EL NIETO DE LA ISLA INVISIBLE

VERSIÓN 2009

Teatro para niños

Guatemala 2006-2009

Autor: Utrillo
Mauricio Estanislao López Castellanos

I

Niño: (Todo oscuro) Mi padre siempre dijo que la vida es como un rompecabezas incompleto, que Dios había hecho más piezas de las que cabían en el rompecabezas y que por eso cada cierto tiempo Dios trataba que las catástrofes redujeran la cantidad de las piezas para que algún día todas encajaran y no sobrara ninguna. Mi padre creía que yo era una de esas piezas del rompecabezas que resultaba sobrando. Pero Dios nunca le hizo saber a mi padre que lo que creía era totalmente lo contrario…

Se abre telón, en escena, aparecen muebles de habitación sencilla costeña, al centro una mesa, a un lado una cama, al otro lado una estufa y una repisa de madera. Frente a la mesa sobre el suelo un niño trata de armar un rompecabezas.

Niño: (Mientras intenta cazar piezas en el rompecabezas) Todas las piezas caben, aunque sea a la fuerza, pero caben en este rompecabezas. (Se levanta, avanza hacia el lado derecho, busca algo, no habla pero su expresión es evidente) El libro de Ciencias Naturales dice que el universo está hecho como un enorme embudo estirado a lo largo de la casa. A mamá nunca le gustó que yo me pusiera en el suelo a armar rompecabezas, decía que le dan dolor de cabezas… Ja ja ja… (Hay un efecto de luz con las piezas que parecen flotar en el aire por cuenta propia cada una de distinto color)
Voz (en off): (desde la puerta) ¡Abre la puerta! ¡Abre la puerta!
Niño: ¿Quién es? ¿Quién es?
Voz (en off): ¡Abrí la puerta! ¡Abrí la puerta! Puchica patojo, parece que no conocieras la voz de tu Abuela. Abrí la puerta…
Niño: (Abriendo la puerta) ¡Cómo iba a saber que era usted? No siempre carga sus llaves pues…
Abuela: Siempre las cargo pero casualmente hoy se me olvidaron. Me di cuenta hasta que llegué al mercado, cuando estaba comprando las cebollas…
Niño: ¡Guácala! ¡Cebollas! ¿Y para qué cebollas…?
Abuela: Para que te pongas pilas patojo… para eso son las verduras. No como esa comida chatarra, tanta chuchería que te tragas los domingos.
Niño: Na, usted sabe que a mi las verduras no me gustan.
Abuela: A vos solo lo que te enferma te gusta.
Niño: No es cierto. (El niño continúa armando el rompecabezas, la Abuela se acerca a la mesa y revisa todo lo que ha comprado, de una forma minuciosa contabiliza cada vegetal. Hace operaciones matemáticas en el aire empleando sus dedos.)
Abuela: (Pensando en voz alta) Hoy son 3 platos en la mesa…
Niño: ¡Otra vez! (Sin hilar la conversación de la Abuela y la de él).
Abuela: ¿Otra vez qué?
Niño: Nada, otra vez la misma pieza que no encaja.
Abuela: Tu papá viene hoy en la noche.
Niño: (Sin prestar atención) Me falta una pieza, siempre me falta una pieza en todos los rompecabezas que tengo.
Abuela: Me oíste… ¡Patojo!
Niño: ¿Ah?
Abuela: Oíme querés, hoy viene tu papá y te tenés que bañar y ponerte la ropa que te planché.
Niño: Bañarme ¿Otra vez?
Abuela: ¡Si!
Niño: Pero si no he terminado de armar mi rompecabezas, me falta todavía.
Abuela: Dejá ya esa cosa querés, anda hacé lo que te digo.
Niño: Perame, ya mero termino.
Abuela: No, ¡anda te digo! (La Abuela se acerca al niño, se agacha intentando tomar la caja donde guarda todas las piezas del rompecabezas, la agarra y el niño reacciona desesperado por recuperarla desde el suelo, pero no la logra alcanzar. Transición de luces de piezas flotantes hasta que todo queda oscuro.)

II

Sobre el fondo del telón, en grande puede verse un rompecabezas proyectados como la imagen de una película, en la imagen solo aparecen una quinta parte de las piezas bien encajadas y el resto sin armar, se muestra unos instantes en una iluminación azulada por la marea que se escucha a lo lejos.
Voz de Abuela (en off): El mar nunca se cansa de acariciar la tierra, la envuelve en su ternura salada, le seca las heridas cuando sangra, ahoga sus gritos con espuma y baña sus miradas, por eso la tierra aún está viva, por que el mar siempre la sana.

