De viudas a sujetas de derecho:

las narrativas de vida de mujeres sobrevivientes de violencia sexual y genocidio

Nathalie Mercier[1]
Investigadora huésped / IPNUSAC[2]

Resumen

El artículo se basa en hallazgos preliminares del trabajo de campo en Guatemala, realizado de mayo a agosto de 2017. En la investigación se analiza cómo la definición de genocidio a nivel internacional influye en la construcción de casos a nivel nacional, y cómo estos casos afectan las narrativas de las y los sobrevivientes. Los vínculos entre estos tres niveles –internacional, nacional e individual– pasan por una serie de interrelaciones, relativas al marco legal, la jurisprudencia, y la construcción de la memoria histórica, esta última interpretada como un proceso dinámico que se sigue realizando. En el trabajo de campo, se recopilaron historias de vida de 25 mujeres y hombres sobrevivientes y testigos (17 mujeres y 8 hombres) en casos de las regiones ixil y achi, además de los casos de Sepur Zarco y Las Dos Erres. En este artículo se hace un primer acercamiento a un análisis de diferencias de género en las narrativas.

Palabras clave: violencia sexual, genocidio, mujeres, identidades, discursos de verdad.

Abstract

This article is based on preliminary findings of fieldwork carried out in Guatemala from May to August 2017. The investigation seeks to analyze how the international definition of genocide influences the construction of cases at national level, and how these cases affect the narratives of survivors. The links between these three levels (international, national and individual) imply a series of interrelationships, related to the legal framework, jurisprudence, and the construction of historical memory, this last aspect being seen as a dynamic process which continues to take place to this day. In this fieldwork, life-stories of 25 female and male survivors and witnesses (17 women and 8 men) in the cases from the ixil and achi regions, as well as the cases of Sepur Zarco and Las Dos Erres were compiled. This article provides a preliminary analysis of gender differences in the narratives.

Keywords: sexual violence, genocide, women, identities, discourses of truth

Introducción

La historia de Guatemala –como la de cualquier país– es compleja. Se ha realizado diversos análisis desde la etnicidad, pero también se puede hacer lecturas desde la perspectiva de clase social, género, y conflictos políticos: las diferentes lecturas no son mutuamente excluyentes. La Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio reconoce actos específicos cometidos sólo en contra de grupos étnicos, raciales, religiosos y nacionales. ¿Entonces, hasta qué puntos los casos legales del conflicto armado interno –que han sido influidos en su construcción por las Convenciones en el derecho internacional– han podido abordar esta complejidad?

Parto de la idea de que las diferentes facetas de la identidad no son mutuamente excluyentes, sino que se entretejen. Esta idea ha sido abordada en varios contextos, desde la noción de la “interseccionalidad”, término acuñado por Kimberlé Crenshaw desde los debates del feminismo negro de Estados Unidos en los años setenta, hasta debates subsecuentes sobre la politización de las identidades. François Dubet contempla tres interpretaciones de la identidad: en términos funcionalistas, como resultado de la socialización; como capacidad estratégica para lograr ciertos fines; y como la noción sartriana de “compromiso”. Concluye que en realidad estas interpretaciones no son mutuamente exclusivas, sino que pueden coexistir en el mismo actor:

La identidad social no está dada, ni es unidimensional, sino que resulta del trabajo de un actor que administra y organiza las diversas dimensiones de su experiencia social y de sus identificaciones. El actor social es el que reúne los diversos niveles de la identidad de manera que se produzca una imagen subjetivamente unificada de sí misma. (Dubet, 1989: 536)

En Guatemala, Marta Juana López, Emma Chirix y otras investigadoras mayas han referido a esta identidad multidimensional como una “trenza” (o pachun ‘tzij en kaqchikel).

Marco teórico

Calveiro considera la práctica del genocidio como la “máxima expresión del pensamiento binario como voluntad de exterminar a un pueblo en tanto tal, como Otro sobrante e innecesario” (2006: 361), lo cual analiza en términos de hegemonía y contra-hegemonía:

Se trata de una organización de la hegemonía y la contra-hegemonía basada en la estructuración del mundo y la sociedad en dos partes excluyentes y antagónicas. De un lado el Estado, como instancia de homogeneización y aglutinamiento social; enfrente suyo y como Otro construido por el propio Estado, la agregación de los numerosos otros discordantes y supuestamente amenazadores, que es preciso destruir para salvaguardar la nación (Ibídem: 367).

