Remesas y desarrollo en Guatemala

Efraín Bámaca-López[1]
Cursante del doctorado en Ciencia, Tecnología y
Sociedad, Universidade Federal de São Carlos, Brasil

Resumen

El objetivo de este artículo es analizar a nivel micro el impacto de las remesas en Guatemala. Para el análisis se hace uso del enfoque estructuralista (el cual presenta una visión pesimista sobre la migración y su vínculo con las remesas ya que considera una dependencia económica), seguido del enfoque funcionalista (que presenta una visión más favorable entre el vínculo entre remesas y desarrollo, es la visión utilizada por las instituciones internacionales y los discursos oficiales), finalmente se presenta la visión crítica que plantea a las remesas como un ingreso salarial extra que ayuda a la sobrevivencia del diario vivir, seguido de algunas reflexiones finales.

Palabras clave: Remesas, Guatemala, desarrollo, remesas y desarrollo.

 Remittances and development in Guatemala

ABSTRACT

The aim of this is to look at the micro level the impact of remittances in Guatemala. This analysis uses the structuralist approach (which presents a pessimistic view on migration and its link with remittances because it considers an economic dependency), followed by the functionalist approach (which gives a more favorable view of the link between remittances and development, it is the vision used by international institutions and official speeches) finally it presents the critical view of remittances as an extra wage income that helps the survival of the daily living, followed by some concluding reflections.

Keywords: Remittances, Guatemala, development, remittances and development

 

Remesas, fenómeno de estudio

En los últimos años ha habido un incremento de remesas a Guatemala, provenientes principalmente de Estados Unidos de Norteamérica, fenómeno que resulta importante analizar y conocer su vínculo con el desarrollo. Al año 2009, Guatemala se encontraba entre los diez principales destinatarios de remesas, representado un 9.8% del PIB (Ratha, Mohapatra, & Silwal, 2012), y según el último boletín del Banco de Guatemala, esto ha aumentado. Según la Organización Internacional para las Migraciones (2017:07) dichas resemesas representan un 11% del Producto Interno Bruto del país.

En la década de los años 90, las remesas al país aumentaron a una tasa anual de aproximadamente el 20%. En los años 2001-2002 hubo un repunte de casi el 167% (Orozco, Lockwood, & Rouse, 2006). El propósito del artículo es conocer realmente ¿cuál es el impacto que tienen las remesas en el desarrollo del país? Asumiendo que pese al aumento de las remesas, la economía del país no ha mejorado y los niveles de pobreza se mantienen.

Distintos estudios basados en modelos econométricos han buscado medir el impacto de las remesas en los distintos ámbitos de las economías nacionales, por ejemplo en la “reducción de la pobreza, distribución del ingreso, impulso al crecimiento humano” entre otros (Canales Cerón, 2008: 06). El presente ofrece un acercamiento a la interrogante planteada, por medio de diversos autores y deja al final algunas reflexiones abiertas.

Vinculación entre remesas y desarrollo

Realmente los acuerdos en torno al verdadero impacto que tienen las remesas en sus aportes al desarrollo y reducción de la pobreza, son un tanto pocos, aún; entre otros aspectos a considerar (Adams, Page, & Richard, 2005). Así también hay poca concordancia sobre la magnitud de los efectos que tienen las remesas en el aspecto social y económico (Canales & Armas, 2004).

El impacto que tengan las remesas en cualquier economía ha de estar en dependencia a la forma en que estas se incorporen a la estructura económica de las diversas sociedades. Según Canales Cerón (2008) las remesas representan en América Latina ingresos muy superiores a los derivados de la cooperación para el desarrollo, inversión extranjera y hasta exportación. Según Maldonado y Hayen (2015) las remesas alcanzaron en el 2015 en América Latina US$65.382 millones, superando incluso al máximo registrado del año 2008.

Las remesas en sí son transferencias privadas y tienen lugar entre particulares. No pueden suplantar el papel del Estado, como responsable de facilitar el acceso a recurso como la salud, educación entre otros (Canales Cerón, 2008). El punto estaría en que las personas que reciben remesas logren una favorable gestión de sus recursos para superar las condiciones de vulnerabilidad social y precariedad económica, aunque las condiciones de la estructura no sean favorables.

