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Cultura de denuncia

Rolando Enrique Rosales Murga

Denunciar ha sido la forma en que nos oponemos a injusticias. En Guatemala tenemos un antecedente reciente de denuncia. Una de las frases más conocidas en Guatemala es «ver, oír y callar». El mutismo producto de la mordaza de la desaparición forzada o ser asesinado por opinar. El paso a la era democrática nos ha permitido ejercer derechos inherentes como la libre emisión del pensamiento. Producto de esta libertad se ha logrado quitar del gobierno al presidente y la vicepresidenta (aunque, como en el caso de Ubico, ayudó el hecho de que EEUU les haya dado la espalda).

Luego de las jornadas democráticas en las cuales miles de personas exigían la salida de Pérez Molina y Baldetti quedaron rescoldos de denuncia, ya que muchas personas se dieron cuenta de la efectividad de quejarse. La denuncia en las redes sociales tiene dos caras, la una es la que ayuda a recuperar un auto robado, o a dar con el paradero de una persona desaparecida, y por otra parte está la denuncia difamatoria, la cual se fundamenta en la contumacia, en la saña.

Pongo por ejemplo si alguien da su opinión religiosa y es contraria al credo de alguien más; el primer paso es que la persona se sienta ofendida, seguidamente hace una captura de pantalla o cita tergiversando las palabras de la persona que según su criterio le ha ofendido. Ya con la captura de pantalla publica en su muro e invita a todos quienes se sientan ofendidos a insultar al ofensor. Se conoce coloquialmente como linchamiento virtual, tiene por finalidad manchar el honor, el buen nombre o caricaturizar sus rasgos físicos.

En el camino de la libre expresión cualquiera podría exteriorizar sus pensamientos, ya que estos no son objeto de derecho, pero los convencionalismos y costumbres hacen que tengamos estándares de lo que es normal y lo que no, de manera que si alguien es distinto, nuestro egocentrismo nos dicta que está mal, y hay algunas personas que simplemente no quieren tolerar, de modo que se convierten según ellos en guardianes de lo normal y sienten que su deber es pasar por la hoguera del linchamiento virtual a toda persona que no piense igual.

Pero no solamente en las redes sociales se da esta clase de problemática de intolerancia hacia las ideas. Desgraciadamente es en la universidad donde más se puede encontrar personas resentidas y sin criterio que atacan todo lo que esté fuera de sus estándares. Cuando el alumno de derecho es reprimido por ser ateo, habiendo libertad de culto, o por ser pobre siendo de universidad pública, o por cualquier otra razón estamos frente al linchamiento, ya que hay catedráticos que se mofan en público de los alumnos que según ellos están mal. Si lo digo es porque lo he vivido. En una próxima ocasión hablaré del sistema de discriminación de alumnos llamado raleo que se vive en la USAC.

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Rolando Enrique Rosales Murga

Rolando Enrique Rosales Murga, 26 años, se dedica a la panadería tradicional. Escribe desde los 12 años. Su obra ha aparecido en las revistas mexicanas Catarsis y Papalote. Ha participado en certámenes y antologías a nivel latinoamericano. Su obra ha sido leída en radios de Colombia y España. Ha ganado certámenes a nivel local y sus poemas han sido objeto de estudio en tesis de los alumnos de Derecho de la promoción 2016 del Centro Universitario de Jutiapa de la Universidad de San Carlos de Guatemala.
Rolando Enrique Rosales Murga
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