La noción de hegemonía también está vinculada en la sistematización que realiza Levene del genocidio dentro de la época del Estado nación. Levene refiere al genocidio en la historia moderna como resultado de “un sistema económico-político globalizante y sus fundamentos básicos neo-Darwineanos”[3] (Levene, 2008: xiv).

Con referencia al contexto de Guatemala, y utilizando el concepto de terrorismo de Estado, el análisis de Figueroa Ibarra, apoya las conclusiones de Calveiro y Levene. Considera que,

… lo político es la expresión concentrada de lo económico. Por ello, el análisis del terrorismo de Estado tiene que partir, en nuestra opinión, de las características del desarrollo capitalista en Guatemala, de las luchas de clases que éste ha implicado, de las tareas económicas que el Estado ha tenido que cumplir, de las peculiaridades de la penetración imperialista, así como de las tradiciones de comportamiento político de las clases sociales en pugna, que han cristalizado dicho proceso de desarrollo capitalista (Figueroa Ibarra, 2011: 3).

Vela Castañeda también considera que, La rebelión nacional y el genocidio en Guatemala fueron moldeados por una compleja serie de enfrentamientos entre identidades e ideologías políticas, luchas de clase, conflictos étnicos, generacionales, religiosos y de tierras. (2014: 69) Vela también considera la perpetración del genocidio como un momento en un proceso más amplio: el genocidio no es más que el encuentro entre el perpetrador y su víctima. Ambos representan grandes condensaciones de procesos históricos(Ibídem: 103).

Con relación a la noción del “pensamiento binario” y la perspectiva de una pugna hegemonía-contrahegemonia, es interesante considerar la noción de “heterofobía” de Memmi, que resume Casaús Arzú de la siguiente manera:

… el conjunto de agresiones y fobias dirigidas contra los Otros con el fin de legitimar con argumentos psicológicos, culturales y sociales una agresión. Este concepto permite incorporar no sólo a un grupo étnico, sino a las mujeres, homosexuales y otros grupos excluidos de la sociedad (Casaús Arzú, 2003: 106).

De esta manera, Casaús Arzú levanta el tema de la exclusión de diversos grupos del proyecto hegemónico del Estado guatemalteco, o la noción del Estado homogéneo. En la sección que sigue en su artículo, Casaús Arzú retrata la historia de dominación étnica en Guatemala. Sin embargo, especialmente a luz de la presentación de la noción de “heterofobía” y el planteamiento de la autora que este concepto permite la inclusión de diversos grupos de víctimas, incluyendo mujeres, se puede preguntar, ¿no se podría hacer un recorrido histórico también sobre la dominación que se ha ejercido sobre las mujeres? El patriarcado es un fenómeno histórico que también ha servido para mantener un sistema y fundar Estados.

En este sentido, la antropóloga y feminista argentina Rita Laura Segato, quien brindó peritaje en el caso de Sepur Zarco, considera que, el patriarcado, o relación de género basada en la desigualdad, es la estructura política más arcaica y permanente de la humanidad (Segato, 2016: 20). La autora considera que, La expresión patriarcal-colonial-modernidad describe adecuadamente la prioridad del patriarcado como apropiador del cuerpo de las mujeres y de éste como primera colonia” (Ibídem: 21).

La reflexión sobre la relevancia de un análisis del patriarcado para entender los fundamentos del mero concepto del Estado –en general: no sólo en Guatemala– ha sido históricamente invisibilizada. Esta invisibilización puede ser atribuida a un tipo de lo que Boaventura de Sousa Santos (2010) llama “epistemicidio”, es decir la destrucción, desacreditación o invisibilización de ciertas filosofías o corrientes críticas en la filosofía. En este sentido, y con referencia al caso específico de Guatemala, Aura Cumes considera que “La tarea de producir conocimiento ha pasado por un sesgo y privilegio de raza/etnia, sexo/género, clase social y edad, por lo menos. En consecuencia, hay un imaginario o representación racializada y sexualizada de la autoridad y del conocimiento que se genera” (Cumes, 2008: 249).

