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Es su bitácora poética una denuncia de la descomposición social.

Marcela Gereda

El 2 de septiembre de 1919 (hace cien años) nació en Retalhuleu, Luz Méndez de la Vega. Acaso la mujer más colosal y polifacética de las letras guatemaltecas. Humanista, poeta, ensayista, periodista, gestora cultural, activista de derechos humanos, dramaturga, actriz, catedrática, académica, feminista. Una auténtica apasionada y enamorada de la libertad existencial.

Hay tanto qué decir de esta escritora excepcional que no sabría ni por dónde comenzar. Quizá diciendo que su vida fue una lucha constante contra las injusticias, que en definitiva fue una mujer que hizo rupturas en las formas tradicionales de hacer las cosas en esta sociedad altamente conservadora y de valores retorcidos y encorsetados.

Sus padres: liberales que se opusieron al régimen de Manuel Estrada Cabrera. En la época cuando Estrada Cabrera hizo concesiones a la United Fruit Company la familia tuvo que salir al exilio a Chiapas. Luz fue a un internado de monjas en El Salvador en donde recibió una educación ultra disciplinada. Ahí conoció a la poetisa chilena Gabriela Mistral, quien la inspiró a seguir la carrera literaria.

Ya en Guatemala, en 1938 conoció también a Antoine de Saint-Exupery porque José Méndez Valle (padre de Luz) lo atendió cuando el avión del escritor se accidentó en Guatemala. Durante la convalecencia de Saint-Exupery, el escritor le relató numerosas historias.

Con un talento nato extraordinario, un espíritu indómito y grande y por influencias que marcaron su vida, Luz fue una escritora colosal, autora de numerosos ensayos, antologías de poesía e investigaciones literarias.

Me impresiona su facilidad de palabra, su manera de llegar a lugares hondos de lo humano. En 1999 a sus ochenta años (tres años después de la firma de los Acuerdos de Paz), Luz reunió una colección de poemas de alto voltaje político a la que nombró Toque de queda, poesía bajo el terror.

Luz escribió esa colección de poemas en la década de los ochenta y noventa, durante el conflicto armado. Es su bitácora poética una denuncia de la descomposición social y resquebrajamiento humano. De la ferocidad de la que se fue capaz. De la barbarie sin límites. De la “estación del silencio” que es este territorio, desde donde ella buscó nombrar el dolor compartido para exorcizarlo. Es una poesía que muestra su alto compromiso de referirse a los terribles hechos ocurridos durante la guerra interna.

La poesía de Luz es imprescindible porque explora diversas facetas de lo humano. Sus poemas nos recuerdan que sin memoria histórica no puede haber conciencia de quiénes somos, en consecuencia no puede haber identidad. Y sin identidad colectiva no puede haber sociedad. Por eso uno de nuestros retos como guatemaltecos más importantes hoy es dar a conocer no solo la historia, también la poesía sobre lo que aquí ocurrió, como una forma de recuperar la memoria y la vida en común.

Si enterramos la verdad de esos pasajes oscuros de donde viene esta sociedad, estaremos condenados a ser una sociedad sin libertad.

Por todas partes/ y a toda hora/ este toque de queda/-inaudible-/lo escuchamos por dentro/ Por dentro de nuestra piel/ de esta delgada piel/ que nos cerca:/ inermes territorios/ rodeados por la sangre/ y la muerte./ En esta vasta región/ Del silencio.

La poesía de Luz nos invita a amar, a unirnos, a resistir, a no claudicar. Nos recuerda que la mejor forma de resistencia a la violencia es denunciándola. Sus palabras nos llaman a caminar codo a codo, a sentirnos menos solos, a crear formas de vida colectivas para salir del silencio y desde ahí renacer y florecer.

Para celebrar y homenajear los cien años del nacimiento de esta figura que es una luminaria la cultura de nuestro país, la Editorial Cultura bajo la coordinación de Vania Vargas, publicará un libro de ensayos sobre la vida y obra de Luz Méndez de la Vega.

Hoy, junto a otras muchas mujeres creemos que es imprescindible leer, releer, celebrar y honrar la vida de Luz quien vino para encender en nosotros, una luz.

Fuente: [https://elperiodico.com.gt]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Marcela Gereda

Antropóloga de corazón y profesión. Enraizada en la literatura, la poesía y el periodismo. He buscado cultivar el ensayo etnográfico sobre situaciones interculturales, urbanas y rurales, tratando de dar cuenta de la dinámica de las hibridaciones y los mestizajes culturales que articulan las mentalidades de conglomerados en situación de marginalidad, como ocurre con las mujeres del Sahara Occidental que han vivido en España y Cuba y que han tenido que volver a los campamentos de refugiados, y con las maras y los mareros de Centroamérica. También ha trabajado para los derechos de salud reproductiva de mujeres indígenas.
Marcela Gereda

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