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He decidido bañarme en la sangre de mi pueblo,
levantarme teñido de rojo, de dolor, de amor, de pasión.

No soporto más, ver el negro de la noche sin color,
no puede nunca más este pueblo morir indiferente.

Emergeré de la sangre de sus hijos, vestido de carmín,
con una máscara negra, como la noche, custodiada por estrellas.

Mis brazos serán las alas de un vuelo en papel,
mi pecho será el nido mortal de las balas.

Sin embargo, nadie podrá silenciar al cantor,
que llora en silencio, que espera respuesta al clamor.

He decidido teñirme con sangre de mártires,
siguiendo el camino de poetas silenciados.

Mantener la fe en el santuario de mi alma,
parado en la roca firme de mi Dios.

Mi voz escupirá tristezas, alegrías profesas.
Mis ojos llorarán tinta, tinta de olvido y perdón.

Mi mano gritará el dolor de mi patria,
mi corazón decidirá amarte sin razón.

Vestido de rojo, volando y cantando como un cardenal,
cruzaré la noche, el día, hasta llegar a tus ojos.

He decidido nacer nuevamente, para vivir libre.
He decidido morir en silencio, para gritar con pasión.

Bañado en sangre, sediento de justicia,
gritaré al viento, historias, de amor, de olvido, de muerte y destrucción.

Mis ojos no dejarán de amarte
y mi mano no dejará de besarte…

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