Ayúdanos a compartir
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

Carlos Figueroa Ibarra

Indudablemente China  es el fenómeno económico y geopolítico más importante del último medio siglo. A fines de los setenta, ese enorme país de 9.6 millones de kilómetros cuadrados actualmente con una población de 1,400 millones de personas, era un país colocado sin titubeos en el llamado  tercer mundo. Hoy China es considerada  país emergente y como tal forma parte de los BRICS (Brasil, Rusia, China, India y Sudáfrica). ¿País emergente?, ciertamente cada vez menos. Tal como nos lo auguraron los dirigentes chinos  a la delegación de Morena que hizo visita oficial a ese país en abril de 2019, en noviembre de 2020  (un mes antes de lo previsto) China acabó con la pobreza. Hoy se piensa a sí misma como “una sociedad medianamente acomodada” y se encamina  a llegar en 2049 a ser una sociedad de “socialismo desarrollado”.

Más allá de  la narrativa oficial, el hecho cierto es que  China es hoy  potencia emergente  que le empieza a disputar en la economía y la política el liderazgo mundial a los Estados Unidos de América. En la geopolítica mundial, el mundo dista absolutamente del unipolarismo que pregonaba con optimismo el “nuevo orden mundial” que tanto celebró George H. Bush en el momento del derrumbe soviético. Tres décadas después ese pregonado orden unipolar ha sido sustituido por una multipolaridad que tiene  sus referencias en  Estados Unidos de América, Europa Occidental encabezados por Alemania y el Reino Unido y finalmente Eurasia con una alianza poderosa entre Rusia con su poder militar y China con su poder económico. Hoy Rusia tiende su solidaridad a Cuba, Nicaragua y Venezuela que se encuentran asediadas por Washington. Y China extiende su poder blando sobre diversas regiones del mundo (Latinoamérica entre ellas)  con un discurso que enarbola una nueva visión de las relaciones internacionales.

Se cumplen cien años desde aquel 1 de julio de 1921,  cuando en una modesta casa en Shanghái, un puñado de militantes alrededor  de una mesa (incluido Mao Zedong) fundaron un partido que hoy cuenta con 92 millones de integrantes. La sesión tuvo que ser interrumpida y continuada en una barcaza debido a que la policía supo de la reunión e iba tras ella.  Desde aquel día China vivió una cruenta guerra de liberación nacional, el triunfo revolucionario en 1949, la revolución cultural (1966-1976) y luego el dramático giro encabezado en 1978 por Deng Xiaoping. Producto de ese giro, que hizo crecer la economía a un ritmo de 10% anual,  China actualmente es económicamente una potencia capitalista dirigida políticamente por un partido comunista.

El discurso del Presidente Xi Jinping en una de las actividades conmemorativas de la fundación del PCCh resulta inequívoco: el marxismo es la ideología, la honestidad e integridad los principios, el socialismo moderno con peculiaridades chinas el objetivo estratégico  de largo plazo. En la base de todo ello se encuentra la tajante separación del poder político con respecto al poder económico. ¿Es China un régimen vergonzantemente capitalista? He aquí el desafío teórico e ideológico para entender a ese gran país.

Se cumplen cien años desde aquel 1 de julio de 1921,  cuando en una modesta casa en Shanghái, un puñado de militantes alrededor  de una mesa (incluido Mao Zedong) fundaron un partido que hoy cuenta con 92 millones de integrantes.

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Carlos Figueroa Ibarra
Últimas entradas de Carlos Figueroa Ibarra (ver todo)
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •