Secuelas de un pasado perenne: guerra fría y anticomunismo

Nota de Redacción

En el marco de la XIV Feria Internacional del Libro en Guatemala, el pasado 18 de julio se hizo la presentación pública de La guerra fría y el anticomunismo en Centroamérica, libro compilado y editado por los historiadores Roberto García Ferreira y Arturo Taracena Arriola, bajo los auspicios de la sede Guatemala de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). A solicitud de Revista Análisis de la Realidad Nacional, dos de los académicos participantes en el acto de lanzamiento de esta novedad editorial, Ricardo Sáenz de Tejada y Marc Drouin, accedieron a revisar los textos leídos por ellos, con fines de ser incluidos en nuestra revista en esta edición digital No. 123.

Centroamérica, zona de seguridad para Estados Unidos

Ricardo Sáenz de Tejada

Comentarios[3] en la presentación del libro La guerra fría y el anticomunismo en CentroaméricaRoberto García Ferreira y Arturo Taracena Arriola (editores), (Guatemala: FLACSO Guatemala, 2017).

En primer lugar, felicitar doblemente a  FLACSO Guatemala, primero por la publicación de este libro, que es una contribución para la comprensión de la historia reciente de la región; y por la celebración de su 30 aniversario. En un entorno tan complejo como el guatemalteco, desarrollar ciencias sociales por tres décadas en un acto casi heroico.

La publicación de este libro, en el que en varios artículos se aborda la intervención estadounidense en Centroamérica y Guatemala, es especialmente oportuna.  Como todos sabemos, a raíz de la crisis de los menores migrantes sin acompañantes, nuestra región se convirtió en un área de riesgo para los estadounidenses que, a través de distintas acciones entre las que destacan el Plan para la Prosperidad, intentan “poner orden” en los tres países de Centroamérica.

Como lo muestra el libro, para Estados Unidos, Centroamérica siempre ha sido una zona de seguridad, y dependiendo del contexto político han sido distintas las modalidades de intervención.  Esta influencia decisiva no es una novedad, la diferencia en los dos últimos años, estriba en que quienes denuncian y protestan contra la intervención son sectores de ultraderecha y anticomunista, los antiguos aliados estadounidenses.

El problema para los guatemaltecos, en el mediano plazo, es que, mientras el país del norte tiene claras sus prioridades y hacia dónde se dirige, los guatemaltecos carecemos en este momento de iniciativa, y, aunque existen coincidencias en materia de lucha contra la corrupción y la desarticulación de estructuras criminales, la agenda de reducción de desigualdades y de reconstruir nuestro sistema democrático está, al menos por el momento, abandonada.

Pero lo que esta noche nos reúne, no es la discusión de la política actual, sino los artículos que componen el libro La guerra fría y el anticomunismo en Centroamérica.  El libro, compilado por Roberto García Ferreira y Arturo Taracena Arriola, reúne 14 artículos, que abarcan de 1944 a 1990, y, además de las referencias a Centroamérica, analizan las interacciones en el marco de la guerra fría con otros países: obviamente Estados Unidos, y además, Brasil, Venezuela, República Dominicana, Francia y Argentina.

Creo que este es uno de los principales aportes del libro.  Lejos de una visión simple de la guerra fría, como un conflicto entre Estados Unidos y la Unión Soviética, los trabajos del libro nos muestran las interacciones entre distintos países de la región y fuera de ella, en el marco general del conflicto este-oeste, pero con agendas, intereses y prioridades diferenciadas.

Como lo señaló esta mañana Roberto en un seminario que está impartiendo en la Universidad de San Carlos, el campo de estudios de la guerra fría se ha ampliado, no solo por la posibilidad de obtener documentos de archivo que estaban vedados, sino también por un enfoque que presta más atención a las dinámicas de los países del sur.

Como mencioné, el libro tiene 14 capítulos, todos originales, con una sólida perspectiva académica y que, en su conjunto, presentan nuevos hallazgos e interpretaciones sobre la guerra fría en la región.

Por razones de tiempo, quiero comentar dos capítulos del libro.  Estos están referidos a las interacciones entre el ejército de Guatemala y las fuerzas armadas de otros países.

Estos capítulos son: “ ‘Permitir que solamente la buena planta crezca’. La guerra contrasubversiva guatemalteca y sus raíces francesas”, de Marc Drouin; y, “La última dictadura guatemalteca en perspectiva comparada (1982-1985)” de Julieta Carla Rostica.

El trabajo del profesor Marc Drouin rastrea la influencia de la guerra contrasubversiva francesa, en la doctrina y estrategia del ejército de Guatemala. Para esto, analiza los cambios en la práctica de la guerra francesa a partir de las experiencias de Indochina y Argelia.  El paso de la guerra convencional a la no convencional, y, cómo el hecho de no operar como ejércitos convencionales, despojaba –desde la perspectiva francesa– a los insurgentes de los derechos propios de las leyes de la guerra.

