Fuente: Diario La Hora
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Lunes, 06 de Septiembre de 2010

Afirmaciones de libro se basaron en documentos y testimonios

Carlos Figueroa Ibarra, autor del libro “¿En el umbral del posneoliberalismo?”, se refiere a las motivaciones, fuentes y las más importantes implicaciones de su publicación para Guatemala y el próximo proceso electoral, que desde ya se vislumbra muy polarizado, con una guerra de campañas y con altos niveles de violencia

La Hora: ¿Qué lo ha motivado a escribir este libro y particularmente, por qué ha escrito estas líneas sobre la situación de Guatemala?

Carlos Figueroa Ibarra: Antes que nada quiero expresar mi gratitud con La Hora por haberme honrado con el reportaje sobre mi libro en su edición del 18 de agosto del presente año. La motivación para escribir este libro surge de la constatación del dogmatismo neoliberal que ha imperado en todo el mundo, en los últimos 30 años. La existencia de un pensamiento único, que no concibe que haya alternativa posible como política económica. En los medios impresos que existen en Guatemala, por ejemplo, la mayoría de articulistas defienden las posturas neoliberales. Muy pocos, entre ellos Oscar Clemente Marroquín, han tenido la suficiente autonomía moral y se han permitido emitir opiniones que son disonantes con respecto al dogma neoliberal. En el libro sostengo que el neoliberalismo ha estado en crisis en los últimos años, lo cual se manifiesta en las mediocres tasas del PIB que se han observado en América Latina, y en la crisis económica mundial que arrancó en septiembre de 2008 y que todavía no termina. Sostengo que esta crisis acaso nos esté colocando en una nueva etapa histórica, el posneoliberalismo. En el libro examino tres casos; el primero analiza el surgimiento del vasto movimiento político y social que encabeza en México Andrés Manuel López Obrador. En otro de los capítulos analizo el caso de tres de los países andinos, Bolivia Venezuela y Ecuador, en los cuales existen procesos de transformación social profundos. En el capítulo 2 examino el caso de Guatemala, del cual La Hora hizo una reseña extensa, en el que indago sobre las limitaciones que tiene un proyecto socialdemócrata en el país. Estas limitaciones están marcadas por varios factores, entre ellos la debilidad económica del país, y sobre todo la del Estado. Advierto la existencia de poderes fácticos –que incluso tienen más poder que el propio Estado– y con ellos, no solamente estoy mencionando a los poderes ocultos, pues en el libro también se menciona a los grandes poderes empresariales que han impuesto una lógica que ha impedido hacer una reforma tributaria integral y que hacen que el Estado esté en bancarrota. Sabemos que un Estado que no cuenta con al menos el 20 por ciento de recaudación fiscal –con relación al PIB– es realmente muy precario. Las posibilidades y limitaciones del cambio político y social en América Latina son el eje de mi libro. Y esta situación, expresada aquí de manera muy resumida, me motivó a escribir el libro.

LH: ¿En qué se basó para hacer la aseveración que reprodujimos, sobre la relación del grupo La Cofradía con la UNE y el presidente Álvaro Colom?