III

En el muelle de la población. Barcos y marineros. Gavitas. Mar al fondo. Un día soleado y transparente.
Marinero I: Ah novato… ¿Cómo se te ocurre hacer eso? Si ni siquiera llevas dos años seguidos en el mar y ya te sientes en condiciones de saber todos los secretos…
Marinero 2: Deja de hablar, deja de hablar… ya me has aburrido en toda la pesca con tus palabras. Calla y vive. ¡Déjame en paz!
Marinero 1: Va, ¡qué te quejas! A todos nos ha tocado igual, pero no he sido necio como tú. Tu necedad te ha marcado, iluso. Eso eres, un iluso. Mira que grabarte el nombre de esa campesina en el brazo es lo más tonto que he visto. Nunca te pones el nombre de una mujer en la piel, te pones su rostro, su cuerpo, su forma, no su nombre.
Marinero 2: (Interrumpiéndolo) Ve… ¡Ahí viene tu hijo! (Aparece el niño por el muelle, haciendo figuras con sus manos.)
Marinero 1: ¡Eh! Muchacho ¡Ven! Acercate, ven a saludar a tu padre, ven, dame un abrazo.

IV

Frente de la casa del Marinero. Es una casa típica de una zona costera, con una banca de madera a encostado de la puerta y un amplio patio antes de alcanzar la calle. El Marinero sale del interior de la casa y se sienta en la parte central de la banca. Por la ventana que está justo del lado de la pared de la banca, aparece la cabeza del niño que intenta observar lo que hace su padre.
Marinero: Vamos (en voz alta para que lo escuche el niño), sal. No te quedes adentro de la casa. Ya te vi y no me gusta que siempre que vengo del mar hace siempre lo mismo… (el niño desaparece de la vista y sale luego por la puerta y va hacia la banca pero se sienta en el suelo de manera que mira al padre y también al público) Aquí hay suficiente espacio para que puedas estar cómodo, espero que tomes en cuenta de que no vengo siempre y me aburre estar adentro de esas paredes cuando he pasado hasta meses en el barco.
Niño: ¿Cuánto tiempo?
Marinero: Varios meses… pero esos meses parecen siglos yo he visto a varios lanzarse al mar desesperados por volver a tierra firme, algunos se los comieron los tiburones.
Niño: Y tú…
Marinero: ¿Yo qué?
Niño: ¿tu nunca te tiraste al mar?
Marinero: Tirarme yo… jamás, podría estar loco y desesperado por volver a tierra firme, pero nunca me lanzaría al mar, eso lo hacen los insensatos…
Niño: ¿Y mamá?
Marinero: Ella era una sirena. Solo vino a la tierra para que vos nacieras, luego desapareció. ¿Y cómo va el asunto ese que siempre tenés debajo de la cama?
Niño: Se llama rompecabezas.
Marinero: Pero siempre lo tenés debajo de la cama. ¿Cómo va, ya lo terminaste? Creo que era de un castillo…
Niño: Ah, ése lo terminó hace un mes, ahora tengo otro.
Marinero: Y no es siempre el mismo que nunca terminas de armar las piezas. Ah, ya sé, se que te ayuda la abuela para que los hagas más rápido.
Niño: Eso no es cierto ¡Yo los armo sin ayuda de nadie!
Marinero: Va, tampoco eres tan listo como para armarlos, pero si te hace feliz que te crea, está bien te creo. Además a mi ni tiempo me queda para andar tirándolo a la basura haciendo estas tonterías de cartoncillo.
Niño: Rompecabezas, se les llama rompecabezas.
Marinero: Como sea, son de cartón. Lo que deberías aprender es a limpiar pescado en la casa de Antonia, eso es lo que deberías hacer después de la escuela y no seguir perdiendo tu tiempo en eso. ¡Va! Ni siquiera deberías de ir a estudiar. El hijo de Sam estuvo diez años en la escuela y terminó trabajando de pescador como todos nosotros. Para lo único que le sirvió la escuela fue para llevar los apuntes de la pesca de cada semana, sólo para desvelarse haciendo las cuentas, pero gana lo mismo que yo, que nunca en mi vida estuve en la escuela. No, mi padre fue mas listo y desde los cuatro años ya estaba yo en el barco rumbo a alta mar para buscar la comida de la casa. Pero eso a mí aquí todos me conocen y saben que soy un verdadero marinero, aunque mi barco se haya hundido en la tormenta que murió tu mamá, aunque le trabaje a Jonas en la “Circe”, todos me respetan y vas a ver, que te vas a subir a mi barco en un par de años y vos también vas a aprender a ser marinero de verdad. No eso que te quiere hacer tu abuela, que lo único que sabe del mar, es que tiene sal y moja.
Niño: No es cierto, mi abuela sabe cocinar pescado y muchas otras cosas del mar. Lo que pasa es que no le hablas.
Marinero: Ni falta hace que la defiendas. Lo que sé, es lo que sé. Ella ni de chiste se ha subido a un barco, que va andar entiendo la vida del marinero. Te apuesto que ahorita está cociendo sus verduras y tejiendo algunos de esos manteles que nadie le compra en el mercado. Aquí hay que dedicarse a la pesca o te morís de hambre. Lo que deberían de hacer es subir la escuela a un barco.