En esta misma línea, Tania Palencia Prado analiza lo que denomina la violencia epistémica, la cual, según ella, existe en la comprensión de las identidades de los pueblos indígenas y

se ha nutrido de una estéril lucha y visión sectorial. Clase, raza, sexo, territorio no son bloques sino flujos o impulsos dinámicos de poder y de saber, circulantes, que construyen tramas vivas y corporales (no uniformes) de opresión, unas de orden molecular o pequeñas (cotidianas) entretejidas con otras de orden molar, más grandes, de índole nacional, global o internacional (Palencia Prado, 2013: 7).

Las reflexiones que hacen Cumes y Palencia Prado sobre el tipo de conocimiento que es autorizado en una sociedad y las categorías identitarias que son reconocidas, hacen eco al trabajo del sociólogo francés, Michel Foucault, quien contempla la interrelación entre los “discursos de verdad” y el poder: “No hay ejercicio del poder posible sin una cierta economía de los discursos de verdad que funcione en, a partir de y a través de esta cupla: estamos sometidos a la producción de la verdad del poder y no podemos ejercer el poder sino a través de la producción de la verdad” (Foucault, 1976: 28).

En este sentido y con relación al tema de la memoria histórica en Guatemala, Sergio Tischler Visquerra hace una distinción entre memoria con “M” mayúscula y “m” minúscula; la primera es la versión oficial (o, se podría decir, el “discurso de verdad”). Se puede argumentar que uno de los “discursos de verdad” más importante para la conceptualización del Estado es la noción del “Estado homogéneo”. Esta idea puede ser rastreada desde la teoría política clásica (y europea). Por ejemplo, para Rousseau, el proceso de entrar en el “contrato social” es un proceso civilizador. Considera que, “Este acto de asociación convierte al instante la persona particular de cada contratante, en un cuerpo normal y colectivo…” (Rousseau, 2016: 14). En Guatemala el “contrato social” es interpretado desde los hombres criollos (y hasta cierto punto mestizos) con un nivel de capital cultural y económico. Las mujeres, consecuentemente, son invisibilizadas, exteriores a este “acto de asociación”.

De Sousa Santos argumenta que en las teorías del contrato social hay implícita una dinámica de inclusión/exclusión:

Las teorías del contrato social de los siglos XVII y XVIII son tan importantes tanto por lo que sostienen como por lo que silencian… Lo que no dicen es que de este modo está siendo creada una masiva región mundial de estado de naturaleza, un estado de naturaleza al cual millones de seres humanos son condenados y dejados sin alguna posibilidad de escapar vía la creación de una sociedad civil (2010: 34, énfasis propio).

El contrato social es sostenido en las sociedades de hoy por el derecho del Estado, lo cual da el marco para las dinámicas de inclusión/exclusión que se pueden derivar de lo que sostiene/silencia el contrato social, para revertir a las palabras de Sousa Santos. Con relación al mismo, el sociólogo francés Pierre Bourdieu considera que, El derecho es, sin duda, la forma por excelencia del poder simbólico de nominación que crea las cosas nombradas y, en particular, los grupos sociales…” (Bourdieu, 2000: 198).

El “poder simbólico de nominación” del derecho, al cual se refiere Bourdieu, es claramente visible de algunos artículos del Código Penal y del Código Civil de Guatemala. Estas reflexiones demuestran una forma de conceptualizar a las relaciones de género que ha sido fundamental para la formación del Estado moderno. Por ejemplo, la noción de la mujer como propiedad de su esposo está reflejada en el lenguaje usado en artículo 110 del Código Civil de Guatemala, titulado “Protección a la mujer”. Dicho artículo indica que, El marido debe protección y asistencia a su mujer y está obligado a suministrarle todo lo necesario para el sostenimiento del hogar de acuerdo con sus posibilidades económicas. Hay muchas ideas implícitas en la formulación de este párrafo.

Al usar esta palabra “protección” se posiciona a la mujer como una persona vulnerable que requiere el apoyo de su esposo para garantizar sus derechos. También se puede analizar el uso de la construcción sintáctica “su mujer”, en lugar de una construcción como “su esposa”. En contextos tradicionales se refiere al “marido y mujer”, pero es interesante analizar esta construcción sintáctica, la cual indica que el hombre cambia de estatus a través del matrimonio: de “hombre” a “marido”. Pero, en este caso, ¿qué es el estatus de la mujer antes del matrimonio, si en la ceremonia se le reconoce sólo como “mujer”?

