Manipulación publicitaria

La regulación es imprescindible.

Marcela Gereda

No hay duda: los genios del marketing sí que saben llegar a los sentimientos de las masas y manipular nuestras emociones y percepciones de la realidad hasta el tuétano. A tal punto que a pesar de que parecemos saber que las oligarquías del mundo están devorando a un ritmo desaforado los últimos recursos del planeta, seguimos consumiendo sus nefastos productos como bebidas azucaradas, comidas procesadas, alimentos industriales, etc.

Y es que todo está vinculado: la crisis alimentaria, la crisis ambiental, la crisis energética, la especulación financiera, el saqueo de los recursos naturales, la apropiación y la concertación de tierras, la expansión desordenada de la frontera agrícola, la voracidad de la explotación de los recursos naturales…las enfermedades producidas por un medio ambiente degradado y hábitos de consumo degenerativos. Todo es producto de esta economía del delito en el que los más ricos concentran el poder y los recursos.
Y sin embargo, cuando en la publicidad vemos a Shakira o a Messi o a las celebridades que sean, invitándonos a consumir –por ejemplo– bebidas azucaradas, caemos en la manipulación. ¿Qué efectos produce en nosotros escuchar voces hermosas y aires pegajosos con telón de fondo Atitlán y que nos digan que juntos somos el cambio que el país necesita?, ¿nos hace amar una marca?, ¿nos hace querer consumir esa marca?

Aunque infinidad de empresas lo sigan negando: ahí están ya los evidentes efectos y las consecuencias de sus productos: diabetes, contaminación, cánceres, sequías, crisis alimentaria, obesidad, deforestación, etc.

Según la Asociación de Medicina Interna aquí coexiste la desnutrición calórico-proteica con obesidad, hipertensión arterial, diabetes mellitus e hipercolesterolemia y ello se debe al cambio en la dieta de la población a las comidas procesadas, el consumo de carbohidratos refinados y azúcar (galletas, harinas refinas, azúcar y endulcolorantes artificiales) y bebidas azucaradas.

Un estudio realizado por el Dr. Joaquín Barnoya (UNICAR) señala que el 41 por ciento de hombres y 55 por ciento de mujeres padecen sobrepeso y cómo la diabetes se ha disparado sobre todo en la población rural.

Varios estudios demuestran que la publicidad intencionalmente confunde y desinforma a la población para favorecer sus ventas. Ejemplo: la publicidad de Azúcar de Guatemala,  dice “tomar un moshito y endulzar con azúcar es parte de una dieta balanceada y sana”, además niegan que el consumo de azúcar está directamente relacionado con la obesidad y diabetes.

Recientemente, la Asociación Mundial Pública de salud nutricional, la Federación Mundial de Obesidad solicitaron a Pepsi Cola y Coca Cola dejar de promocionar sus productos en niños de menos de 16 años.
Ante esta hecatombe humana y ambiental los gobiernos no tendrán otra opción que obligar a estas empresas a colocar en grande en letras negras de luto sobre las latas de aguas gaseosas la advertencia: “el abuso en el consumo de este producto produce serios daños a la salud”. Los lobbies no podrán detener por mucho tiempo esta realidad.

La regulación es imprescindible. Mientras, la responsabilidad social de las empresas se vuelve una simple estrategia de marketing, una bestial ficción de la publicidad del cambio. Me pregunto qué pensarían los hijos de los dueños de estas empresas que matan a fuego lento a la población y al ambiente, si supieran  que miles de niños se enferman a causa de lo que venden su padres o que ellos son los mayores responsables de la degradación y contaminación de cuerpos, mares y ríos, pero que con campañas engañosas para distorsionar la realidad y ganar millones, hacen todo lo posible para que no se eduque a la población para rechazar esos productos.

Es tal el cinismo de las corporaciones –y tal la catástrofe ecológica a la que se ha llegado– que hoy las empresas generan estrategias publicitarias para blanquear su imagen, diciéndole a los consumidores que son “ecológicamente responsables” o sanos. Sabemos que esto no es cierto. Basta mirar nuestros ríos para ver que están desbordados de empaques de comida chatarra y bebidas azucaradas que según los distinguidos empresarios es “responsabilidad del consumidor”.

¿Qué tal si en vez de seguirnos endulzando el oído (y los cuerpos) empiezan a invertir en la recuperación de ríos, mares y lagos, en educación nutricional, en generar composta y en educar a la población para separar la basura ya que tenemos un problema bestial con la falta de manejo de desechos que hay en el país?, ¿por qué esas empresas que dicen amar tanto el país explotan de esa manera los recursos naturales?, ¿por qué si aman tanto esta tierra permiten que se contaminen con sus productos de latas y botellas PET nuestros ríos y lagos?, ¿por qué si dicen amar tanto a la población nos venden algo que no es saludable ni para el cuerpo ni para el ambiente?

Fuente: [www.elperiodico.com.gt]

Narrativa y Ensayo publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Marcela Gereda

Marcela Gereda

Antropóloga de corazón y profesión. Enraizada en la literatura, la poesía y el periodismo. He buscado cultivar el ensayo etnográfico sobre situaciones interculturales, urbanas y rurales, tratando de dar cuenta de la dinámica de las hibridaciones y los mestizajes culturales que articulan las mentalidades de conglomerados en situación de marginalidad, como ocurre con las mujeres del Sahara Occidental que han vivido en España y Cuba y que han tenido que volver a los campamentos de refugiados, y con las maras y los mareros de Centroamérica. También ha trabajado para los derechos de salud reproductiva de mujeres indígenas.
Marcela Gereda