CFI: El texto que se publicó en La Hora destaca un aspecto del análisis integral que yo hago en el libro. El titular del reportaje dice: “Libro denuncia un pacto entre La Cofradía con la UNE y Álvaro Colom”. Lo que yo hice fue examinar un amplio arco de alianzas que posibilitaron la llegada de Colom a la Presidencia, lo cual por cierto no es lo mismo que llegar al poder. En el libro consigno varias fuerzas. En primer lugar, la más importante por ser la base, se refiere a un sector de capital emergente, entre los que se encuentran exportadores no tradicionales –entre ellos los maquileros–, quienes serían la fuerza política más significativa en este Gobierno y lo que explica el desagrado que éste causa al gran empresariado tradicional. Parece que en esta pugna radican los continuos ataques que este Gobierno ha recibido por parte de la derecha. Pero el Gobierno de Álvaro Colom también ha contado con el apoyo de otros sectores, como el socialdemócrata, el cual se presenta en personajes como Luis Zurita, Haroldo Rodas, Fernando Fuentes Mohr y en algún momento, Juan Alberto Fuentes Knight. Este sector tendría un proyecto definido por esta ideología. También existen otros sectores, como el que proviene de la izquierda revolucionaria: es sabido que hay varios funcionarios que provienen de la militancia en la URNG u otras expresiones del movimiento revolucionario. Es sabido, incluso, que el partido que encabeza Pablo Monsanto lo apoya también a este gobierno, como se evidenció con la presencia de Arnoldo Villagrán en Gobernación y actualmente como asesor de seguridad. Me llamó particularmente la atención la presencia en el Gobierno de Carlos Quintanilla, quien fungió durante la campaña un papel principal, pues era el encargado de seguridad del candidato. Según los diversos reportes y análisis que leí y que están consignados en la publicación, la candidatura de Colom expresó un amplio tejido de alianzas. Entre ellas la alianza circunstancial con el grupo que en determinado momento representó Quintanilla. En La Cofradía habría habido un interés particular en que fuera Colom el que ganara las elecciones y no el general Otto Pérez Molina. El motivo no fue el que ese grupo viera al actual Presidente como parte de los suyos sino simplemente que el segundo candidato ha sido sindicado como un representante conspicuo de otro de los poderes ocultos en el país, cual es El Sindicato. En el libro consigno que El Sindicato y La Cofradía provienen de sectores del Ejército que tuvieron visiones contrainsurgentes opuestas. El sector de donde surgió La Cofradía era partidario de la guerra total contrainsurgente y El Sindicato era más proclive a una salida negociada, y por eso fueron llamados “los constitucionalistas”. El problema es que ambos sectores, según diversos documentos y estudios en los que me baso, desarrollaron actividades económicas de carácter ilícito que los consolidaron como grupos de interés que los ubican en las galerías subterráneas de la política nacional. Entonces, Quintanilla pareciera ser una pieza de ajedrez muy importante colocada en el Gobierno, que probablemente respondía al apetito de La Cofradía de repetir la experiencia de poder que tuvo durante el gobierno de Alfonso Portillo. En dicho gobierno más que en el actual, La Cofradía fue verdaderamente un sector muy influyente en el mando. En mi opinión porque esa alianza se rompió cuando ocurrió el escándalo de Carlos Quintanilla y su defenestración del gobierno.

LH: Usted se basó en los reportes que menciona en el libro.

CFI: Las fuentes están citadas en el libro. Incluso en el libro yo expreso que el tema de los poderes ocultos es la parte más difícil de investigar por la propia naturaleza del fenómeno. Obviamente no se puede hacer trabajo de campo o entrevistas a los supuestos integrantes de dichos poderes. Yo hice algunas entrevistas con diversos especialistas en Guatemala y en algunas de las notas del libro consigno que recibí de ellos opiniones muy contradictorias sobre los grupos de poder oculto. Aún ahora sigo recibiendo informaciones muy contradictorias, incluso algunas versiones que me han llegado dicen que probablemente La Cofradía ya está en proceso de extinción, mientras otros analistas le siguen atribuyendo un papel muy importante. Repito, me basé en las fuentes consignadas en el libro y en entrevistas con especialistas guatemaltecos, que prefirieron que no citara sus nombres, debido a la índole de lo que se investiga. Obviamente el tema es delicado e infunde miedo.

LH: ¿Cree que efectivamente se puede hablar de una ruptura entre La Cofradía y el Gobierno con la salida de Carlos Quintanilla? ¿Qué piensa de que ningún representante del Ejecutivo se presentó como querellante adhesivo en el caso contra Quintanilla?

