Desafío político y unidad popular

Manuel Villacorta

Los diputados del Congreso y los grupos de poder que les financiaron sus curules  están empecinados en retrasar el cambio socioeconómico que Guatemala necesita con urgencia. Es inaudito que se impida abierta y descaradamente  la aprobación de nuevas leyes o reformas a las ya vigentes, que vendrían a generar efectos positivos en nuestro país. Para citar algunos ejemplos: la ley de aguas, la ley para el desarrollo rural, la ley electoral y la ley de servicio civil. Igualmente incomprensible es la oposición sistemática, pero evidente, a crear un censo nacional de población y un censo de empleados públicos. Hay un evidente interés por mantener a nuestro país sumido en una estructura perversa, que siga favoreciendo a sectores acostumbrados a la cooptación de las instituciones públicas, a la evasión fiscal y a la consumación de acciones delictivas orientadas a la acumulación de capitales ilícitos. Al no existir una verdadera oposición política en el Congreso y ante la debilidad estructural de las organizaciones sociales, estos grupos siguen usurpando el Estado y secuestrando nuestras instituciones.

Un reconocido y experimentado excanciller y exembajador que me pidió mantener el anonimato me indicó que en función a su experiencia creía que las próximas elecciones serán disputadas por dos partidos políticos en particular: el FCN y la UNE. Me expresó que por inaudito e inaceptable que esto parezca, el FCN unifica a políticos cuestionados pero de hábil experiencia, capaces de articular intereses municipales, departamentales y nacionales. Además —me indicó—, este partido se convirtió en un perfecto refugio para exmiembros de otros partidos como Líder y el Partido Patriota, entre otros. Y por si esto fuese poco, agréguese el abierto y público respaldo que un sector de inversionistas privados le ha otorgado al actual gobierno, en función de acelerar la privatización de las principales carreteras del país. La UNE, por su parte, posee cuadros experimentados que ya hicieron gobierno, tiene articulación a nivel nacional e inexplicablemente pareciera ser un partido blindado ante los procesos por corrupción. Remató su opinión el referido exfuncionario preguntándome: “¿Qué otro partido sólido ves en el escenario capaz de enfrentarles?”. Y cerró en forma lapidaria su punto de vista: “Los intereses internacionales de todas formas no tendrían inconveniente en aceptarles si estos se comprometen a preservar y a viabilizar sus agendas particulares”.

Cuando sumamos entonces los dos aspectos tratados anteriormente: un congreso reaccionario a todo cambio social y una estructura política que con experiencia lúgubre sabe cómo reproducirse en el poder cada cuatro años, nuestro futuro como país no se perfila favorable. Y una de las principales armas de estos grupos es mantener divididos y maniatados a todos aquellos movimientos sociales que muestran interés en romper esa rígida y nefasta estructura política. Ante esta realidad, silente y parsimoniosamente, el Tribunal Supremo Electoral parece diluirse. ¿Cómo podemos enfrentar esa realidad? 1. Con un nuevo liderazgo político que irrumpa y desafíe a las mafias políticas tradicionales. 2. Con un programa de gobierno sustentado en los intereses de todos los guatemaltecos. 3. Con una disposición a organizarnos en un solo frente capaz de convertirse en la verdadera opción nacional. Lamentablemente si en nuestro país estos últimos intentos siguen por la senda del sectarismo, la miopía política y el egoísmo grupal, el triunfo de la partidocracia corrupta se repetirá de nuevo en las próximas elecciones.

Fuente: [http://www.prensalibre.com/opinion/opinion/desafio-politico-y-unidad-popular]

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Manuel R. Villacorta O.

Manuel R. Villacorta O.

Doctor en Sociología Política. Universidad Pontificia de Salamanca, Summa Cum Laude. España. Licenciado en Ciencia Política. Universidad de San Carlos de Guatemala, Guatemala. Es autor de varios libros y publica una columna semanal en Siglo 21.
Manuel R. Villacorta O.