Este enfoque es sustentado por las nuevas políticas de desarrollo y combate a la pobreza, dejando a los pobres enfrentar y superar la situación de pobreza y vulnerabilidad (Moser, 1998). Desde esta perspectiva, las remesas son un recurso importante para tal fin. “Un aumento del 10% en las remesas sobre el producto interno bruto de cada país, implicaría la reducción del nivel de pobreza entre un 0.04% en los países pobres y un 0.5% en los países ricos” (Adams et al., 2005: 1660).

El planteamiento de Adams (et al., 2005) no cobra validez para el caso de Guatemala pues al momento se tienen un alto ingreso por remesas pero no hay reducción en los niveles de pobreza. Las remesas en sí no son una solución efectiva ni mucho menos de durabilidad en el tiempo de cara a la reducción de la pobreza y favorecimiento al desarrollo (Orozco, 2004).

Los estudios de los años setenta y ochenta estaban orientados a un enfoque estructuralista; el argumento es que tanto las remesas como las migraciones no favorecen el desarrollo. Este enfoque consideraba que las migraciones conllevan un efecto negativo, tanto en la economía como también en la estructura social de las comunidades de origen. Así, las remesas “crean una infinidad de distorsiones estructurales reflejadas en el conflicto social, las diferencias económicas y la inflación de precios, y fomentaba un círculo vicioso por el que la emigración genera una mayor emigración” (Binford, 2002: 117).

Desde la perspectiva estructuralista, las remesas elevan el nivel de vida de la población, pero crea una dependencia. Para mantener el nivel de vida logrado se hace necesario siempre recurrir a la migración, esto llega a generar lo que Reichert (1981) llamó síndrome de la migración. La mayoría de las remesas son utilizadas para gastos improductivos, reduciendo así los efectos multiplicadores de las mismas (Reichert, 1981).

A finales de los ochenta y principios de los noventa cambia la perspectiva de análisis: se orienta en la línea funcionalista, cuya visión es más de favorecimiento al desarrollo y la transformación (Binford, 2002). Esta visión funcionalista surge a finales de los años ochenta, se da con la crisis económica y el creciente flujo de remesas (Binford, 2002).

El abordaje funcionalista da a las remesas un papel importante en la promoción del desarrollo, por medio de la inversión productiva, el gasto improductivo, a la vez que ayuda a reducir las desigualdades. Pone el énfasis en los impactos económicos positivos que tiene lugar en las comunidades de origen de los migrantes. Se entiende a las migraciones junto a las remesas cómo el revertimiento de las condiciones de desigualdad y atraso que existe en las comunidades de origen (Canales & Armas, 2004). Esta visión es funcional de la migración y las remesas. Este enfoque es el que regularmente impera en los discursos oficiales de los gobiernos e instituciones internacionales (Ratha, 2003).

En los últimos años ha surgido una tercera vía de análisis, que replantea la relación entre remesas y desarrollo. Este enfoque crítico concibe a las remesas como un fondo salarial que es usado para el consumo y el sustento diario del hogar. No considera a las remesas como ahorro ni como inversión productiva. Las remesas no son destinadas a un fondo de inversión o ahorro, sino que son lo que equivaldría a un salario, que como una transferencia venida del exterior, aporta a paliar los efectos negativos que las economías van generando.

A la visión estructuralista le argumenta que la continuidad y constancia de las migraciones se debe a las condiciones estructurales que las originan; más que ver las migraciones como un movimiento voluntario, aduce que existe un fracaso estatal en la generación de políticas orientadas a tal fin. Mientras se muestren ausentes las alternativas internas que propicien mejores condiciones de vida, la migración ha de continuar (Canales, 2005; Canales & Armas, 2004).

Frente al planteamiento funcionalista señala que la importancia de las remesas como fondos de inversión viene dado por la ausencia de fuentes alternas, tanto de carácter público como privado (Canales, 2005). Convirtiéndose las remesas en una consecuencia, y no una solución al abandono por parte del Estado. Esta visión plantea que las remesas contribuyen a mejorar las condiciones de vida a los familiares de los migrantes, a la vez que contrarrestan el empobrecimiento momentáneo que deriva de las situaciones económicas propias del sistema neoliberal, pero no contribuye a un desarrollo macro.