CFI: En el reportaje que hizo La Hora sobre mi libro, el periódico expresa esa diferencia de opinión con respecto a lo que yo afirmo. En ese aspecto también he tenido informes contradictorios. Mi impresión después de revisar la documentación del caso es que la relación (entre La Cofradía y el Gobierno) quedó seriamente dañada, porque como lo consigno en el libro, diversas fuentes expresaron que había una rivalidad muy fuerte entre el grupo de Sandra Torres y el de Quintanilla. Ya existía una pugna, y mi hipótesis es que con el escándalo de espionaje en que se vio involucrado Quintanilla se amplió la envergadura de esa fractura. Otros analistas me han dicho que, probablemente, sí hubo un distanciamiento pero eso no significa una ruptura tajante. Yo, me inclino más por la primera situación.

LH: ¿Qué futuro le ve al país?

CFI: Desgraciadamente las perspectivas no son buenas, mientras persista la misma correlación de fuerzas en Guatemala. Esta se encuentra marcada por la ausencia de un movimiento social significativo como se observa en México y ahora en Honduras, o por la ausencia de un partido de izquierda con influencia notable como se observa en El Salvador. No hay contrapeso pues a una clase dominante –me refiero a su sector más poderoso, la cúpula empresarial–, que históricamente no ha tenido un espíritu estatal y que nunca se ha comportado como una clase dirigente. Mientras esta situación persista, este país seguirá descomponiéndose como se ha observado hasta el momento. Aquí observamos la imposición de un dictado por un sector muy poderoso, que es uno de los poderes fácticos. Además, encontramos otro elemento, que son los efectos de una política económica que está resultando desastrosa para todos los países de todo el mundo, y particularmente los de América Latina. Me refiero a la política neoliberal. Esta ha tenido efectos muy importantes en el aumento en los índices de desigualdad social y pobreza. En Guatemala, como en buena parte de los países de América Latina, el neoliberalismo se ha expresado con un aumento del desempleo, la pobreza, la desigualdad, el crecimiento de las masas marginales urbanas, el surgimiento de una juventud que tiene oportunidades limitadas y por lo tanto, un caldo de cultivo para el problema terrible de seguridad que ahora vive Guatemala y buena parte de los países de América Latina. Si a esto le agregamos las debilidades históricas que tiene el Estado encontraremos datos espeluznantes, como por ejemplo, que solamente el año pasado hubo más de 20 mil homicidios y que hace sólo unos dos o tres años, el país ocupaba el segundo lugar en femicidios en el mundo, en términos relativos, después de Rusia. O el hecho de que los índices de impunidad ronden por el 98 por ciento, y si a esto agregamos el asunto de los desastres ambientales que estamos observando en el país, bueno, las perspectivas que tenemos son la descomposición social. Lo único que podría salvarnos es que surgiera un movimiento social y político de gran envergadura que, aunque no conquistara el gobierno ni ganara elecciones, se constituyera en una referencia y un factor de contrapeso en la correlación de fuerzas que obligara a los actores más poderosos a moderar buena parte de las políticas que impulsan.

LH: ¿En Guatemala, usted ve a alguien capaz de representar ese movimiento que obligue la correlación de fuerzas?

CFI: En América Latina este tipo de movimientos han surgido con figuras carismáticas y emblemáticas, que generan un entusiasmo extraordinario en amplios sectores de la población. Es lo que observé en México con el surgimiento del liderazgo de Andrés Manuel López Obrador. Es lo que hoy se puede observar en Honduras, en donde está surgiendo un movimiento similar debido al entusiasmo que generó Zelaya y la indignación en vastos sectores sociales que provocó su derrocamiento. En Guatemala, en este momento, no veo que haya condiciones para esto. Los movimientos amplios surgen con liderazgos carismáticos o cuando alguien en posición de mando, como es el caso de Zelaya, empieza de una manera inesperada a hacer políticas que generan un gran apoyo popular.

LH: ¿Podríamos tomar la política de Cohesión Social, del Gobierno, como esa motivación que debería generar gran entusiasmo popular?

CFI: Yo pienso que esa política está generando efectos que todavía tenemos que ver. La figura de esa política es la señora Sandra Torres, pero en este momento no tengo indicios de que pudiera convertirse en una figura carismática.