Además, esta noción de la mujer como propiedad de su esposo y como un ser vulnerable que necesita su “protección”, va en contra de ideas sobre equidad y además del concepto de los derechos humanos, según el cual es el Estado –y no algún esposo– que tiene la responsabilidad de velar por los derechos de todas las personas ciudadanas (ver ICCPG, 2017: 42).

Hallazgos preliminares

Para recopilar las historias de vida en el trabajo de campo, mi introducción fue igual en todas las entrevistas: mostraba una línea de tiempo y decía “Si imaginamos que esta línea representa su vida, desde su nacimiento o el contexto en que nació, hasta ahorita ¿qué me contaría de su vida? ¿Cuáles han sido los momentos felices, los momentos difíciles, y cómo fue el proceso a través del cual usted se vinculó en el proceso legal?”

Explicaba que yo iba a sólo escuchar lo que la persona me quería contar, y después hacer preguntas. Lo que buscaba era que la persona me hablara de manera libre, sin interrupciones, para después poder analizar qué había decidido contar y qué no.

Teóricamente, partía del concepto de la “identidad narrativa”, concepto desarrollado por el filósofo y antropólogo francés, Paul Ricoeur: podemos decir que a través de la narrativa buscamos coherencia en nuestras vidas. Sin embargo, Somers y Gibson argumentan que la construcción de estas narrativas no se deja al libre albedrío de cada individuo:

Aunque argumentamos que la acción social solo es inteligible a través de la construcción, actuación y apropiación de narrativas, esto no quiere decir que los actores son libres de fabricar narrativas como quieren; más bien deben “elegir” de un repertorio de representaciones e historias disponibles. Los tipos de narrativas que predominarán es políticamente disputado, y dependerá en gran parte de la distribución de poder. (Somers y Gibson, 1993: 45, traducción propia)

Entonces yo también buscaba analizar las posibles influencias en el “repertorio de representaciones e historias disponibles”.

En las 25 entrevistas con sobrevivientes y testigos, se notaba que varias personas tenían una narrativa muy clara, que involucraba el contexto político y un análisis del conflicto armado interno. Esto podría haber variado según su nivel de participación en organizaciones sociales.

En varios casos observé diferencias entre los hechos relatados por las mujeres y los relatados por los hombres. Los hombres tenían más una tendencia de empezar con su nacimiento, el contexto en qué nacieron, y relatar los acontecimientos de manera lineal. Las mujeres tenían más una tendencia de empezar con la persecución que sufrieron durante el conflicto armado interno, o con cómo se involucraron en el proceso legal, aunque aquí se debe tomar en cuenta que entrevisté más mujeres que hombres.

Un mes después de haber realizado las entrevistas, realicé dos grupos focales con las y los sobrevivientes entrevistados en Nebaj y Rabinal. Expuse esta observación y planteé algunas preguntas: ¿Por qué estas diferencias? ¿Podría ser que las mujeres han sentido más validación de sus narrativas como sobrevivientes en comparación a la validación que han sentido de sus vidas personales fuera del tema del conflicto armado interno?

Una de las sobrevivientes entrevistadas en Rabinal opinó lo siguiente:

Yo pienso que fue así porque como que se quedó más grabada en nuestra cabeza lo que pasó, lo que vivió, entonces por eso allí es donde comenzó su testimonio. Y a veces nosotras como mujeres no valoramos lo que hacemos, no valoramos nuestro trabajo en la casa, entonces por lo mismo es que no vamos a sacar sobre nuestra niñez.

También lo que surgió en algunas entrevistas, principalmente con personas que trabajaron con las organizaciones que apoyaban a grupos de sobrevivientes, en varios casos el trabajo con las mujeres empezó con ellas en su calidad de “viudas”, quienes estaban buscando a sus seres queridos, y las mujeres no se organizaron tanto en un primer momento en relación a las violaciones que se habían cometido concretamente contra ellas y sus cuerpos.

En este sentido, es interesante analizar el orden en que empieza una entrevistada a relatar los hechos. Sofía (pseudónimo) menciona en primer lugar el haber perdido sus padres, y después su violación. Este fragmento, transcrito literalmente, viene inmediatamente después de que la había dibujado la línea de tiempo y hecho la introducción:

Sofía: [ríe]… [pausa]… ¿Empiezo por el…?

