Danilo Santos
En la vida diaria recurrimos a automatismos que literalmente nos ayudan a sobrevivir; sin embargo, la ejecución de actos independientemente de nuestra capacidad para tomar decisiones, y acostumbrarse a ello nos convierte en “una tercera persona” que es manejada y utilizada por el sistema.
Si a lo anterior sumamos que la sociedad en su conjunto actúa de la misma manera, estamos frente a una fórmula perfecta, paradójicamente ideada por “gorilas y titiriteros”, para que dejemos de pensar y ejecutemos sus órdenes sin chistar y nos mantengamos atrapados y temerosos en el corral de sus normas y la ignorancia.
La distracción que crean nuestros titiriteros (que no son los mismos que los gorilas, estos últimos son los esbirros de los titiriteros), con problemas que ellos mismos fabrican, mientras se desarrolla lo verdaderamente importante, es una táctica para alimentar nuestros automatismos. Un ejemplo sencillo, mientras en redes sociales consumimos y reaccionamos de manera automática a temas como “Golpe de Estado, el robo de armas en un destacamento, el aparecimiento de 8 cuerpos bajo un puente o la fuga de 20 reos de prisión”, poco o nada “posteamos”, hablamos o discutimos respecto a quiénes hemos elegido para gobernar durante los últimos 43 años: quienes han sido ejecutores de las decisiones de las élites, que a su vez, son las responsables directas de los problemas del país; por ejemplo, la economía en Guatemala ha crecido constantemente durante los últimos 20 años, pero “la prosperidad no ha sido compartida”, porque la pobreza sigue siendo alta, con rostro rural, de mujer, indígena y campesino.
Otra táctica de los titiriteros es hacernos aceptar de manera automática los sacrificios dolorosos en el presente, porque son necesarios para un mejor futuro. Ejemplo, privatización de empresas o servicios estatales: Telefonía, electricidad, mantenimiento vial. Para esto, se apalancan en lo emocional más que en lo racional, por ejemplo, nos dicen que la “estatización” es comunista, e inmediatamente, de manera “automática”, reaccionamos a favor de las decisiones que espantan el fantasma del comunismo, mientras la realidad es que se trata de generar negocios multimillonarios para unos pocos.
… la economía en Guatemala ha crecido constantemente durante los últimos 20 años, pero “la prosperidad no ha sido compartida”, porque la pobreza sigue siendo alta, con rostro rural, de mujer, indígena y campesino.
El uso de lo emocional nos causa “un corto circuito en el análisis racional” los titiriteros lo saben, los gorilas lo ejecutan.
Los automatismos para los que nos programan sirven para mantenernos en la ignorancia y la mediocridad, incapaces de comprender la profundidad y el impacto de las decisiones que se toman desde el Estado y los gobiernos, bajo la tutela de las élites voraces, nos hacen sus esclavos.
Los gorilas son cada vez más burdos y descarados, es fácil detectarlos en todos los órganos del Estado y el Gobierno, y la sociedad misma, se les ve por curules, ministerios, empresas, organizaciones y demás, andando con una zanahoria y un palo, listos para aprovechar la ausencia de pensamiento crítico, o golpear con rudeza a cualquiera que se atreva a cuestionarlos; eso sí, en el marco de la ley, “su moral” y el “interés nacional”.
Romper el cerco en el que nos mantienen gorilas y titiriteros es un reto épico y de época, o lo asumimos, o se nos vienen otras tantas décadas de automatismos y barbarie.
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