La pobreza infantil y la farsa oficial

Manuel Villacorta
manuelvillacorta@yahoo.com

Información diversa aporta datos alarmantes referentes a la pobreza y la desnutrición que golpean severamente a la mayoría de niños guatemaltecos. Por ejemplo: El aumento constante de la desnutrición crónica en niños menores de 5 años. En la población infantil indígena se encuentran los porcentajes más altos relacionados a desnutrición y desnutrición crónica. Guatemala es actualmente el sexto país del mundo con peores índices de malnutrición infantil. En algunas  regiones rurales los índices de malnutrición infantil alcanzan el 80%. Una pobre dieta basada casi exclusivamente en tortillas de maíz, causa daños permanentes en los niños que la padecen. Cuatro de cada diez niños menores de cinco años, presentan desnutrición crónica —la que mide la altura en relación a la edad—, condición que provoca menos retención escolar, propensión a adquirir enfermedades y en casos extremos, la pérdida irreversible del coeficiente intelectual. Y si a la desnutrición infantil se agrega la ineficiencia del modelo educativo nacional, en donde sólo cuatro de cada diez niños que comienzan el ciclo primario lo culminan, es posible argumentar que el estado general de la niñez guatemalteca es deplorable, trágico e inaceptable desde todo punto de vista.

No pretendo abordar los motivos que generan los altos niveles de pobreza en Guatemala, pero si afirmo que la misma es el resultado de efectos políticos, sociales, económicos y culturales. En todo caso la pobreza existe y se expande en el país. Aun así, seguimos evidenciando una tasa de crecimiento poblacional que promedia el 3 por ciento. Eso implica que en Guatemala nacen más de 1,300 niños cada día, casi medio millón al año. La relación pobreza y altos niveles de crecimiento poblacional, agudizan las deplorables condiciones de vida a las que son expuestos millones de niños en nuestro país. Inexplicablemente gobierno tras gobierno, esa realidad permanece latente, sin que exista un verdadero interés por enfrentar la pobreza, atender la salud y el control reproductivo en nuestro país. A no ser por acciones efímeras y generalmente ligadas a la cultura del espectáculo a las que se nos ha acostumbrado, relacionadas con el surgimiento de programas sociales, que terminan siendo clientelistas, técnicamente no sustentados y comprobados focos de corrupción. Una de las perversas estrategias utilizadas por todos los gobiernos de la mal llamada era democrática, ha sido involucrar a casi todos los ministerios y secretarias en el contexto del “combate a la pobreza y la desnutrición”. Y es así como se convoca a foros, simposios y congresos para abordar el tema, siempre en hoteles cinco estrellas, apuntalándose en “expositores especializados” que mediante toda una parafernalia de recursos visuales espectaculares nos “orientan” al respecto. Se cierran los eventos irónicamente con suculentos almuerzos que adormecen las consciencias de los participantes. Lejanas quedan las poblaciones pobres y rurales condenadas en cantones y caseríos, totalmente ajenas a esos delirantes sucesos.

No resta más que recordar las palabras de Gabriela Mistral: “Somos culpables de muchos errores y muchas faltas, pero nuestro peor crimen es abandonar a los niños, olvidando la fuente de vida. Muchas de las cosas que necesitamos pueden esperar. Los Niños no. Justo ahora es el momento en que sus huesos se están formando, su sangre se está elaborando y sus sentidos siendo desarrollados. A ellos no podemos responder Mañana. Su nombre es Hoy”. ¿Qué haremos los guatemaltecos responsables al respecto?

Fuente: [http://www.prensalibre.com/opinion/opinion/la-pobreza-infantil-y-la-farsa-oficial]

Manuel R. Villacorta O.

Manuel R. Villacorta O.

Doctor en Sociología Política. Universidad Pontificia de Salamanca, Summa Cum Laude. España. Licenciado en Ciencia Política. Universidad de San Carlos de Guatemala, Guatemala. Es autor de varios libros y publica una columna semanal en Siglo 21.
Manuel R. Villacorta O.