Jimmyahu y su tiro libre

Virgilio Álvarez Aragón

Sumido en el mayor aislamiento político y social que presidente guatemalteco alguno haya vivido a partir de 1970, Jimmy Morales optó por subirse en la onda de la provocación prepotente de Donald Trump y, disfrazando sus decisiones oportunistas de actos de fe, comprar la protección estadounidense que le permita salir impune de sus delitos electorales y administrativos.

Morales y su reducido séquito de cómplices suponen que, escondiéndose tras las enaguas de Trump, pueden restaurar de una vez por todas el régimen de demagogia y corrupción que la ultraderecha chapina instaló desde aquellas fechas, en el que ellos quieren vivir para usufructuarlo plácidamente. La cuestión de Jerusalén les cayó como anillo al dedo. Y, como el fraudulento presidente de Honduras, se entregaron desnudos y sin rubor a los manoseos violentos de la administración estadounidense a cambio de mantenerse en el poder y evitar el juicio legítimo a sus faltas.

La alianza de la ultraderecha guatemalteca con los regímenes autoritarios y violentos de Israel es de larga data. No en balde el agua mágica de Baldetti llegó de tierras israelíes con el beneplácito y acompañamiento puntual de la diplomacia de ese país. Fueron las fuerzas militares del Estado de Israel las que adiestraron a los perpetradores de crímenes de lesa humanidad cuando se instaló en el país el Estado terrorista que, disfrazado de contrainsurgente, acusó a toda oposición de comunista y se parapetó en el conservadurismo más irracional que sociedad alguna haya enfrentado. Corrupción y crímenes de lesa humanidad caminaron de la mano bajo la protección estadounidense y el apoyo explícito de los regímenes ultraconservadores israelíes.

La historia de la relación de Guatemala con Israel ha sido siempre mal contada. El apoyo a la creación del Estado de los israelíes estaba unido a la superación de la colonización mantenida por la Gran Bretaña. La Guatemala progresista de los años 1940 no desdeñó ni se opuso a la partición del territorio para dar vida a los dos Estados: el de los judíos y el de los palestinos, población residente en esos territorios cuando la ocupación inglesa y mayoritariamente musulmana. La diplomacia del gobierno de Juan José Arévalo estimuló la creación de los dos Estados, de modo que privilegió el derecho de los pueblos a su determinación y combatió toda forma de colonialismo.

A Inglaterra le quemaba las manos el deseo de los judíos de tener un Estado propio en la tierra de sus ancestros. Y luego de la segunda guerra mundial, cuando toda Europa y el mundo vieron de soslayo el genocidio contra el pueblo judío, reunirlos en un lugar para evitarse futuros conflictos resultó lo más cómodo y una manera de acallar su complicidad con el Hitler genocida. Hay que tener presente que la intervención de los Aliados contra el Eje no fue por el exterminio de judíos, sino simplemente para defender sus negocios y fronteras europeas frente al avance de las fuerzas alemanas.

El Gobierno de Guatemala solo se alió con la derecha israelí cuando el régimen de la autollamada liberación se entronizó en el país e instaló la embajada en Jerusalén, para entonces ya una ciudad en disputa. Desde aquellos días la élite política y económica israelí no ha reconocido los fallos de la comunidad internacional, y Guatemala la ha secundado en esa rebeldía porque así, imaginan las élites conservadoras y corruptas chapinas, se protegen de la presión internacional para modernizar y humanizar su dominación. Juntos dan la espalda a la realidad y provocan en el mundo tensiones innecesarias. Los israelíes al menos se enriquecen y se ven obligados a cierta redistribución de su riqueza. Los chapines no pasan de poquiteros corruptos y mantienen hambrienta e ignorante a la mayoría de la sociedad.

Sin más plan de gobierno que salvar el pellejo y enriquecerse aceleradamente, a Jimmy Morales le importa un comino aislarse internacionalmente, como tampoco le interesa sacrificar a pequeños y medianos productores de cardamomo. Su mirada está puesta en conseguir impunidad, y esta se la brinda, imagina él, un gobierno estadounidense que, modificando sus prioridades, prefiere gobernantes corruptos, que le sirvan de marionetas en sus valentonadas sin acciones concretas.

Porque Estados Unidos no trasladará tan rápidamente su embajada a Jerusalén. Cuestiones de infraestructura y seguridad harán que el proceso sea lento, tal vez mucho más que la construcción del muro. Morales y Jovel, en cambio, necesitan cambiar la embajada antes de que se dé el proceso de selección de fiscal general, pues los yanquis y sus secuaces no les darán impunidad si no presentan obras, ya que el circo estadounidense requiere que al menos el desfile de los animales amaestrados se presente.
Visto así, todo hace suponer que Jimmy Morales no podrá servir bien a Netanyahu y a Trump en Guatemala. Su soledad política internamente es inmensa, pues, si bien la ultraderecha chapina, que le da sustento, es vociferante y violenta, ha demostrado por décadas que también es cobarde y mediocre, por lo que no lo acompañará abierta y descaradamente para asaltar el Ministerio Público, ya que ni siquiera lo ha podido alinear para tomar totalmente el Congreso.

Por otro lado, difícilmente en el Departamento de Estado estadounidense cambiarán las orientaciones tan rápido, y a Arreaga le sería bastante difícil aceptar corruptos de marca mayor, pues, aunque se muestren dóciles ante los latigazos del domador en algunas coreografías, por ahora el acto completo incluye aún no robarse la comida de otras fieras.

Fuente: [https://www.plazapublica.com.gt/content/jimmyahu-y-su-tiro-libre]

Virgilio Álvarez Aragón

Virgilio Álvarez Aragón

Doctor en sociología, formado en la Universidad de Brasilia. Ha sido docente universitario en Guatemala, México y Brasil. Interesado por los temas educativos, ha investigado sobre la política educativa y el magisterio, pero también sobre la democracia y sus riesgos en las sociedades post conflictos. Entre sus publicaciones más recientes se encuentran “Conventos Aulas y Trincheras, Universidad y movimiento estudiantil en Guatemala” (dos tomos, segunda edición 2013) y “La revolución que nunca fue: un ensayo de interpretación de las jornadas cívicas de 2015”. Publica sus opiniones en Siglo 21 y Plaza Pública
Virgilio Álvarez Aragón