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Aprecio mucho la opinión de los lectores de esta columna. Leo con mucha atención y respeto lo que me escriben, sobre todo cuando expresan sus desacuerdos con mi opinión. Uno de ellos me ha escrito que no entiende porque en alguno de mis artículos en La Hora yo expresé que el gobierno de Colom era igualmente acosado por la derecha como les ha sucedido a los gobiernos de Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa y Manuel Zelaya. Le parece incongruente que yo sostenga esto si en mi último libro,  yo aludí a La Cofradía como parte del amplio arco de alianzas que se tuvieron que concertar para ganar las elecciones en 2007.

Cabe recordarle al lector que en el mismo artículo yo expresé que no necesariamente  un gobierno tenía que ser de izquierda para que la derecha igualmente le hiciera la guerra. De todos modos,  el planteamiento del lector me ha motivado  a hacerme la pregunta con la cual titulo mi colaboración de esta semana. Los conceptos de derecha e izquierda  varían según las circunstancias históricas y según las transformaciones posibles en esos momentos históricos. Hoy, cuando el socialismo real se derrumbó y el neoliberalismo ha sido arrasador, los criterios de definición de lo que es izquierda o derecha ya no son los mismos que en aquellos tiempos en los cuales  se veía como  razonable posibilidad  el horizonte poscapitalista. Demócrata cristianos congruentes, socialdemócratas clásicos, nacionalistas progresistas, demócratas sinceros, se encuentran ubicados en lo que es hoy la izquierda posible. Es con una amplia gama de posiciones políticas e ideológicas, entre las cuales se encuentran socialistas y marxistas,  como se han constituido los grandes movimientos sociales y políticos que en América latina han triunfado en las elecciones y convertido en gobiernos de izquierda.

Considero que en la actualidad un gobierno de izquierda no necesariamente es aquel que tiene un horizonte anticapitalista. Debe tener ante todo una voluntad posneoliberal, entendiendo a ésta como la convicción de superar el neoliberalismo, aun cuando ello no pueda hacerse de manera tajante. Debe asumir la necesidad de la integración regional latinoamericana, y asumir una concepción nueva de las relaciones norte-sur  y en particular con los Estados Unidos de América. Debe defender la idea del Estado rector lo que implica una autonomía con relación al gran empresariado y a los poderes fácticos. Tiene que darle un peso importante al gasto social y finalmente debe buscar complementar la democracia liberal y representativa con la democracia participativa.

En Guatemala este programa es de difícil realización. Hace algunos meses le escuché decir al presidente Colom en el Salón de Banderas del Palacio Nacional que lo acusaban de ser de  “izquierda light”. Acto seguido el presidente se preguntó: “¿Es que en Guatemala se puede ser de izquierda de otra manera?”.  Cabe reconocer que difícilmente se puede ser de otra manera. No hay en Guatemala un vigoroso movimiento social que se haya traducido en un fuerte movimiento político como en Venezuela, Bolivia y Ecuador. No se cuenta con un partido de izquierda sólido como en Brasil  y El Salvador. No se tiene una economía vigorosa o al menos asentada en hidrocarburos como en Brasil y los tres países andinos mencionados.  No se tiene un Estado sólido como puede observarse en Chile o Uruguay. Más bien en Guatemala estamos ya en los linderos de un Estado fallido. Los poderes fácticos, sea el gran capital o los poderes ocultos, en gran medida rigen la vida política nacional. Además de esto, el actual gobierno tiene su fuerza principal en un empresariado emergente cuyo cometido fundamental es aprovechar su cercanía con el gobierno para acumular y colocarse a la par del gran capital tradicional. Ciertamente el gobierno de Colom ha hecho del gasto social un elemento importante de su gestión  a través del programa de cohesión social. Pero ha dado luz verde a los grandes proyectos de inversión que destruyen la vida campesina e indígena, arrasan con el medio ambiente y son un botín para los grandes capitales locales y extranjeros.

A pesar de ello el gran empresariado y la derecha guatemalteca no le tienen confianza al gobierno de Colom. Acaso temen el efecto político de los programas sociales en curso, el creciente liderazgo de Sandra Torres, la presencia empoderada de ese sector capitalista emergente, los atisbos de una voluntad de autonomía que en ocasiones exhibe el gobierno y lo impredecible que en el contexto actual latinoamericano puede resultar la continuidad de la actual fuerza política en un próximo período de gobierno.

No es fácil responder de manera positiva a la pregunta que titula a estas líneas. Lo que si resulta fácil es observar que las fuerzas políticas que tienen la posibilidad de derrotar al oficialismo en las próximas elecciones, se encuentran a la derecha del actual gobierno.

Autor: Carlos Figueroa Ibarra

Carlos Figueroa Ibarra

Carlos Figueroa Ibarra. Sociologo especializado en el tema de violencia política, terrorismo de estado, procesos políticos latinoamericanos. Autor de libros y artículos sobre esos temas.
Carlos Figueroa Ibarra
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