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Silvia Titus

Solo imaginen esto: Una guatemalteca viviendo sola en Ámsterdam, con familia en Estados Unidos y otra en Guatemala, sin novio, hijos o animales. Mi abuela me llama Pata de chucho porque yo viajaba más de lo que pasaba en casa. Y si estaba en Ámsterdam estaba en algún restaurante, bar o reunión con amigos.

En eso se vino la cuarentena en Ámsterdam y me tocó aprender a estar en casa por días y meses. Solo salía a botar la basura o al supermercado. Todo mi sistema de vida cambió de la noche a la mañana. Al principio estuve con miedo, llorando, reclamando, deprimida.

Pero hice algo que no muchos logran hacer: cambié mi foco de atención.

Primero acepté mi presente. Me di cuenta de que las noticias y los videos que mis amigos y familiares me enviaban por Whatsapp en lugar de hacerme bien me causaban ansia. También descubrí que meterme a Facebook y ver todo lo que ponían familia y amigos eran parte de su ansiedad y me la estaban trasmitiendo al leerlos o abrir los videos que compartían. Entonces decidí ponerle un alto a todo eso. Dejé de poner cosas en Facebook acerca de la Pandemia y de ver lo que otros ponían al respecto. Les pedí a mis amigos que me enviaban cosas por Whatsapp no hacerlo o simplemente no les contestaba. Ellos entendieron mi silencio.

Después me puse a hacer un listado de cosas que quería y podía hacer desde casa: 1. Ejercicios 2. Nuevas recetas de cocina 3. Escribir 4. Leer 5. Estudiar algo nuevo 6. Pintar. Decidí poner en mi listado solo cosas positivas. No quería salir de la Pandemia alcohólica, obesa, con basura de la televisión, sin ningún propósito o siendo la misma persona que antes de la Pandemia.

Estando en cuarentena había días que se me hacía difícil hacer ejercicios, pintar o simplemente leer, pero me forzaba a hacerlo. ¿Por qué? Porque notaba que al hacerlo me sentía mucho mejor anímicamente. Por ejemplo, al hacer ejercicios dormía mejor, al leer o pintar me relajaba mucho y también dormía mejor. La cocina me entretenía durante el día y también me hacía pasar las horas rápido y aprendí unas recetas deliciosas de la cocina mediterránea, que es la que más me gusta aparte de la latinoamericana.

Pero lo que más me ayudó en la cuarentena fue estudiar. Encontré un estudio que me gustaba y me motivaba a seguir aprendiendo. Pasé horas investigando, leyendo, viendo videos y hasta ahora todavía sigo estudiando.

Una parte del estudio era enseñarnos a cambiar el foco de atención. Decía que nosotros habíamos aprendido desde niños a quejarnos por lo que carecíamos, pero ¿acaso agradecíamos por lo que teníamos? Así que nos pusieron a hacer un ejercicio que hasta ahora lo llevo a cabo porque me ha servido mucho. El ejercicio es escribir 3 agradecimientos al levantarnos y 3 al acostarnos. Al principio me costaba mucho pero ahora cuando acaba el día me emociona escribir las cosas bellas que me han sucedido durante el día. Y me doy cuenta que tengo mas cosas por las que agradecer de lo que pensé. Cuando me siento deprimida, con miedo o desganada, leo mis agradecimientos y se me quitan los malos sentimientos.

Desde junio los casos en los Países Bajos han bajado. Entonces empezaron a abrir restaurantes, bares, peluquerías, pequeños comercios, etc. con medidas, pero abiertos al fin.

Al principio uno se siente como un niño tímido queriendo alcanzar un dulce que está en la mesa. El niño no sabe si tomarlo o no, o si lo van a regañar por tomarlo. Ese mismo sentimiento tuve la primera vez que fui a la peluquería.

Cuando fui por primera vez a una terraza a tomar una bebida el sentimiento era entre miedo, curiosidad y felicidad. Tuve que firmar una declaración a la entrada del lugar que no tenía el Coronavirus y echarme alcohol en las manos. La verdad que al ir pasando el líquido por mi garganta y sentir el calor del sol en mi rostro me relajé un poco más y tuve esperanza de que algún día vamos a estar en la normalidad de nuevo.

Pero algo que tengo bien claro es que no será una normalidad como la que conocíamos antes de la Pandemia. Esta Pandemia nos está dando la oportunidad de reinventarnos. El mundo no será el mismo después de la Pandemia entonces ¿por qué nosotros sí tenemos que ser los mismos?

Aprendí a apreciar las cosas que normalmente no le ponemos importancia como la brisa del viento en el rostro, la sonrisa de la gente que amo, la familia que vive lejos, esos platos que no sé cuándo volveré a comer, esos volcanes majestuosos de mi Guatemala, pero sobre todo extrañé los abrazos. La primera vez que abracé sentí una felicidad infinita.

Si sientes que la Pandemia nunca va a pasar, te prometo que sí lo hará. En Europa ya ha pasado lo peor y estamos más o menos teniendo una vida normal. No totalmente, pero ahí vamos.

Caeremos, estaremos asustados, perderemos cosas materiales, a lo mejor perderemos algún ser querido ya que muchas vidas se terminarán, nos deprimiremos y estaremos más pobres. Pero cuando lo peor pasé, nos levantaremos, encontraremos solidaridad, seremos más fuertes, nos abrazaremos y saldremos juntos adelante.

Quiero que me prometas que cuando termine la cuarentena, saldrás con la frente en alto y saldrás de tu casa con una gran sonrisa porque lograste encontrar esa chispa perdida desde hace mucho tiempo ya que has comprendido que era lo que tenías que desechar de tu vida y has encontrado quién realmente quieres ser desde ese momento en adelante.

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Silvia Titus
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