-Soy alcólico y feliz de serlo-
Así dijo el Pedro al nomás comenzar a hablar cuando le dieron la palabra en esa reunión de bolos a la que me llevaron.
Poco a poco fui comprendiendo que todos estaban mal de su cabeza, como yo que andaba de gran furia, bueno, eso no es así porque a veces no tenía ni para comprarme un medio octavo. El pisto nunca me alcanzaba para…
Ni razón, ni lógica, ni pudor.
En el psicogeriátrico la humanidad, envejecida, se arruga sin que el espejo se de cuenta y el calendario está, ahí, sin oficio.
-Estás completamente loco- me dice Güili señalándome con su dedo anular tiezo como una tiza que pretende escribir en el pizarrón que no le enseñó a escribir.
Sus azañas son las del niño volando en el pegazo del carrousel de la feria pueblerina y…
A principios de los años ochenta sentí la necesidad de esconderme de un fantasma real que merodeaba por La Antigua Guatemala; conocidos habían empezado a desaparecer o a aparecer torturados y asesinados.
Conocía a unos gringos que trabajaban para un proyecto de Promoción Humana en San Miguel Conacaste, Sanarate, y para allá me fui a ver si aceptaban que realizara algún trabajo dentro del proyecto. Me quedé. Por trece Quetzales al…
Y bueno, viendo partidos con un ojo y con el otro leyendo noticias por los vergueos en Guate con eso de la renuncia de Castresana y los restos de las desgracias producidas por Agatha y Pacaya; cabezas cortadas, choferes asesinados y otras maldades.
De esa cuenta, hasta a veces me siento un pura mierda porque me asalta el sentimiento de venganza cuando me contradicen o agreden. De tal manera que…
El miércoles santo el molino se abría hasta las 11 de la noche. Era un día extraño porque me dejaban fuera de la cama hasta que me aburría de oír el ruido del molino y las historias de las señoras que venían a moler su maíz para los tamalitos de manteca porque esos días santos no se torteaba.
-Si se tortea es como aplaudir y el viernes santo no hay…
Agradecimiento a Luis de Lión
Luis de Lión me dio la mano cuando yo apenas empezaba a comprender para qué servía el abecedario; fue en San Juan del Obispo en una casa que una correntada del volcán Agua borró sin piedad.
Me asustó el hombre.
Demasiado alto para mi lúgubre figura escondida entre las bancas de un banquete de bodas; se casaba don Juan que aún sigue encerrado en su propio manicomio…
Lleva un plato con sus propios ojos.
Está en altar mayor de la iglesia del barrio Santa Lucía, ahí donde pasaba el desagüe principal de la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala a flor del suelo.
Ante Lucía recibí la primera comunión a la edad de siete años cuando todavía creía que dios era el eterno creador de todas las cosas. Esa idea me la hicieron memorizar hasta que,…