LH: ¿Por qué?

CFI: Primero, porque es mujer y eso puede resultar un impedimento por el machismo que todavía existe en el país. La cultura política de amplios sectores de clases medias urbanas y populares está marcada por el mito de “el hombre fuerte” que con mano recia vendrá a salvar al país. Es el fantasma de Ubico que todavía ronda en la cabeza de amplios sectores. Ese fantasma fue usado en su momento por el general Efraín Ríos Montt y ahora es usado por el general Otto Pérez Molina. En segundo lugar, Sandra Torres es una figura muy cuestionada por los grandes medios de comunicación y lo será más todavía cuando empiece el calendario electoral. Los grandes medios de comunicación, salvo honrosas excepciones como La Hora, están cumpliendo un militante y estratégico papel para las derechas en América Latina en el momento actual. En tercer lugar, está el desgaste del partido oficial, al que ella pertenece. Desde 1954 no ha habido partido que gobierne que pueda ser exitoso en el continuismo, salvo los partidos que durante la dictadura militar se impusieron por el fraude. Sin embargo, lo que tendríamos que examinar es, si este desprestigio en algunos sectores que la señora Torres pudiera tener por las campañas que ha sufrido y que es fuerte en las clases medias de Guatemala –para quienes la señora Torres es una especie de bestia negra–, tiene impacto al interior de la República. En el interior del país existen amplios sectores que se han visto beneficiados por políticas que están aglutinadas en la de Cohesión Social. En mi opinión, la derecha nunca se equivoca de enemigo, y pareciera que desde la perspectiva certera de los grandes ámbitos empresariales y de la derecha, el enemigo a vencer es Sandra Torres. El encono hacia ella me genera matices en torno a mi escepticismo inicial. Sea candidata presidencial o no, gane o pierda, Sandra Torres será una figura que va a gravitar de manera importante en el próximo período electoral. Por este motivo las próximas elecciones serán un proceso muy polarizado, con guerra sucia por todos lados, y ojalá me equivoque, con altos niveles de violencia.

LH: Con relación a la incierta situación del Renap ¿Cree que los guatemaltecos podemos y debemos tener una certeza total respecto al proceso eleccionario que viene, o que los temores y dudas son fundados?

CFI: Soy muy susceptible a caer en suspicacias. Finalmente he vivido muchos años en México, país en el que el fraude fue una constante y en determinados momentos resultó ser decisivo como en 1988 y en 2006. Podríamos pensar que en algún momento se podría dar un uso electoral a los problemas del Renap. Pero para hablar con franqueza, sobre los mecanismos de registros de población, no tengo ninguna evidencia que vaya en el sentido de su pregunta. Por otro lado sabemos la calidad de democracia que existe en muchos países de América Latina. En relación a esto podemos decir que los programas asistencialistas como el de Cohesión Social son muy proclives a ser usados de manera clientelar, y eso los convierte en un buen mecanismo para la atracción de votos. No obstante, estas políticas no son totalmente seguras, porque también sabemos que hay casos en los que pese a su eficacia clientelar, los programas de solidaridad social han sido derrotados por la oposición.

LH: En su libro dice que quien quiera acceder al poder tiene que tejer una compleja red de alianzas dentro de las cuales se incluyen, grupos como los que mencionó al principio de esta entrevista. ¿Cree que en Guatemala hay algún partido político –incluido el oficialismo– que se libere de esa situación para las próximas elecciones?

