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Así se convirtió en un desaparecido…

Sandra Xinico Batz
sxinicobatz@gmail.com

Era un miércoles, seguramente se levantó temprano, calentó agua para lavarse la cara y para su café. Se vistió, se colocó sus botas de hule y tomó su morral con los trastos con comida para el almuerzo, agarró su azadón y su machete y se dirigió a Chuinimachicaj (Patzún, Chimaltenango) a cumplir una jornada más como trabajador de la tierra. Esa mañana al llegar a su parcela colocó su morral en la rama del árbol donde siempre lo colgaba, esa fue la señal que determinó que Tomás Batz Xulú había llegado esa mañana hasta allí, pero no volvió a casa esa tarde, ya no almorzó pues sus alimentos posaban en su morral bajo ese árbol, a partir de ese día lo nombraron desaparecido, desde entonces ninguno de sus seres queridos lo volvió a ver; esa mañana el Ejército de Guatemala desapareció a mi abuelo, era un 26 de mayo de 1982, cuatro años antes de que yo naciera. Su “delito” fue no abandonar sus tierras y cultivos, que como cualquier otro indígena en este país, habían sido adquiridas con gran sacrificio, a través de días sin comer, con mucho esfuerzo y trabajo, como implica hasta ahora para los mayas recuperar y poseer tierra. En dos ocasiones (antes de que lo desaparecieran) el Ejército le había amenazado, lo querían obligar a no volver allí, a otorgarles su medio de subsistencia, pero él, seguro de que no era un criminal, volvió ese día, quizá creyendo que su valor detendría a sus asesinos, esos asesinos que me robaron la posibilidad de conocerle, compartir con él, aprender y crecer con su sabiduría de abuelo.

SandraXinicoBatz

Familiares, amigos y vecinos lo buscaron entre los barrancos, bosques, montes, día y noche durante una semana, con la esperanza de encontrarlo, de que todo fuese momentáneo como una pesadilla que tarde o temprano termina, pero eso no sucedió, y hasta hoy nos seguimos preguntando ¿dónde está? ¿dónde lo enterraron? ¿lo habrán torturado? ¿sufrió? ¿qué habrá sentido?, la búsqueda nunca acabó y las preguntas no han sido respondidas.

Mi primer acercamiento con el Conflicto Armado Interno fueron las palabras de mi madre tratando de explicar a sus hijas que su padre (nuestro abuelo) había sido desaparecido siendo una persona inocente, no habiendo cometido ningún delito, tampoco era guerrillero ni colaborador de ésta, era un kaqchikel trabajador de la tierra y eso fue suficiente motivo para desaparecerlo, como lo hicieron con miles de personas en este país quienes antes de morir fueron sometidos a torturas, violaciones y horrores que cuesta mucho asimilar que pudiesen haber sido planeadas y ejecutadas por quienes se supone debían resguardar nuestras vidas: el Estado y el Ejército de Guatemala.

¿Quién ordenó su desaparición y quién se lo llevó? ¿Quién pagará por este dolor y nuestras lágrimas? ¿Cuándo obtendremos justicia? ¿Y esos miles, de hombres, mujeres y niños que aún esperamos que vuelvan, dónde están, cuándo volverán? ¿Y si están muertos, cuándo recuperaremos sus cuerpos para sepultarlos, para despedirnos? ¿Por cuánto tiempo más seguiremos negando la verdad? En mi opinión, mientras el racismo continúe el genocidio contra los pueblos no cesa.

Fuente: [http://lahora.gt/asi-se-convirtio-en-un-desaparecido/]

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