Nathalie: Empiece por donde usted quiera.

Sofía: ¿Empiezo donde vine con mi mamá en el destacamento?

Nathalie: O… o… bueno, donde usted quiera

Sofía: Bueno, lo que me acuerda es que yo me vine en Tzalbal con mi mamá y nos encontraron los soldados. Y así nos cerró la puerta, y así mató a mi mamá, pues. Y después me agarró y me dolió, pero fue un señor que me llevó y me dejó a traer, pues, si no ya no estuviera yo aquí. Pero, yo me contenta, porque gracias a Dios que estoy aquí, y estoy dando mi grabación, va. Pero gracias a ese señor que me fue a traer en el destacamento.

Y mi mamá… ya no… ya no… ya es desaparecida porque ya no la encontramos. Y mi papá también. Les mataron todos y me quedé sola. Yo a veces lloro normalmente porque yo no tengo mamá, no tengo papá.

Pero más después cuando dijeron que si vas a ir a testificar, bueno, como nos llaman de…de…de capacitar, después me contenté, porque como nos hacen masajes, cualquiera de CALDH nos llamamos, que vamos a Xela, o donde quiere, y allí es donde quedó un poquito el…el…el dolor, pues. Porque ya tenía hijo, y me alegró mucho cuando me llamaron de que fui a testificar por lo vivido, por lo que me pasó.

Pues también yo soy de doce años cuando me hicieron la violación. Sólo doce años.

Nathalie: ¿En el destacamento en Tzalbal?

Sofía: Ajá. En Tzalbal mismo. En Tzalbal. Y doce años yo tenía. Y yo no me acuerdo cuántos soldados fue porque ya… por el miedo, o porque es porque ya me iba a morir, eso ya no sentí cuántos fue. Y eso es peor que viví…

En una reunión previa que habíamos tenido para que yo le pudiera explicar mi proyecto de investigación y pedirle cita para hacerle una entrevista, Sofía ya me había contado que fue violada por los militares. También me había contado que quedó con una cicatriz, y que nunca había querido contarle a su esposo –ahora difunto– de donde había venido esa herida. Podría ser que el hecho de ya haberme contado esa parte de su historia le influyó en su forma de contar su historia en la entrevista. Pero también se puede suponer que el hecho de ser grabada le haría reflexionar sobre cómo quería contar su historia, es decir que el orden en que relata los hechos no es necesariamente al azar. A diferencia al análisis que se realiza en los tribunales, donde se analiza los hechos relatados, a mí me interesaba analizar el orden en que se los relataba, y las inclusiones y omisiones.

Es interesante que, después de empezar su recuento con la llegada con su mamá al destacamento, esta parte de su historia queda relativamente corta, al menos en este primer momento de la entrevista. El tiempo que Sofía pasa relatando el pasado en este fragmento es corto. Llega casi de inmediato a relatar del hombre que la rescató del destacamento, y después a su situación actual y más reciente. Sólo después de hablar de su decisión de dar su testimonio en el caso por genocidio ixil, menciona su violación.

La inclusión de la violencia sexual en el caso por genocidio ixil fue un paso clave para el reconocimiento de su uso como arma de guerra en Guatemala. En lo que puede ser considerado como complemento a los informes de verdad de la CEH y el REHMI, el texto Tejidos que lleva el alma: Memoria de las mujeres mayas sobrevivientes de violación sexual durante el conflicto armado, publicado por el Consorcio Actoras de Cambio (2009) brinda una sistematización indispensable que demuestra el uso sistemático de la violencia sexual contra mujeres mayas, y su uso como arma de guerra.

A nivel internacional, la abogada Patricia Viseur Sellers logró esta clasificación en el caso Furundzija en el Tribunal Internacional sobre Yugoslavia. En 2011, Viseur Sellers realizó un peritaje frente a la Audiencia Nacional de España como parte de la ampliación para la inclusión de crímenes de género de la querella interpuesta por Rigoberta Menchú Tum en 1999.