CFI: En mi libro digo que cualquiera que quiera acceder a la Presidencia tiene que tejer esa compleja y amplia red de alianzas. Y pienso que ninguna de las fuerzas políticas, a no ser las que hacen campañas de carácter testimonial, puede librarse de ello. Al examinar la experiencia como candidato presidencial de Álvaro Colom puede constatarse lo anterior. Colom fue un candidato particularmente exitoso de la izquierda proveniente de la insurgencia, pues rebasó el 11% de los votos. Pero ser un candidato de izquierda exitoso en Guatemala dista mucho de lograr juntar la cantidad de votos necesaria para ser Presidente de la República. Recuerdo que en aquellas elecciones sacó el tercer lugar en los resultados, pero mi hipótesis es que él se dio cuenta que solamente con el apoyo de ese espectro político no podría llegar a la Presidencia. Esto influyó en el hecho de de ampliar el arco de sus alianzas. El factor más importante de esa ampliación fue un sector emergente del empresariado guatemalteco del cual él se consideró representante. Evidentemente, en un país como Guatemala, con un Estado tan precario, cualquier fuerza que quiera llegar a la Presidencia y darse un mínimo de gobernabilidad se tiene que plantear una política de tratamiento de las fuerzas ocultas. Esto no implica servirlas sino encontrar la manera de coexistir con ellas. Si no es posible destruir a estos grupos, cualquier gobernante tendría que aprender a convivir con esos poderes ocultos, aunque no le gusten. Aquí habría que decir que en la actualidad estos poderes ocultos ya han sido afectados en la medida que han sido tocados por la CICIG, una instancia con la eficacia que no pueden tener los órganos de administración de justicia. Pero la salida de Castresana fue un indicio de que estos grupos tampoco se quedan con las manos cruzadas.

LH: En esa compleja red de alianzas, ¿Podríamos incluir al narcotráfico?

CFI: Esa pregunta es difícil de responder. Lo políticamente correcto indica que se le debe dar una respuesta tajantemente negativa. Pero el narcotráfico también es un factor de poder y la experiencia que puede observarse en América Latina indica desde una vergonzante colusión como se observó en la Bolivia de las dictaduras militares hasta una realpolitik como la que ha podido observarse en determinados momentos en Colombia. Recuerdo la anécdota que me contó hace algunos años un ex embajador nicaragüense en Colombia. Me relató que había hablado con un ex presidente de ese país quien le dijo “en este país, si usted quiere gobernar, tiene que negociar con el narcotráfico”. Esto no quiere decir que sea un gobierno del narcotráfico, sino una negociación de coexistencia, a veces hasta implícita. En México, diversos analistas coinciden en que el Cartel de Sinaloa pudiera ser el consentido del gobierno, pues dichos analistas advierten que ha sido el menos golpeado. Durante el gobierno de Vicente Fox (2000-2006) se decía medio en broma medio en serio que el capo de dicho cartel, Joaquín El Chapo Guzmán era el narco del sexenio presidencial. Esta percepción ha permanecido durante el sexenio de Felipe Calderón. En el caso de Guatemala, un poder con un extraordinario monto de dinero y por lo tanto, con una extraordinaria capacidad corruptora es muy probable que pudiera estar infiltrado en diversas agencias gubernamentales, por lo tanto es un factor que cualquier gobernante tiene que considerar para enfrentarlo. Además diversos informes están afirmando que el cartel de Los Zetas, una escisión del Cartel de El Golfo en México, ya controla entre el 40 y 50% del territorio nacional. El enfrentamiento con el narcotráfico no sólo se debe hacer con medidas punitivas y militares, porque resulta ser inefectivo. Ya es un lugar común el afirmar que una de las medidas más eficaces para combatir el narcotráfico es controlar el lavado de dinero, que es una de las fuentes fundamentales de su poder. En México según afirmaciones del embajador estadounidense Carlos Pascual, las fuerzas de seguridad mexicanas y estadounidenses requisan aproximadamente mil millones de dólares al año. Y el lavado de dinero en dicho país según afirmaciones del embajador, asciende a 29 mil millones de dólares al año. En ese contexto, es evidente que la política para enfrentar al narcotráfico tiene que ser inteligente y audaz, no solamente punitiva y militar. Y tiene que tener como sustento, la prevención social a los sectores de la población en situación de riesgo. ¿Acaso se podrá frenar el engrosamiento de las infanterías del crimen organizado con miles y miles de jóvenes que no tienen acceso al empleo ni a la educación?

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