Explicando la evolución de las ideas de guerra contrasubersiva, Drouin identificó una serie de conceptos y estrategias francesas que fueron asumidas por el Ejército de Guatemala y que quedaron consignados en algunos manuales a los que tuvo acceso.

Un concepto central va a ser el de Organización Política y Administrativa (OPA) del enemigo.  Este concepto permite captar y analizar al adversario del ejército convencional, no exclusivamente como la unidad militar concreta o los combatientes armados enemigos, sino que hace referencia a una estructura organizativa y política que, enraizada en la población, es determinante para las fuerzas subversivas.  Este concepto fue asimilado por el ejército guatemalteco no sólo en los manuales, sino se encuentra también en los planes militares y en las operaciones contraguerrilleras concretas.

Otro concepto que se adoptará, hasta las últimas consecuencias es el de enemigo interno, que desarrolla el profesor Druin en un artículo en esta misma revista.

Como se señaló antes, una de las ideas asumidas por esta tradición y adoptada por el ejército guatemalteco, correspondió a la legitimación de la pérdida de derechos del combatiente enemigo (y de su entorno familiar y social).  Esto implicó considerar el estado de derecho como un obstáculo y legitimar el uso del secuestro, la tortura y las ejecuciones extrajudiciales.  Despojar al enemigo (definido además en sentido amplio) de sus derechos, posibilita justificar los abusos sistemáticos a los derechos humanos.

Considero que el ejercicio realizado por Drouin aporta mucho a la comprensión de la cooperación del ejercito con otros actores y cómo las ideas de la doctrina militar francesa permearon la guatemalteca.  Probablemente un caso ilustrativo sea el del hoy detenido general Benedicto Lucas García, jefe del Estado Mayor de la Defensa entre 1981 y 1982 y formado en la academia de Saint Cyr.

En una entrevista concedida hace algunos años, Benedicto Lucas señalaba que la idea de las fuerzas de tarea –responsables de la mayoría de masacres– se originó justamente en la experiencia francesa en Indochina.

Guardando las distancias, la estrategia francesa en Dien Bien Phu,  –una concentración de fuerzas en un territorio determinado que era teóricamente inexpugnable– era paralela a la idea del destacamento militar o posición fija del ejército.  Cuando la insurgencia empezó a atacar sistemáticamente estas posiciones fijas, la respuesta de Benedicto Lucas fue crear las fuerzas de tarea, que, en lugar de quedar fijas en el terreno, avanzaban en profundidad en el territorio supuestamente controlado por el enemigo, aniquilando a eso que entendían como Organización Política y Administrativa del enemigo.

El segundo artículo que quiero comentar brevemente es el de Rostica, y su perspectiva comparada de las dictaduras militares.

Entre otros aportes, el artículo asume una discusión que en algunas ocasiones se ha visto como ya resuelta y que en realidad no lo está, y tiene que ver con el tipo de régimen político que implementó las políticas de seguridad nacional.  La autora desarrolla, a partir de estudios más amplios, el concepto de “dictaduras institucionales de las fuerzas armadas”, que se instalaron en los países de América del Sur en distintos períodos del siglo XX, y que, en sentido estricto operaron en Guatemala entre 1963-1966 y 1982-1985.

Queda abierta así una discusión entre cientistas políticos e historiadores respecto del régimen político establecido entre 1966 y 1982 en Guatemala.  Un régimen en el que habían elecciones –algunas fraudulentas y algunas no– en el que existían partidos y bloques parlamentarios de oposición, incluyendo ciertas formas de participación y representación de la izquierda, pero, se mantenía la exclusión de la izquierda marxista, la violación de los derechos humanos y el predominio, en última instancia, de las decisiones del Alto Mando militar.

Así, uno de los aportes centrales es identificar las similitudes y diferencias entre las distintas dictaduras militares en América Latina. En común, señala la autora, tenían el fundamento ideológico, la doctrina de seguridad nacional, que, de acuerdo con el texto, se convirtió para las elites militares y empresariales en una parte sustancial  del pensamiento latinoamericano.  Esta doctrina de seguridad nacional es previa a la guerra fría y se empezó a configurar en Brasil a partir de la década de 1930.

Y, finalmente, la contribución central del texto de Rostica es documentar la colaboración que la dictadura militar argentina prestó al ejército de Guatemala, en materia de lucha contraguerrillera.  Esto, que ha sido mencionado en otros trabajos, queda suficientemente documentado en este texto, que igual abre una veta para la investigación.