Estas remesas sirven en sí para el financiamiento de consumo y reproducción material de las familias (Canales, 2005). En una gran mayoría de casos, las remesas son un escape temporal a la pobreza de las familias, no favorecen la seguridad financeira de manera definitiva. Son las transferencias monetarias un alivio a la situación de pobreza familiar, más que a la reducción de la pobreza en el país, a la vez que presentan una incidencia minúscula en la desigualdad de los ingresos, desde una visión más estructural antes que conyuntural (Barre, 2011).

Los tres enfoques presentan visiones propias del papel de las remesas y su vínculo con el desarrollo, en el presente ensayo se toma la visión crítica como el enfoque teórico de sustento para el análisis.

En una gran mayoría de casos, las remesas son un escape temporal a la pobreza de las familias, no favorecen la seguridad financeira de manera definitiva.

Remesas y desarrollo en el país de la eterna primavera

Como se ha anotado anteriormente, el movimiento migratorio conlleva diversos impactos en la sociedad. Tiene consigo aspectos poco favorables tales como la pérdida de capital humano, impacto en el mercado local pero que también podría verse como un potencial local en el desarrollo y progreso, si junto al Estado se aunaran esfuerzos por medio de políticas públicas destinadas a tal fin.

Guatemala cuenta con más de un millón 300 mil connacionales viviendo solamente en Estados Unidos de Norteamérica, sin contar a quienes residen en otros países, en su mayoría en situación irregular (Barahona, 2012). La encuesta de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) estima que el 97.1 de las personas guatemaltecas en el exterior se encuentra en Estados Unidos. Y la misma fuente hace notar que

La emigración internacional de las y los guatemaltecos es continua, constante y ascendente. En los últimos años, se ha incorporado a esta dinámica las poblaciones más vulnerables como niñas, niños y adolescentes, familias y mujeres. Las remesas son el vínculo directo entre la población guatemalteca en el exterior y sus familiares en las comunidades de origen. Las personas beneficiarias de las remesas tienen ingresos que les permiten cubrir la canasta básica de alimentos[…] La mayor parte de la población beneficiaria de remesas reside en los departamentos de Guatemala, Huehuetenango, San Marcos, y Quetzaltenango (OIM, 2017: 68).

En Guatemala las remesas representan una gran fuente del ingreso de divisas, colocándose incluso por encima de la exportación de productos tradicionales y el turismo. El efecto de la migración y las remesas no tiene incidencia de manera considerable en el desarrollo real del país, ya que los índices de pobreza se mantienen y no hay mejores indicadores de desarrollo humano (Barahona, 2012).

Tabla I

Guatemala: Ingreso de divisas por remesas familiares

(2011 – Julio 2017)

En miles de US $

2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017
TOTALES 4,378,032.0 4,782,728.7 5,105,189.0 5,544,097.6 6,284,977.8 7,159,967.6 4,716,553.0
Enero 283,348.1 305,090.5 357,872.2 394,193.1 407,433.9 481,961.4 587,634.1
Febrero 304,621.2 350,387.4 351,169.1 383,939.7 431,979.9 558,037.9 613,901.5
Marzo 384,120.4 402,127.6 424,053.2 459,229.1 556,476.5 622,985.5 739,817.0
Abril 371,286.6 418,968.1 451,241.2 490,683.1 503,848.9 609,311.8 639,881.2
Mayo 415,324.7 451,558.0 476,990.3 494,058.8 518,952.8 625,300.4 747,425.9
Junio 416,388.4 432,674.9 417,195.1 481,857.1 536,302.7 614,661.8 723,705.3
Julio 349,829.6 422,088.8 445,758.5 509,730.1 573,714.5 536,124.7 664,187.5
Agosto 409,558.4 441,401.2 456,338.7 476,792.8 527,340.1 619,225.4
Septiembre 364,782.7 365,797.8 420,684.3 458,776.3 538,353.1 607,665.2
Octubre 356,804.6 415,446.5 480,044.3 500,533.1 583,763.7 605,940.4
Noviembre 343,499.2 367,955.4 376,589.2 398,283.1 508,664.7 600,341.2
Diciembre 378,468.1 409,232.5 447,252.9 496,021.3 598,147.0 678,411.9

Fuente: Banco de Guatemala (2017, página web).

 

Los resultados de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi 2016) revelan que la pobreza extrema se hizo más profunda, pasando de 15.7 por ciento a un 23.4 por ciento, en el período que va de 2000 al 2014; lo mismo cabe decir para la pobreza, que registró un aumento de casi 3 puntos porcentuales, al pasar de 56.4 por ciento al 59.3 por ciento. El dinero recibido de las remesas se utiliza para la sobrevivencia diaria, no ofreciendo capacidad para incrementar ese ingreso obtenido por medio de la inversión y multiplicación de capital.

El informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo de 2013 coloca al país en el puesto 128 con un Índice de Desarrollo Humano de valor 0,627, situándolo por debajo de la media regional de América Latina. Según de la Torre Ávila (2009) de las remesas recibidas, un 68% va a gasto diario y un 32% a inversiones[2]. Estas deben cumplir un objetivo claro, que es el de solventar necesidades básicas.

El favorecer mecanismos de ahorro e inversión es una tarea pendiente por parte de las instituciones del Estado, principalmente. La existencia de políticas públicas que faciliten y ayuden a incrementar el capital inicial, podría ser un buen inicio, todo con fines de beneficio a quienes más lo necesiten y busquen emprender alguna iniciativa. El Estado es quien debe articular las políticas económicas, tomando en consideración a todos los sectores interesados. Salir del subdesarrollo no es una realidad que se ha de resolver con la acción de migrar y el envío de remesas, sino con políticas públicas enfocadas al desarrollo en sí, entre otras acciones.

El incremento de remesas no es sinónimo de más desarrollo, sino de más paliativos inmediatos para afrontar las dificultades económicas. Para que tengan un mayor impacto, las remesas deberían ser menos utilizadas en la satisfacción de necesidades básicas y más en inversiones de actividades que conduzcan a la productividad, pero los escenarios de pobreza pintan una realidad distinta, en donde esos recursos llegados del exterior se utilizan para la subsistencia diaria.

Las remesas no son una efectiva solución, tampoco son una opción de larga durabilidad, puesto que en cualquier momento puede regresar deportado quien las envía. Las remesas representan un escape temporal a quienes la reciben, pero no conlleva el afianzamiento de una seguridad financiera de manera definitiva (Barre, 2011).

Salir del subdesarrollo no es una realidad que se ha de resolver con la acción de migrar y el envío de remesas, sino con políticas públicas enfocadas al desarrollo en sí, entre otras acciones.

Reflexión final

Las remesas resuelven y ayudan a la satisfacción de algunas necesidades primarias tales como las de alimento, pago de alquiler de vivienda, calzado y comida, entre otras. Pero no representan un incremento en el ingreso percibido como para favorecer el crecimiento económico y la apertura de nuevas fuentes de ingreso familiar o personal. Los enfoques tratados en el presente trabajo, aducen distintas ópticas de abordaje. Tanto el enfoque estructuralista como el funcionalista, han estado presentes en la interpretación de distintas instituciones gubernamentales y no gubernamentales.

El incremento de remesas no denota mejoras al nivel de desarrollo nacional, puesto que los índices de pobreza se mantienen aún más profundos; su aumento no favorece la reducción de personas viviendo por debajo de la línea de la pobreza, ni la mejora en los índices de desarrollo humano, es decir no hay una clara incidencia a la baja en los niveles de desigualdad y pobreza.

El acceso a los recursos básicos mejorará en la medida que el Estado procure un mejor establecimiento de políticas públicas de carácter económico, social, educativo y cultural, que permitan la permanencia de los guatemaltecos en su país y favorezcan el mercado local-nacional con mano de obra e inversión, tanto pública como privada.

Los cientos de miles de guatemaltecas y guatemaltecos residiendo en el extranjero, aportadores de remesas a sus familiares residentes en el país de origen, favorecen el sostenimiento diario y con ello también contribuyen a una visión cortoplacista del vivir. Teniendo lo del diario para llegar a fin de mes, y asegurados los atuendos que con ingresos percibidos en el país se hace difícil obtener (tanto por los bajos ingresos como por la oferta de muchos artículos importados con precios de primer mundo), las remesas permiten aumentar el consumo de bienes importados, desfavoreciendo así la producción local y, por ende, no contribuyen a la generación de empleo.

Referencias bibliográficas

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[1] Becario investigador OEA-GCUB 2015; inscrito en el programa de. (UFSCar), SP

[2] Llega a esta premisa después de haber estudiado lo concerniente a migración y desarrollo en América Latina, pero más específico en Bolivia.

Fuente: [Revista Análisis de la Realidad Nacional, edición 125]

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