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¡Buses: a no más de 90!

Carlos Aldana

Se encuentra en su proceso respectivo, una iniciativa de ley para obligar a los dueños de los buses extraurbanos a colocar en sus vehículos un aparato que controlaría la velocidad. Esto hará que esos autobuses, muchos convertidos en misiles salvajes e incontrolados, no puedan ir más allá de 90 kilómetros por hora. Parece ser que el costo de cada dispositivo en los motores se encuentra alrededor de los Q400 o Q500.

Debemos apoyar esta iniciativa y esperar que el Congreso de la República la apruebe para que ello contribuya a evitar o disminuir las incontables tragedias que ocurren en nuestras maltrechas carreteras por todo el territorio nacional. En otros países, estos aparatos se utilizan y contribuyen a bajar esos niveles de dolor de personas que generalmente son simples víctimas que están en el lugar y momento equivocados.

Ya han empezado a escucharse o a saberse de oposiciones a esta normativa, como ocurre en toda iniciativa. Pero hay que preguntarse si los rechazos a la instalación de estos dispositivos tienen que ver con el cuidado de la vida y la integridad, o responden a intereses sectarios que no deben imponerse al bien común, que en este caso se relaciona con la vida, la integridad, la salud y el bienestar de quienes circulan por las carreteras y calles del país. Y si el rechazo proviene de los dueños o de los pilotos mismos, es inaceptable porque las tragedias han sido muchas, no solo por causa de desperfectos mecánicos, sino principalmente por la imprudencia de manejar a altas velocidades, ya sea por la falta de raciocinio, por los horarios que tienen que cumplir, por la competencia, o por el simple placer morboso de sentirse pilotos de carreras, con decenas de personas a bordo y muchísimas más en riesgo fuera de cada unidad. De hecho, no hay que olvidar las múltiples denuncias y evidencias de modificaciones de los motores para que los buses extraurbanos puedan desplazarse a mayores velocidades. Pues esta ley, que esperamos se concrete pronto, va a ir al revés completamente: en lugar de pretender convertirse en vehículos de fórmula 1, van a tener que ir a menos de 90. De todos modos esta velocidad en sí misma no representa garantía de nada, porque si se corre a esos noventa kilómetros en un área poblada, estamos frente a una segura situación atentatoria contra la vida y la integridad de personas y bienes.

Por supuesto, también esperaríamos que la normativa legislativa, desde un enfoque integral, también incluya otras disposiciones como la de prohibir que los buses y transporte pesado circulen por la izquierda, porque afectan la locomoción de los otros. Y que incorporen otras propuestas que fortalezcan una cultura de vialidad en nuestro país, que también es fuente de violencia, agresividad y descomposición social. Todos necesitamos y debemos aprender a desarrollar y sostener un conjunto de valores, actitudes y comportamientos respetuosos (de personas, bienes y leyes), pero claro está, los autobuseros están en primera línea para ser controlados, porque a ellos se atribuyen muchas más tragedias que a otros. Y porque ellos tienen la responsabilidad y la función de transportar a cantidades ingentes de personas con seguridad.

Saludamos esta iniciativa de ley, y esperamos que pronto sea realidad. Y que se cumpla cabalmente. Que sea la mejor manera de rendir homenaje y recuerdo pleno a quienes han sufrido, directa o indirectamente, el salvajismo de buses descontrolados en nuestras carreteras.

Fuente: [http://www.s21.gt/2016/08/buses-a-90/]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Carlos Aldana Mendoza

Licenciado en Pedagogía y Ciencias de la Educación por la Universidad San Carlos de Guatemala. Maestría en Pedagogía en la Universidad Nacional Autónoma de México y Doctorado en Educación en la Universidad La Salle, Costa Rica-Guatemala.
Carlos Aldana Mendoza

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