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Sus ojos no habían dejado de llorar,
pero era hora de volver a caminar.
La fiesta había concluido,
el maestro reposaba en la fosa,
esperaba a ser ungido.

Mirra, incienso, amor, mucho amor,
en las manos de la magdalena
había un dulce clamor,
la derrota no podía ser justa,
pero la vida ahora no tenia color.

Aun brillaban las estrellas,
cuando decidió salir,
recordándolo en imágenes
del pasado dulce,
de un recuerdo más de su vivir.

Pensaba, las manos, los pies, el costado,
mi maestro ha sido traspasado.
Imaginaba, que con  sus lágrimas,
aquellas heridas sanarían,
mientras ella perdonaba al pasado,
el mismo que la hizo llorar.

De pronto, se quiebra su corazón,
los soldados han huido,
la piedra fue movida,
el sepulcro vacio es una ilusión,
¿Qué ha pasado mi señor?
Escucha en el cielo,
que acontece un milagro de amor.

La magdalena vuelve a llorar,
su corazón se estremece,
¡No está el sepultado!
¡Se lo han robado!
¿Cómo aguantar?
Si el maestro no está.
Por primera vez en mucho tiempo,
se siente sola…
en la soledad de la humanidad.

¿Por qué lloras mujer?
Pregunta una voz entre los olivos.
¿Que mata tu dulce ser?
¿Incluyes al maestro en tus olvidos?

Ella se limpia los ojos,
observa al hombre y  le contesta,
¿No sabes a donde se llevaron a mi señor?
Él sonríe con aquella pregunta.

Dios escogió a una mujer,
siempre lo hace así, con amor,
escoge a ese hermoso ser,
para ser portadora de buenas noticias,
noticias que llenan de alegría
las almas de los hombres.

Él se acerca a ella, le pregunta,
¿A quién  buscas mujer?
Ella con los ojos sumidos en lágrimas
le inquiere una vez más.
Si te lo has llevado,
dime donde lo has colocado.

Entonces el maestro se revela,
dice, ¡María! Y ella lo reconoce,
cae a sus pies hincada
y le dice ¡Maestro!

El milagro de amor
se ha completado,
¡Jesús el redentor
ha resucitado!

Ella lo contempla en su gloria,
él desaparece, decide correr,
busca a los apóstoles con alegría,
es la portadora una mujer
de la noticia más importante de la historia,
¡Pedro, el señor resucito!

Pedro y Juan corren al sepulcro,
el sepulcro vacío es una realidad,
solo las sabanas han quedado en soledad.
Sus ojos vuelven de alegría a llorar…

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