Concluyo mi comentario, felicitando a los editores, y agradeciendo especialmente a Roberto García Ferreira por su interés, compromiso y trabajo por y para Guatemala.  Quienes nos dedicamos a esto, hemos conocido a decenas de investigadores extranjeros que extraen la información de nuestros archivos y de campo, y jamás conocemos los resultados.  En el caso de García Ferreira, no solo ha puesto a disposición sus publicaciones, sino cada vez que tiene oportunidad vuelve a Guatemala, como un colega y amigo, a compartir y discutir sus hallazgos.

Muchas gracias.

-o-

Apuntes sobre la guerra contrasubversiva[4]

Marc Drouin

Quisiera tomar unos minutos de su tiempo para abordar tres puntos hoy.

Primero: Las gracias

A FLACSO-Guatemala por haber publicado este libro; a Roberto García y a Arturo Taracena por haber reunido a los autores y editado los textos; al Dr. José Caal Montoya por su labor como historiador y catedrático, a quien tuve el placer de tener como profesor cuando era estudiante del plan sabatino en el Escuela de Historia, hace 15 años; al Dr. Ricardo Sáenz, cuya biografía política de Oliverio Castañeda es indispensable para entender los años 1970 en Guatemala; al público aquí presente.

Este ha sido un largo proceso. Desde aquella conferencia en Chiapas en 2012, cuando se presentaron las ponencias que dieron origen a este estudio, hasta el día de hoy han pasado casi cinco años. Quisiera expresar un agradecimiento particular para Roberto quien piloteó esta obra desde Uruguay, dándole un constante seguimiento a autores de diez países diferentes, a no sé cuántos evaluadores y con los colegas de Flacso-Guatemala, en la recta final. Así que mil agracias, Roberto, por tus esfuerzos y tu persistencia.

Segundo punto: La Guerra fría y el anticomunismo

El libro que se presenta reúne dos temas muy relevantes para entender la segunda mitad del siglo veinte y el presente –el famoso ¿por qué estamos como estamos? Uno, la Guerra Fría, de 1946 a 1991, aunque toda periodización resulta arbitraria; y dos, el anticomunismo, es decir el fundamento ideológico de la Guerra Fría que precede esa periodización y que, de hecho, transcurre durante todo el siglo veinte y que sigue manifestándose hasta hoy en muchos países del mundo.

En ese sentido, les quiero recomendar a los estudiantes que nos acompañan tres documentales que nos pueden ayudar a comprender mejor ese periodo: (1) “Niebla de guerra” (The Fog of War), sobre la guerra de Vietnam desde el punto de vista del ex ministro de la defensa norteamericano, Robert McNamara; (2) “El acto de matar” (The Act of Killing), que se presentó en Guatemala en la muestra Memoria, Verdad y Justicia en 2014, sobre las masacres en Indonesia en 1965 desde el punto de vista de los hombres que las perpetraron; y (3) “Buscando a Oscar”, sobre la masacre de Las Dos Erres, aquí en Guatemala.

Todas estas historias tienen como trasfundo el anticomunismo y se llevan a cabo en el marco de la Guerra Fría. Todas también nos acercan al punto de vista de los hombres que masacraron en nombre del ideal anticomunista y, en ese sentido, rompen de manera espectacular el silencio que ha envuelto las atrocidades anticomunistas que marcaron la Guerra Fría.

Los tres documentales, entre muchos otros –solo menciono a estos tres como ejemplos– se realizaron después de la caída del muro de Berlín. Este libro también. Es decir, que los y las que contribuimos a este libro miremos desde un presente post-Guerra Fría hacia atrás. Sin embargo, el mismo periodo de la Guerra Fría está repleto de fuentes que nos pueden interesar como público, como estudiantes, como científicos sociales: existe la literatura y el teatro de la Guerra Fría; el cine de la Guerra Fría; el periodismo de la Guerra Fría, etc.

Es decir que existe una cultura de la Guerra Fría que también es cultura del anticomunismo. Y si la Guerra Fría, como la conocimos entre 1946 y 1991, ya es historia, yo argumentaría que la cultura del anticomunismo persiste hasta hoy. En tal sentido, apuesto que este libro nos ayudara a entender cómo y por qué. Quizás, incluso, nos brinda pistas en cómo cambiar esa cultura anticomunista, tan intolerante, tan violenta y tan destructiva.

Tercer punto: La guerra contrasubversiva

Los míos son unos apuntes sobre la guerra contrasubversiva. Es decir, el método anticomunista puesto en práctica durante la Guerra Fría para, primero, definir, identificar y ubicar al enemigo interno; y, luego, destruirlo físicamente.