En la sentencia por genocidio ixil cuando se considera el peritaje de Paloma Soria Montañez, se indica que la violencia sexual,

No solo destruyó al grupo protegido en éste caso a los Ixiles, no solo destruía físicamente, sino que supuso una absoluta ruptura de lo que era el tejido comunitario. Se acabó con la transmisión cultural se acabó con el tejido social y por lo tanto hubo una absoluta destrucción y además ya la jurisprudencia internacional dice que la violación sexual puede ser una prueba de la intención constitutiva de lesiones graves y por lo tanto figura un crimen de genocidio (sic) (Sentencia genocidio, 2013: 202).

Dada la transcendencia de la violación sexual como parte del genocidio guatemalteco, es impactante que en un primer momento las mujeres no la podían hablar, en cambio asumiendo la figura de “viuda”. En uno de los grupos focales que realicé se indica, sin embargo, que esta figura de “viuda” vino a representar a las mujeres que sobrevivieron, y que después de las masacres empezaron a organizarse y a exigir justicia. Felipe Sarti, fundador y coordinador del trabajo de ECAP en Rabinal, consideró la manera en que desde un inicio se hablaba de manera despectiva de las mujeres que se estaban empezando a participar en las organizaciones:

… Cuando nosotros recién venimos acá, a convocar, nos comenzaron a amenazar, y lo que nos decían era “No se sigan reuniendo con las viudas”. Es decir, las mujeres. Entonces lo que pasaba era que también los comisionados, las autoridades del destacamento… “ellos”[4], esos “ellos”, tenían miedo de las mujeres que habían sobrevivido y comenzaban a hablar, y comenzaban a contar, y comenzaban a reunirse (comunicación personal).

El protagonismo de las mujeres que rompieron el silencio acerca de la violencia sexual ha sido ejemplificado en el caso de Sepur Zarco, en el cual, el 26 de febrero de 2016 el coronel Esteelmer Francisco Reyes Girón y el excomisionado militar Heriberto Valdez Asij fueron sentenciados por delitos contra los deberes de humanidad en su forma de violencia sexual, esclavitud sexual y esclavitud doméstica. Las apelaciones a la sentencia fueron declaradas sin lugar el 19 de julio pasado.

En dicho caso, las mujeres formaron la asociación Jalok’ U (Cambio de rostro) tras la realización del Tribunal de Consciencia en contra de la Violencia Sexual hacia las Mujeres durante el Conflicto Armado Interno (2010), y decidieron ser querellantes. Carlos Paredes, un psicólogo que trabajó con algunas de las mujeres desde el año 2000 con ECAP, considera los cambios que pudo observar en las mujeres a lo largo de este proceso:

Vi unas mujeres completamente diferentes que cuando las vi en 2003. Eran aquellas mujeres que miraban el suelo contando lo que se les había pasado, que no podían decir dos palabras sin empezar a llorar, desarticulado completamente su testimonio… Y cuando hablamos con ellas sobre la justicia, sonaba como algo irreal, verdad, como algo completamente fuera de posibilidades. Y verlas sentadas frente a la jueza, el tribunal, frente a las personas que fueron responsables de todo lo que les pasó, y decir, “yo soy fulana de tal, y vengo aquí porque quiero justicia por lo que me hicieron” (comunicación personal).

Casos como el del genocidio ixil y de Sepur Zarco han jugado un rol fundamental en el reconocimiento del uso de la violencia sexual contra mujeres mayas durante el conflicto armado interno, y han sentado precedentes importantes a nivel internacional. El protagonismo que han asumido las mujeres ha roto el silencio que antes existía acerca de estos temas, además de posicionar la violencia sexual y los delitos cometidos contra las mujeres en los debates acerca de lo que constituye genocidio. Sin embargo, colocar a estos temas en “los discursos [oficiales] de verdad” es un proceso en curso, dado que la visión del Estado guatemalteco sigue basada en el patriarcado, tal como legislación para “la protección de la mujer” demuestra.

El trabajo arduo de las mujeres mayas se les ha posicionado en estos casos como sujetas de derecho y ha hecho una reivindicación de sus cuerpos como suyos, y no como botín de guerra. Publicaciones como Tejidos que lleva el alma (Consorcio Actoras de Cambio, 2009) y Ginocidio contra mujeres indígenas (Palencia Prado, 2013) demuestran que las mujeres mayas fueron blanco por su calidad de mujeres e indígenas.

Por lo tanto, es necesaria una lectura crítica de los crímenes del pasado (y del presente), que tome en cuenta la “trenza” de opresiones que existe en el país.

