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(Crónica de una Celebración)
Al compás de un redoblante, los patojos se llevan el mundo por delante; pues cuando empiezan a ensayar quien los consigue soportar…Como acólitos a misa, se le veía correr a toda prisa, al punto de reunión, donde por pura afición, se ponían a marchar, siguiendo las instrucciones de alguien que se ensaya de sargento, de un regimiento sin cuartel.

Como cada año, empezando agosto, desafiando la lluvia y el sol, niños, jóvenes y alguno que otro adulto, dejaban otras actividades, para compenetrarse en cuerpo y alma para la celebración, del día de independencia. Como reza el dicho que decía la abuela: “De chafarote, cura y loco todos tenemos un poco… “Esto en referencia al fervor que muestran los chapines durante la conmemoración de la Semana Santa, el civismo y gallardía mostrado durante el mes patrio y ese toque de locura que disipa la amargura en la vida de los chapines con sus ocurrencias y esa manía de a todo sacarle chiste. En un país que desde tiempos inmemoriales, los que llegaban a ocupar puestos importantes se proclamaban generales; donde los billetes que circulan están tapizados por figuras de militares… En un país que ha sido gobernado por la bota militar, que más se podía esperar, que incluso los más chirises se les viera con botes improvisando un tambor y con palos de escoba por fusil, desfilando alineados en las calles de los barios y colonias. Por lo que era de esperar que al llegar a la escuelita todo ese patriotismo se llegara a acentuar; no solo en los ensayos previo a los desfiles que se diseminaban a lo largo y ancho del país, en aldeas, pueblos, cabeceras departamentales, barrios, colonias y en el mismo centro de la ciudad capital. Pero aquellos preparativos, no se resumían solo en prepararse para el desfile, ya que también se organizaban certámenes de poesía, arte y canto, tanto en las escuelas como por diferentes organizaciones, que buscaban darle cause a ese sentimiento y pensamiento cívico, donde se expresaba el amor hacia tierra que los vio nacer.

A diario se veía marchando en las calles a los patojos, con una entrega y dedicación, que despertaba admiración y sorpresa ver los campos de juego vacíos, pues los que no estaban marchando, estaban alentando y en el caso de los jóvenes tratando de verle las piernas a las batonistas, cuya belleza le ponía un toque especial a los desfiles. Pero aquel preámbulo previo al desfile del 15 de septiembre algunos lo sufrían, principalmente por el tráfico que provocaban y pum,pum, pum que invadía, cual si fuera una plaga a los oídos de los que tenían el infortunio de vivir en las proximidades de escuelas, colegios e institutos.

Mas lo cierto es que al compás de un redoblante, los estudiantes ponían el corazón por delante al ver a su bandera ondeando al ritmo del viento que al rostro era una caricia, que al llegar a la garganta recitaba versos de ¡Salve! ¡Salve! Guatemala Inmortal.
Oxwell L’bu Copyright © 2011
Foto: Fredy Solares

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