Antigua de mis alegrías

Oxwell L’bu

Cómo olvidar esa alegría que sentía, cuando siendo un chiquillo escuchaba decir: hoy iremos a la Antigua.

Aquello era una fiesta, donde la orquesta eran las risas de los patojos cantando en el autobús cuando este se acercaba al cerró de la Cruz y luego bajar a aquel lugar, donde era tan fácil dejar volar la imaginación.

Más de una vez mis rodillas besaron su suelo, todo por ese anhelo de salir corriendo a toda prisa para llegar primero a las ruinas. Aquellos paseos mágicos eran escuchar las historias increíbles de la abuela, era imaginar que cobraban vida todas sus leyendas y sentir que eras parte de ellas. Era ir a empaparse hasta el alma en las grandes piletas, era jugar en las ruinas al escondite y que te estuvieran llamando para comer y no dejar de correr… Esos paseos con momentos tan significativos, hacían que todo cobrara sentido. Eran esos almuerzo a la carrera, comiendo un pepian, un jocón y cualquiera de esos platillos chapines que alegran el corazón.

Ir a la Antigua era quedarse con la boca abierta ante las historias con realismo mágico de los cuenteros, que contaban sus historias en el Portalito; aquellos paseos inolvidables era celebrar que te compraran una pelota de tripa de coche, un chinchin, un capirucho… Era ir a sus templos y ver la devoción de la gente.

Y al caer la tarde degustar, una tostada, un chuchito acompañados de un buen atol de elote; era ir a sus dulcerías y comerse unos higos en miel, unos cocos, unas cocadas y bajarselos con agua para no empalagarse, era sentir ese dejo de tristeza , cuando sabías que estaba próxima, la hora de partir.

Antigua Guatemala de mis alegrías, de esos hermosos recuerdos, en que siendo un patojo, corría por tus calles empedradas y en los que tus espantos y leyendas cobraban vida…Antigua de mis alegrías de niño, alegrías que hoy son historias, cuyas memorias, llevó en el corazón.

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