V

Orilla de muelle. Algunos barcos, varios pescadores con rostro de asombro y tristeza. Varios vecinos del pueblo están llegando al muelle y al parecer todos se dirigen al pescador más anciano quien con una expresión de incomodidad los hace formar una semi rueda y les habla.
Pescador: Un pescador nunca declara el naufragio de otros. Es mala suerte anunciar la desgracia de un colega. Pero… (mira a los otros pescadores que están en el muelle) nadie más se atreve a darles la noticia que suponíamos un rumor… Al parecer la “Circe” se hundió cuando iba rumbo al Golfo (aparece la Abuela y el Niño, reuniéndose con los demás vecinos, el Pescador al ver a la Abuela, cierra los ojos como una afirmación silenciosa y ella abraza automáticamente al Niño) Así es, no hemos logrado comunicarnos con ellos y todo parece que tenemos que organizarnos para salir a buscarles al amanecer, necesitamos voluntarios… (muchos vecinos se van) Me lo imaginaba.
Niño: Yo voy…
Abuela: Tú… tú no vas a ir.
Niño: Yo no tengo miedo.
Marinero: Tranquilo niño, estás muy pequeño, solo estorbarías y el mar está recio, podrías caerte y sería pero el asunto. Mejor quédate cuidando a tu abuela.

VI

Un cuarto improvisado como punto de reunión de los pescadores que realizan la búsqueda de rescate de los náufragos. Una mesa y algunas sillas, sin embargo ninguno de los marineros está sentado excepto el que mira sobre la mesa una mapa marítimo. Hay una puerta del lado izquierdo que da hacia la calle.
Abuela: (Entrando al cuarto) Ya me cansé de que me digan que me quede en casa, yo, ya no, en esta ocasión no me quedo esperando en casa, aquí hay cosas que hacer y si nadie se atreve a ir yo sí.
Marinero: (Acercándose a la Abuela para calmarla) Señora, Doña Alma cálmese por favor, ya estamos haciendo la ruta de búsqueda y estamos listos para salir al amanecer, cálmese.
Abuela: Ya no voy a pegar un ojo si no los traen de regreso.
Marinero: Tranquila abuela, los vamos a encontrar, sólo estamos al pendiente de que mejore un poco el tiempo para que sea más fácil.
Marinero 2: (El que está viendo el mapa) No es posible… Según esto, las corrientes posiblemente se los llevó mar adentro.
Marinero: (El que hablaba con la Abuela) ¿Estás seguro?
Marinero 2: Sí, este mapa es bueno, creo que no hay muchas esperanzas.
Niño: (Viendo el mapa) Ese mapa no sirve… ¡Es mentira! ¡Ese mapa no sirve!
Abuela: Cállate niño, no te metas en conversaciones de adultos.
Niño: Pero es cierto abuela, el mapa no sirve.
Abuela: Vámonos mejor. (salen la Abuela y el Niño de la habitación, y dejan a los marineros coordinando el rescate)

