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Año nuevo en La Habana. Momentos después de las doce de la noche del 31 de diciembre de 2011 y luego de abrazar a mis seres queridos, he salido al portal de la vetusta casa que habita mi familia política en el barrio de Luyanó. La gente del barrio también ha salido a los portales y balcones de las casas decrépitas que recuerdan una belleza ya ida. Algunos tiran cubetadas de agua hacia la calle para espantar a los malos espíritus y para que el año nuevo sea propicio. La música de salsa retumba en todo el vecindario, mientras es posible escuchar los 21 cañonazos con los cuales se saluda al nuevo año desde la Fortaleza de La Cabaña. Los barcos en el puerto de La Habana, relativamente cercano al populoso barrio en donde he pasado los últimos días, suenan sus sirenas dándole a la noche un paradójico aire melancólico porque contrasta con la algarabía que hacen los ruidosos habitantes del lugar. En las puertas de alguna de las casas de la calzada de Luyanó en donde me encuentro, veo que hay una pequeña fogata en la que se incendia todo aquello que se quiere desechar del año que ya se fue. Año nuevo en Luyanó, barrio ancestral de mi familia en Cuba, junto con Regla uno de los dos “barrios rojos” desde antes de la revolución de 1959. Zona de influencia política del que fuera el partido comunista de Cuba, el Partido Socialista Popular. No podía ser de otra manera. Luyanó y Regla fueron barrios de estibadores y obreros portuarios, parte importante de la clase obrera cubana durante la primera mitad del siglo XX.

Recostado en el barandal del portal veo venir caminando por la calle de Guasabacoa a dos muchachas, una de ellas de pantalones ajustados, andar majestuoso y ombligo a la vista. Cada una de ellas jala una maleta con ruedas encabezando una pequeña comitiva que le da la vuelta a la manzana. Esto quiere decir que esperan que el año que se inicia les traiga el viaje que ellas tanto desean. Y en la Cuba de hoy, esa Cuba que sobrevive a 53 años de bloqueo y agresiones estadounidenses, viajar casi siempre quiere decir migrar. Mientras admiro el sinuoso andar de las muchachas cubanas maleta en mano, reflexiono sobre ese migrar “al yuma” (al norte) que forma hoy parte importante de la vida cotidiana en Cuba.

Cuba ha vivido con severas limitaciones durante los 53 años de su revolución. Errores de conducción de la dirigencia cubana explican estas limitaciones. Pero me parece un análisis ideológizado, soslayar que esas dificultades proceden sustancialmente del bloqueo terrible al que ha sido sometida la isla desde Washington. Cuba tuvo que bregar con la suspensión de compras de azúcar, su principal exportación, desde los primeros tiempos de la revolución. Cuba tiene que comprar medicinas a alto precio porque los Estados Unidos de América no se las han vendido. Algunos farmers han logrado conseguir vender alimentos a Cuba después de trabajosas negociaciones y al estricto contado. Las empresas estadounidenses tienen prohibido realizar transacciones con Cuba. Las que no lo son enfrentan severas sanciones si realizan negocios con Cuba. El turismo estadounidense a la isla está prohibido y fuertemente multado. Y en todo este contexto a Cuba se le vino abajo el 80% de su comercio exterior cuando la Unión Soviética y toda su periferia se derrumbó en 1991 por su podredumbre interna. Y si todo esto fuera poco, la isla ha tenido que enfrentar la constante actividad terrorista que han propiciado los exiliados cubanos y la CIA. Desde 1997, el Departamento de Estado ha erogado 201 millones de dólares para financiar actividades subversivas en la isla. Fidel Castro ostenta el Record Guiness de atentados fallidos en estos 53 años: 638. Así como lo lee estimado lector o lectora: seiscientos treinta y ocho. Y lo del Record Guinness no es broma. Cifra que habla de la eficacia de los servicios de inteligencia cubanos y en menor medida de la torpeza de los conspiradores.

Con todas estas limitaciones, obviamente hay mucha gente que se quiere ir del país. ¿Cómo retener por ejemplo a una mano de obra altísimamente calificada con salarios de a lo sumo 50 o 60 dólares mensuales? No obstante, no olvidemos que en los años pasados entre 300 y 400 mil centroamericanos (particularmente oriundos del triángulo norte) intentan llegar a Estados Unidos de América pasando por México. Y en México la cifra anual de migrantes ha oscilado entre 300 y 500 mil personas. Pero mexicanos y centroamericanos no tienen los privilegios migratorios que Washington ha concedido a los cubanos. Si un cubano llega poner un pie dentro de los Estados Unidos de América, pronto conseguirá el “green card” y trabajo, y a los dos años puede estar de regreso visitando a sus familiares.

Año nuevo en Cuba. Un año más de penurias. Pero también de resistencia.

Carlos Figueroa Ibarra

Carlos Figueroa Ibarra. Sociologo especializado en el tema de violencia política, terrorismo de estado, procesos políticos latinoamericanos. Autor de libros y artículos sobre esos temas.
Carlos Figueroa Ibarra

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