Mes: julio 2010

Es algo como la muerte misma, de Julio Rafael Morales Alvarez

Como si fuera la guerra o el linchamiento planeado, o el mismo infierno en las cárceles del mundo. Algo peor que cuando la tinta mancha tu camisa de fiesta y en domingo, fue imposible reconciliarte con el ser amado y te quedás sin corriente ni internet por falta de pago… por la pobreza inventada en un salón de la tierra, que apestaba a humos de codicia. Es una gran mancha en el mar y en las miles de millones de algas del mar. En  los peces del mar, los corales del mar, en las costas marinas. Una mácula química que ha cegado la vista de los cien mil trillones de ojitos  del mar. Del mar del golfo, del mar de México, del mar de Norteamérica, del mar del mundo. Con oro y uranio pretenden compensar un daño irreparable. Pues una parte del mundo se perdió,  por 20 acciones y administraciones… el poder. Como si tuvieran pulmonía y en ves de un fármaco les inyectaran cientos de galones de un líquido de mierda, de un líquido de fábrica, de un líquido inflamante. Aconsejaron a la compañía revisar  las  amarras, los tornillos, los conductos. El ahorro de costos del mantenimiento sirvió para que el petróleo asfixiara una parte del  mar iluminado, el mar conocido, y una parte de su nocturno eterno. Es rabia, y es un grito de amor hacia la...

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Mi padre espiritual, de Mario René Matute

Diciembre por las calles alegres, en el parque Central el hipnótico retozo de juegos fatuos. Me encanta atisbar a la multitud desde la incomparable y potente elevación que me ofrecen los hombros de mi padre.

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En un mundo siniestro, de Oxwell L’bu

Se imagina usted un día despertar y encontrarse con un mundo donde las llaves del agua abren o cierran al lado contrario, donde los tornillos en vez de apretarse se aflojan, encontrar su guitarra con las cuerdas en diferente posición, darse cuenta que las herramientas son complicadas y al usarlas le hacen ver torpe, que los pupitres tienen el apoyo para su brazo al revés, sentarse a la mesa para comer y darse cuenta que estorba y le estorban con los codos cuando alza la cuchara para tomar la sopa.

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Poesía, poemas, poetas. Carlos López.

Al tratar de encontrar una respuesta a la duda qué es la poesía, en lugar de obtener una contestación las preguntas se multiplican: ¿quiénes son los poetas?, ¿de qué están hechos los poemas?, ¿qué es el lenguaje?, ¿qué son las palabras? Lo que llamamos poesía es un entramado difícil de esclarecer, pero quizá la poesía no quiera aclararse a sí misma o tal vez allí quepan todas las revelaciones —«La poesía sólo sabe hacer preguntas y sentir miedo»: Juan Gelman—. En uno de sus aforismos, Karl Kraus afirma: «Artista es sólo aquel que puede convertir la solución en un enigma». De la misma manera, la poesía, como el artista, defiende su enigma, su incertidumbre. En «L’art romantique», Charles Baudelaire escribió: «La poesía no tiene más objeto que ella misma. Su fin no es la verdad, sino ella misma». Como dice Luis Cardoza y Aragón, «la poesía no piensa, no explica, no tiene certidumbres ni dudas, no demuestra: su carga de lucidez e inteligencia es inseparable de su condición formal. Imaginación y sensibilidad. La poesía no quiere ser. Es».

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Diccionario Dixio

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