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Carta abierta al señor embajador Robinson

Virgilio Álvarez

Excelentísimo embajador de los Estados Unidos de América, señor Todd Robinson, uso este espacio de comunicación para, de la manera más atenta, dirigirme a usted como un ciudadano más del país donde actualmente realiza sus labores diplomáticas, donde en los escasos ocho meses que lleva en el puesto ha realizado sus mejores esfuerzos por cumplirlas con responsabilidad y profesionalismo.

Guatemala atraviesa un período político crítico, producto de la denuncia legal de los actos más evidentes y voluminosos de corrupción que durante este gobierno se han producido. El cinismo con el que las altas autoridades la han practicado y dejado hacer a sus más cercanos colaboradores ha llevado a grandes sectores de las ciudades y el campo a expresar su total y absoluto repudio. Pese a la debacle ética y política que estos hechos han producido en el sistema político y social del país, la sociedad ha sabido encontrar la oportunidad para dar forma y sentido a la democracia. De una práctica simplista y sin sentido, centrada solamente en eventos electorales en los que se vota pero no se elige, los guatemaltecos hemos comenzado a hacer de la democracia una práctica social en la cual la voz y el sentir de cada uno comienzan a conjugarse en un intercambio de visiones, de tal manera que los intereses de los distintos grupos y las diferentes clases sociales, al proponerse y mostrarse abiertamente, comienzan a producir un proyecto de nación efectivamente plural.

El primer gran consenso social ha sido el rechazo claro y abierto a la corrupción. Hoy los guatemaltecos somos capaces de ver, en cada corruptor y en cada corrupto, un enemigo del progreso y el desarrollo del país. Nos alegramos de que las acciones de la Cicig, que el pueblo de su país apoya financieramente, hayan logrado la detención de los cabecillas de algunos de los grupos criminales incrustados en los aparatos del Estado. Nos alegramos también de que el apoyo financiero que su agencia de desarrollo da a oenegés empresariales les esté permitiendo entender la importancia de la democracia y distanciarse, aunque sea tímidamente, de las posiciones autoritarias y antidemocráticas.

Sé que usted, que vivió al inicio de su carrera diplomática la triste historia del asesinato de los jesuitas en El Salvador, entiende lo que la obstinación antidemocrática de los grupos militares corruptos puede hacer en un país, así como la responsabilidad que han tenido los gobiernos del suyo al estimular prácticas políticas alejadas del más mínimo respeto a los derechos humanos. Entiendo que, como sucede en todos los procesos sociales, el poderoso siempre tiene la tentación de actuar en su beneficio y a favor de lo que considera correcto. Sin embargo, como la historia nos ha enseñado y lo expresa la sabia máxima de don Benito Juárez, «el respeto al derecho ajeno es la paz».

Es con base en esto como me dirijo a usted para solicitarle, muy respetuosamente, que permita que los guatemaltecos construyamos solos nuestro camino y nuestra historia y que, si tiene algún consejo y apoyo que ofrecer, lo haga de viva voz, siempre ante testigos, evitando que a los guatemaltecos nos quede la sensación de que lo único que busca con sus actos son los intereses geopolíticos de su país y la sumisión de nuestros gobernantes, y no una relación de buena vecindad entre nuestros pueblos.

Si las amenazas y los desplantes de su vicepresidente al exigir al militar que nos gobierna que mantuviese el apoyo a la Cicig nos sonaron a maleducada y abusiva intervención, las presiones que desde sus oficinas se hacen para mantener al señor Pérez Molina en el ejercicio del cargo nos parecen a todas luces igual de irrespetuosas. El exgeneral Pérez perdió ya toda credibilidad y todo apoyo al ser incapaz de enfrentar la frenética corrupción de sus allegados, lo cual lo deja, en la menor de las hipótesis, como el más irresponsable de los cómplices. Usted, como nosotros, sabe que Pérez Molina perdió toda credibilidad y toda legitimidad, por lo que su renuncia es un acto de mínima responsabilidad pública con la cual el sistema político guatemalteco saldría enormemente fortalecido.

Si los centroamericanos censuramos acre y duramente la intervención de su Gobierno en el golpe de Estado perpetrado contra el presidente Zelaya de Honduras en 2009, de igual manera nos parece censurable que ahora, en Guatemala, quiera sostener artificialmente el mandato de Pérez Molina.

La diplomacia es el arte del respeto y la dignidad, y usted, como profesional de ella, sabe perfectamente lo que eso significa, pues, cuando su Gobierno ha hecho a sus funcionarios actuar de manera irrespetuosa e irresponsable, las consecuencias han sido dañinas para ambos pueblos.

Si en su país la democracia se entiende solo como el poder de las minorías económicas y el candidato con la mayoría de votos no es siempre el electo, en Guatemala estamos construyendo, aún de manera tímida e incipiente, una democracia más ciudadana y horizontal. Déjenos vivir nuestro proceso. Déjenos construir nuestra democracia. Acompáñenos, pero pídales formalmente a sus superiores que no lo hagan intervenir, mucho menos para imponer conductas o respaldos a gobernantes que éticamente están ya descalificados para ejercer el cargo.

Su profesión es el ejercicio de gestos y mensajes cifrados. Absténgase, por lo tanto, de enviar a la ciudadanía guatemalteca aquellos que evidencian respaldo y apoyo a un gobernante descalificado, pues su función es de representación de un Estado y un pueblo, y no de jefe y cómplice de desprestigiados funcionarios.

Fuente: [http://www.plazapublica.com.gt/content/carta-abierta-al-senor-embajador-robinson]

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