Referencias bibliográficas

Bourdieu, Pierre (2000) “Elementos para una sociología del campo jurídico”, en Bourdieu, P. y Teubner, G. (2000) La fuerza del derecho. Bogotá: Siglo del Hombre Editores

Calveiro, Pilar (2006) “Los usos políticos de la memoria”, en CLACSO (2006) Sujetos sociales y nuevas formas de protesta en la historia reciente de América Latina. Buenos Aires: CLASCO

Casaús Arzú, Marta Elena (2003) “Metamorfosis del racismo…”, en España, Olmedo (compilador) (2003) Discriminación y racismo. Guatemala: Comisión presidencial coordinadora de la política del Ejecutivo en materia de Derechos Humanos (COPREDEH)

Consorcio Actoras de Cambio (2009) Tejidos que lleva el alma: Memoria de las mujeres mayas sobrevivientes de violación sexual durante el conflicto armado. Guatemala: ECAP/UNAMG/F&G Editores

Cumes, Aura (2008) “La presencia subalterna en la investigación social: reflexiones a partir de una experiencia de trabajo”, en Santiago Bastos (compilador) (2008) Multiculturalismo y futuro en Guatemala. Guatemala: FLACSO/OXFAM

Dubet, François (1989) “De la sociología de la identidad a la sociología del sujeto”, en Estudios Sociológicos VII: 21, 1989

Figueroa Ibarra, Carlos (2011) El recurso del miedo, 2da edición, Guatemala: FyG Editores

Foucault, Michel (2006) Genealogía del racismo. Argentina: Editorial Altamira

Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales de Guatemala (2017) Mujeres privadas de libertad: Casos del Centro de Orientación Femenina y de Santa Teresa. Guatemala: ICCPG.

Levene, Mark (2008) Genocide in the Age of the Nation State: Volume 1, The Meaning of Genocide, London, New York: I.B Taurus

Palencia Prado, Tania (2013) Ginocidio contra mujeres indígenas. Guatemala: ActAlianza/Serviprensa

Ricoeur, Paul (2013) Si mismo como otro. México/Argentina: Siglo XXI Editores.

Rousseau, Juan Jacobo (2016) El contrato social. México: Ediciones Leyenda S.A.

Somers, Margaret y Gibson, Gloria (1993) Reclaiming the Epistemological ‘Other’: Narrative and the Social Construction of Identity, University of Michigan: CSST Working Papers

Sousa Santos de, Boaventura (2010) Descolonizar el saber, reinventar el poder. Uruguay: Ediciones Trilce.

Tischler Visquerra, Sergio (2005) Memoria, tiempo y sujeto. Guatemala: F&G Editores

Tribunal Primero de Sentencia Penal, Narcoactividad y Delitos contra el Ambiente “A” (2013) Sentencia por genocidio y delitos contra los deberes de humanidad contra el pueblo maya ixil. Guatemala: AJR/CALDH

Vela Castañeda, Manolo E. (2014) Los pelotones de la muerte: La construcción de los perpetradores del genocidio guatemalteco. México: El Colegio de México

[1] Licenciada en Sociología, por la Universidad de Durham, Inglaterra. De 2009 a 2014 trabajó en el acompañamiento de sobrevivientes de crímenes del pasado y defensoras/es de derechos humanos en Guatemala. En 2016 trabajó como consultora con el Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales de Guatemala (ICCPG), realizando una investigación sobre mujeres privadas de libertad.

[2] La autora realizó su trabajo de campo con asesoría y apoyo académico de IPNUSAC en Guatemala, como parte de la Maestría en Sociología Política del Instituto de Investigaciones José María Luis Mora de la Ciudad de México, becada por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT, México).

[3] Traducción propia. Original: “a globalising economic-political system and its basic neo-Darwinian ground-rules.”

[4] Otra de las observaciones hechas de los grupos focales se refiere al uso del pronombre “ellos”. Muchas veces en las narrativas de las y los sobrevivientes se usaba esa palabra sin que fuera claro exactamente a quiénes se estaban refiriendo: el “ellos” en momentos distintos podía ser los militares, los terratenientes, “los ricos”, los comisionados militares, la oligarquía. Considero que se podría decir que el “ellos” representa el bloque hegemónico en Guatemala.

Fuente: [Revista Análisis de la Realidad Nacional, edición 125]

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