VII

Bodega abandonada al fondo de la casa del niño. Un cuarto a media luz que no tiene más respiración que la puerta de ingreso. Hay telarañas, suciedad, desorden, abandono. El niño entra y comienza a buscar dentro de las cajas y de todo el desorden. Revisa detenidamente carpetas enmohecidas y papeles viejos.
Niño: El mapa está mal… Ese mapa no sirve… Mi abuelo tenía un mapa de verdad… El verdadero mapa de esta costa, el que hicieron cuando fundaron el muelle, el mapa que usaron los primeros barcos para navegar en estos mares. Esos marineros están perdidos, porque con ese su mapita nunca los van a encontrar.
Abuela: (en off) Niño, dejá de hacer travesuras en la bodega, no tenés nada que hacer ahí. Salte ya…
Niño: (Sirgue registrando) Ya voy abuela, ya voy.
Abuela: (en off) Nada de que ya voy. ¡Salite!
Niño: Tiene que estar por algún lado, yo lo vi por aquí antes de que la abuela guardara las cosas del abuelo. En ese mapa está todo, ningún marinero se perdió cuando ese mapa se usó para navegar por esta costa. Ninguno. ¡Ahí está! (en un rincón levanta unos retazos) Éste es, ¡Éste es! Pero está roto… Y los otros pedazos… Ahí hay otros… sólo está la mitad. (Se oscurece todo)

VIII

De nuevo en el cuarto improvisado de reunión de los pescadores. Algunos están recostados en las sillas, intentando dormir mientras amanece, otros (el marinero veterano y el marinero cartógrafo) están despiertos viendo el mapa. Hay silencio de madrugada. Repentinamente tocan la puerta de forma abrupta. El cartógrafo se levanta rápidamente y abre la puerta, entra el Niño con un trozo de papel pegado con cinta adhesiva.
Niño: ¡Este es el mapa! ¡Ése no sirve! (se abalanza sobre la mesa y tira el mapa que tenían, despliega su trozo de papel y les muestra a los marineros) Estas son las verdaderas corrientes del mar…
Marinero: Niño te has vuelto loco… ¡Te has escapado de tu casa!
Cartógrafo: ¿De dónde sacaste ese mapa? Es un trapiche…
Marinero: Calla, no estamos para bromas. Y tú, niño, vuelve a casa con tu abuela, la vas a matar si no te ve en tu cama. ¡Ve! ¡Vuelve! Déjalo en manos de los que saben. ¡Vete! (El niño insiste un poco pero luego se marcha)
Cartógrafo: (Poniendo el mapa tirado sobre el trozo de papel del niño) Ese niño está chifla… (Se le corta la voz cuando descubre algo) Ahí está…
Marinero: ¿Qué? (se acerca a la mesa a ver)
Cartógrafo: La Isla Invisible…
Marinero: ¿La Isla Invisible? ¿De qué rayos estás hablando?
Cartógrafo: Es la leyenda de una corriente que se da solo cuando aumenta la época de las tormentas, cada treinta años, se dejó de creer en eso cuando llegaron los nuevos barcos. Ya nadie le prestó atención desde que dejamos los instrumentos antiguos, y la mayoría de marineros de aquella época se deshicieron de los mapas que la mencionaban porque se había convertido en parte de un rumor que daba mala fama a todo el que lo creía.
Marinero: Yo nunca supe de esa tal Isla Invisible.
Cartógrafo: Es que no es una “isla”… es como le pusieron los marineros de antes a esas corrientes marinas. Y estos mapas eran las claves para sobrevivir a esta corriente durante las tormentas.
Marinero: Estás diciendo que puedes hallar el lugar donde podrían estar los de la “Circe”.
Cartógrafo: Yo no creo en la Isla Invisible.
Marinero: ¡Con un demonio! No te estoy preguntando si crees o no. Quiero que los rastrees usando este mapa.
Cartógrafo: No es un mapa, es un trapiche. ¿Cómo vamos a creerle a un niño, pudo haberlo encontrado en la basura? Está desesperado y no sabe qué hacer.
Marinero: ¿Y no es mucha coincidencia que sea precisamente un mapa de una leyenda que según vos no existe? Que los busques, eso te estoy pidiendo.
Cartógrafo: El mar no es juguete de niños…
Marinero: Las historias antiguas tampoco de los adultos cobardes.
Cartógrafos: No soy cobarde. Simplemente soy escéptico.
Marinero: Para mi es lo mismo.

(BLACK OUT)

Ciudad de Guatemala, Febrero 2006 : 18 Enero 2009