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Carlos Figueroa Ibarra

La expansión mundial del Coronavirus,  ha ido expandiendo muerte y miedo en este mes de marzo de 2020. En el momento de escribir estas líneas,  más de 465 mil personas han sido infectadas y más de 21 mil han fallecido. El recuento mortal ya es mucho mayor que lo que vivimos con la gripe aviar en 2009-2010.  La gripe aviar,  afectó  a más de medio millón de personas y mató a más de 18 mil personas. En este contexto  el filósofo esloveno Slavoj Zizek ha dicho que el virus le dará un golpe mortal al capitalismo (“a lo Bill Kill”). En contraste, el filósofo coreano-alemán Byung Chul Han ha expresado lo contrario: “nada eso sucederá”.

Mucho se ha dicho con respecto a las causas por las cuales en países como Italia,  Estados Unidos de América, España, Irán y  Francia la epidemia se expandió rápidamente y ha tenido elevadas  cifras mortales. Independientemente de la falla en ubicar el momento oportuno para medidas como aislamiento, encierro y  cierre de fronteras, hay un hecho que probablemente habrá que evaluar en el futuro: el debilitamiento que el neoliberalismo provocó en el sistema de salud pública, lo cual se hace particularmente evidente en el caso de Estados Unidos. En términos generales puede decirse que desmantelada la salud pública, privatizada a través de seguros privados de pésima calidad, los países occidentales particularmente se han visto desguarnecidos para enfrentar la calamidad. En Italia y en España hay reportes de que dada la escasa cantidad de ventiladores y la masividad de enfermos, se ha optado por dejar morir a los infectados de más de 65 años. La biopolítica necesaria al capitalismo (preservar  vida y  salud para garantizar la normalidad de la acumulación) se ha tenido que combinar con la necropolítica (hacer morir a aquellos que ya resultan desechables). Conmocionantes son las declaraciones del Vicegobernador de Texas, Dan Patrick, quien afirmó que los mayores de 70 años deberían dejarse morir para salvar la economía estadounidense.

A la subestimación  de la epidemia que llevó a la tragedia que están viviendo los países mencionados, le ha sucedido el pánico que ha conducido a medidas draconianas como encierros masivos,  cierre de  fronteras y hasta toques de queda. Esto tendrá consecuencias económicas graves para los que viven al día y en la pobreza. Pero también para los grandes negocios como lo revelan los comportamientos de las bolsas de valores, la parálisis y/o el enfriamiento productivo. El presidente Donald Trump en medio de sus 55 mil enfermos y sus casi mil muertos ya expresó que quiere normalizar la vida después de semana santa. Lo que sea, con tal de no afectar las ganancias del capital. Y en medio de todo esto, no he dejado de recordar el libro de Naomi Klein “La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre” quien postula que el aumento de la subyugación y expoliación de trabajadores ha necesitado de situaciones desastrosas para que mansamente acepten la profundización de su miseria. ¿Es esto lo que nos viene después de la pandemia?

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Carlos Figueroa Ibarra
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