Si sobre ese tema en particular faltan tomos por escribir, empecemos con una fuente documental de interés para cualquier historiador o historiadora que estudia la Guerra Fría: El Manual de guerra contrasubversiva del Ejército de Guatemala que, por los años 2009-2010 tuve la oportunidad de leer y de estudiar en una de sus varias versiones. Mi contribución a este libro es un breve análisis de ese manual y de sus fundamentos doctrinarios.

En las páginas 2 y 3 del documento que pude estudiar, se lee que el enemigo interno es toda persona que por acciones ilegales intenta romper el orden establecido. Volveré a estas acciones ilegales en un momento. Pero esta persona que intenta romper el orden establecido ni tiene que ser comunista, dice el manual a la página 69, solo trata de romper el orden establecido…

¿Y qué tal si este orden establecido es uno de corrupción, de abuso de poder, de extrema desigualdad o de total impunidad? Y uno se dice, “pero ese concepto de enemigo interno se refiere a toda la población pensante de un país que podría, de una u otra manera, oponerse a un orden así”.

Ese es el enemigo interno, de acuerdo con la doctrina de la guerra contrasubversiva, donde la población civil de un país se vuelve el campo de batalla: indígenas cooperativistas, sindicalistas, estudiantes del diversificado, universitarios, jueces, abogados laboralistas, políticos socialdemócratas, poetas, amas de casa, etc. Todas y todos potenciales enemigos internos, porque se oponían a la exclusión social o política, porque se oponían al orden establecido que, en el marco de la Guerra Fría, era el orden anticomunista.

¿Y eso de las acciones ilegales? Pues, a partir del momento que se decretaba el estado de excepción, sea estado de sitio, estado de guerra, etc., toda reunión de 5 o 10 personas en la calle era ilegal. En palabras del manual, página 75, estos son “los poderes legales necesarios para reaccionar” en contra del enemigo interno. En contra de los insurgentes, claro, pero también en contra de la población en general. Estas son, en palabras del manual, página 106, las “leyes que den base y armas legales para la lucha” contrasubversiva.

De hecho, en la guerra contrasubversiva la ley debía facilitar la destrucción del enemigo interno y nunca entorpecer o frenarla. He aquí un punto muy importante: la doctrina de la guerra contrasubversiva contemplaba el establecimiento de un marco normativo hecho a la medida de sus necesidades, para poder allanar domicilios, catear oficinas, detener en la calle o en la camioneta –secuestrar, torturar y ejecutar extrajudicialmente– al enemigo interno.

Y uno se pregunta, “pero ¿cómo es eso posible? ¿Será cierto?” Entonces, uno empieza a pensar en ello, a cuáles son las consecuencias de eso y hasta dónde puede llegar ese tipo de doctrina militar. Y Guatemala es un ejemplo impactante de hasta dónde puede llegar y hasta dónde llegó la doctrina de la guerra contrasubversiva.

Claro, en todo documento serio uno busca las obras citadas en la bibliografía para conocer los fundamentos de los argumentos que proponen sus autores, y el Manual de guerra contrasubversiva tiene una bibliografía, a la página 269 –es el Anexo A o Anexo 1, según la versión del documento– donde encontramos diez referencias documentales: una es peruana; dos son argentinas; cuatro norteamericanas; una guatemalteca; y dos francesas.

Estas dos obras francesas, del teniente coronel David Galula, La lucha contra la insurrección; y del coronel Roger Trinquier, La guerra moderna, son claves, desde mi punto de vista, para entender el método anticomunista que provocó decenas de miles de muertes y de personas desaparecidas en Guatemala durante la Guerra Fría.

¿Por qué vuelvo sobre el método? ¿Por qué vuelvo sobre la teoría de la guerra contrasubversiva, que quedó plasmada en el manual militar, y la práctica de la guerra contrasubversiva que tanto ha impactado la sociedad guatemalteca? Porque para poder desmantelar el dispositivo de represión que acciona el Estado en su propia defensa, o cuando percibe que el orden establecido está bajo amenaza, hay que estudiar y comprenderlo. En fin, considero que el libro que se presenta hoy puede contribuir a esta tarea pendiente. Así que es necesario leer, analizar y discutirlo.

Muchas gracias.

[1] El título de este fue definido por Revista Análisis de la Realidad Nacional.

[2] Ricardo Sáenz de Tejada es Profesor e investigador, Escuela de Historia, USAC.

[3] Texto leído en la presentación del libro, FILGUA, Guatemala, 18 de julio de 2017.

[4] Comentario vertido el 18 de julio de 2017 en la presentación en Filgua de: Roberto García Ferreira y Arturo Taracena Arriola (eds), La Guerra Fría y el anticomunismo en Centroamérica. Guatemala, FLACSO, 2017.

Fuente: [https://www.equily.com/visor/Realidad-Nacional/Lunes-7-de-Agosto-de-2017-15021454596/1]

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