Mikaela y los embarazos tempranos

Según diversas fuentes estadísticas, de cada cinco adolescentes, tres viven en pobreza.

Marcela Gereda

En uno de los mercados de artesanías de La Antigua, conocí a una niña de 13 años verdaderamente brillante, hermosa con su huipil y su corte. Nacida en San Bartolo Aguas Calientes y hermana de otras seis. Pocos son los que pueden pasar por su puesto de venta sin comprarle, porque a todos nos conquista con su sonrisa pícara. Al preguntarle a Mikaela cómo hacía para que todos los turistas le compraran, contaba que ella desde niña iba a vender con su mamá al mercado y que por eso se volvió “la más pilas de toda La Antigua” para vender.  Es la definición exacta de “chispuda”.

Capaz de hablar a los turistas en francés, inglés y alemán, haciendo bromas y corriendo de un lado a otro, así pasaba sus días Mikaela.

Cada encuentro con ella era el encuentro con la risa, la picardía, la inocencia y la alegría de quien sabe disfrutar de lo que hace.  Siempre que la veía quedaba convencida en que en medio de tanto caos nacional, un mundo nuevo puede aún surgir.

Hace unos días volví a visitarla, la encontré con la mirada ausente, respirando hondo y pausado. Le vi la panza, estaba embarazada, a punto de dar a luz. Me contó su historia, la historia de miles y miles de niñas en el país: un noviecillo la forzó, quedó embarazada, y él huyó.

Según informes del Observatorio de Salud Reproductiva y UNICEF revelaron que durante el año 2014 se registraron en Guatemala un total de 71 mil embarazos en niñas y jóvenes de entre diez y 19 años, de las que 5 mil 119 eran menores de 14 años. En los datos de 2015 no se observó ninguna mejoría.

El Renap registró entre 2012 y 2015 alrededor de 40 mil matrimonios en los que al menos uno de los cónyuges era menor de 18 años, la mayoría niñas y mujeres adolescentes.

Guatemala ocupa el primer lugar en Latinoamérica en número de partos en niñas entre los diez a los 14 años. Además, es el tercero en embarazos de adolescentes. Según diversas fuentes estadísticas, de cada cinco adolescentes, tres viven en pobreza.

Por si esos datos no fueran suficiente evidencia del abandono en que el Estado tiene a la juventud y a la niñez, es necesario recordar que aquí uno de cada dos niños sufre de desnutrición crónica, y que ello retrasa su crecimiento físico e intelectual. Además de la visible invisibilidad de las atenciones y acciones del Estado, a causa de profundas desigualdades y pobrezas, los muchos niños son víctimas de bestiales agresiones físicas y verbales. Todo esto daña su salud mental. Quebranta la dignidad humana. Les centrifuga de la vida.

Ante un Estado históricamente racista e incapaz de ofrecer salud a su población infantil y joven educación y ante una sociedad conservadora e indiferente que (con excepciones) no parece ver más allá de sus narices, el destino de las jovencitas parece no tener muchas alternativas.

La situación de las niñas en las áreas rurales es una de discriminación y exclusión, obligación de trabajos domésticos no remunerados, muchas de ellas se convierten en objeto de abuso sexual, niñas-madres, víctimas de violencia que luego tienen miedo de denunciar ante las instituciones.

Con una honda limitación a la salud y la educación, las niñas y mujeres en el área rural se enfrentan a los desafíos que representa nacer en un cuerpo de mujer en una sociedad de cultura patriarcal como la nuestra.

Eso de que la juventud y niñez es el reto mayor de cualquier país, su presente y su futuro, a los políticos de turno los tiene sin cuidado. A Jimmy Morales parece importarle más contar chistes facilones y saber marchar que generar programas de educación sexual para jóvenes. Le importa más saber marchar que invertir a través de estrategias políticas de educación para el futuro de la niñez.

El futuro de Mikaela y de la pequeña criatura que traerá al mundo es tan incierto como el todos los jóvenes nacidos en la pobreza y en la ausencia de educación en esta arrugada geografía. ¿Qué tendría que pasar para que los políticos y la sociedad tomarán su responsabilidad para hacer como absoluta prioridad la educación sexual y la prevención de los embarazos tempranos?

Excluidas y discriminadas, ignoradas e invisibilizadas por un Estado que no responde a las necesidades reales y concretas de una población que nunca ha sido central en el desarrollo de programas e inicitivas de educación, seguirán las niñas y chavas del área rural inventando y buscándose la vida como pueden.

La situación de las niñas en las áreas rurales es una de discriminación y exclusión, obligación de trabajos domésticos no remunerados, muchas de ellas se convierten en objeto de abuso sexual, niñas-madres, víctimas de violencia que luego tienen miedo de denunciar ante las instituciones.

Fuente: [www.elperiodico.com.gt]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Marcela Gereda

Marcela Gereda

Antropóloga de corazón y profesión. Enraizada en la literatura, la poesía y el periodismo. He buscado cultivar el ensayo etnográfico sobre situaciones interculturales, urbanas y rurales, tratando de dar cuenta de la dinámica de las hibridaciones y los mestizajes culturales que articulan las mentalidades de conglomerados en situación de marginalidad, como ocurre con las mujeres del Sahara Occidental que han vivido en España y Cuba y que han tenido que volver a los campamentos de refugiados, y con las maras y los mareros de Centroamérica. También ha trabajado para los derechos de salud reproductiva de mujeres indígenas.
Marcela Gereda