, el efecto mariposa, Cantón-Agua Blanca, bajo el sello de Editorial Cultura, del Ministerio de Cultura y Deportes.

Lau Pat huyó de Cantón, la ciudad más cosmopolita de China y una de las cinco más grandes del planeta, por esas pendencias de los humanos: la invasión de Japón, en diciembre de 1937, a la ciudad de Nan Kin. “Los nipones lo hacían con la asiduidad de las hormigas arriegas, devorándolo todo”, escribe Palma Lau, nieto del inmigrante chino. El personaje, según se lee en el libro, Lau Pat “amaba especialmente el río Las Perlas… y, como dijo Octavio Paz del Sena, fluía y se deslizaba como una frase pacífica”.

Años antes, Lau Pat había ingresado al monasterio budista de la Pagoda de Las Flores. Aspirante a monje, predicaba una insólita frase: “La virtud solo se encuentra en los extremos: la abstinencia completa o en la disolución absoluta”. Había ejercido varios oficios: vendedor de flores, cocinero y marinero.

Pisó Agua Blanca, pequeño poblado de 3 mil habitantes. Ahí vivía su hermano, Lau Yoc, próspero comerciante, asentado desde décadas atrás. Fue testigo de la presencia cada cierto tiempo de los gitanos, quienes se dedicaban a “adivinar la suerte, realizar curas milagrosas y sesiones de espiritismo”, delirios descritos en la página 25. También, su asombro ante las visitas de un “grupo de mujeres alegres de El Salvador que alquilaban el salón municipal, tendían sus petates como tálamos nupciales en serie… Era un pululante carrusel de sexo al que no se le veía el fin”, descripción que posee reminicencias macondianas, sin duda.

Su hermano, avecindado desde el año 17, pudo prosperar gracias al ferrocaril. “El tramo de la vía férrea de Chiquimula a Agua Blanca, particularmente la zona montañosa de San José La Arada, es considerado una obra maestra de la ingeniería del siglo XX. Estudiantes de ingeniería de universidades estadounideses llegaban a estudiar sus planos de este magnífico tramo”.

Lau Yoc se había casado con una sobrina nieta del presidente Vicente Cerna. Él, en cambio, apenas conoció el amor. No obstante, alcanzó la fama de diseñador de ropa en un pueblo ajeno a esos gustos. Su día más memorable fue cuando vio al dictador Ubico entrar al pueblo en su Harley Davison.

Y pasaron los días y los años, hasta que en 1949, doce después de aquel día de tocar tierra calurosa de una fantasmagórica Agua Blanca, tomó un avión con otros residentes para volver a Cantón. Para su mala fortuna, “fue declarado reaccionario y agente del imperialismo yanqui. Hecho prisionero en una comuna de reeducación”. Tenía setenta años. “La última carta que llegó de él está fechada a principios los setenta”. Como señala su nieto, “Lau Pat se perdió o se encontró o, en cualquier caso, fluyó en la inmensidad de China”.

Hermosa y cruel historia de un personaje, víctima de los azares y caprichos de la Historia. Como indica su autor, paró en los ríos del infortunio. “Todas las veces. No una ni dos: todas las veces. Todas.”

Asiste y conoce el libro
Sophos, Plaza Fontabella, Hoy, a las 19:00 horas.

Fuente: [http://www.s21.com.gt/vida/2016/03/04/canton-chifurnia-oriente-guatemalteco]

 

Gerardo Guinea Diez
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